Claroscuros del proyecto Parque Cancún

Impacto Ambiental | Juan José Morales
Por Esto! de Quintana Roo

Anteayer miércoles se presentó, en una muy concurrida reunión informativa organizada por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, la Conanp, el proyecto del Parque Cancún, que según los planes se construirá sobre dos áreas contiguas que forman parte del Área Natural Protegida Sistema Lagunar Nichupté. Las dos áreas suman en conjunto 243 hectáreas. De ellas, una, de 107 hectáreas, se dejará prácticamente intocada. En poco más de la quinta parte de la otra se construirán diversas instalaciones para deporte, recreación y esparcimiento, así como oficinas de organismos gubernamentales relacionados con el medio ambiente.

Por falta de espacio no podremos entrar en detalles sobre el proyecto, que a nuestro juicio —y de otras personas— puede recibir muy buenas calificaciones por cuanto toma en cuenta no sólo el objetivo de proteger y conservar al máximo posible el medio ambiente natural, sino también diversos factores sociales y dará a la población de Cancún una gran área verde, debidamente acondicionada, que contribuirá a paliar la falta de esos espacios, de los que —como ya señalamos en varias ocasiones—, la ciudad cuenta con sólo 2.4 metros cuadrados por habitante, o sea apenas la cuarta o quinta parte de lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

Pero hay todavía puntos oscuros que deben ser aclarados. El primero de ellos es el hecho de que el parque lo manejará, mediante un fideicomiso, un patronato formado exclusivamente por empresarios, con total exclusión de las instituciones educativas y científicas y la sociedad civil en general. Los nombres de los integrantes de ese patronato no han sido revelados pero al parecer son los mismos —o casi— de aquellos a quienes originalmente se entregaron los terrenos para el llamado Ecopark, luego rebautizado Ecoparque, un proyecto que fue abandonado por las dificultades que ofrecía el terreno inundable y se modificó para convertirse en el del Parque Cancún. No pocos de esos hombres de negocios han sido severamente criticados como causantes de daños al medio ambiente.

Otro motivo de preocupación expresado durante la reunión del miércoles es que en el contrato original de fideicomiso se estipula que éste no está obligado a rendir cuentas. Por desgracia, los fideicomisos tienen muy mala fama en México, ya que durante décadas han servido al gobierno para ocultar el manejo de dinero, ya que los fondos públicos que se canalizan a través de ellos dejan de tener el carácter de recursos públicos de los cuales el gobierno está obligado a rendir cuentas y permitir que sean sometidos a auditoría, y pasan a ser fondos amparados por el secreto fiduciario y bancario.

Otro, y no menos importante motivo de preocupación, es que no se tienen garantías claras, firmes y convincentes de que esos terrenos no podrán ser posteriormente transferidos a particulares o sujetos a cambios de uso de suelo que permitan construir ahí edificios de oficinas, viviendas y comercios y se vuelvan objeto de especulación inmobiliaria, o que el parque se llene de concesiones a grandes empresas.

También por desgracia, la historia de Cancún está llena de ejemplos de cómo ayuntamientos corruptos hacen cambios de uso de suelo de la noche a la mañana. Está también la historia de Cancún llena de ejemplos de bienes públicos concesionados en términos leoninos a empresarios influyentes y de terrenos vendidos a precio de ganga o —peor aún— entregados gratuitamente a particulares. Ejemplos: la concesión del servicio de agua potable de Cancún a una transnacional durante el gobierno de Mario Villanueva, la entrega de una considerable porción del Ombligo Verde y una buena cantidad de terrenos urbanos —incluso amplios sectores de parques públicos— a los Legionarios de Cristo, o la concesión del Centro de Convenciones, que el gobierno de Joaquín Hendricks cedió a su empresario favorito, Isaac Hamui.

Ante tantos y tan preocupantes antecedentes, lo más conveniente sería, para tranquilidad de la ciudadanía, que el manejo del Parque Cancún quede en manos de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, no de un fideicomiso controlado por particulares, y que el patronato no intervenga en el manejo del parque sino se limite a apoyarlo aportándole recursos para su mejoramiento y mantenimiento.

Un modelo de este tipo de colaboración es el de la Reserva de la Biósfera de Sian Ka’an —manejada por la Conanp— y Amigos de Sian Ka’an, asociación civil que, sin interferir en el manejo de la reserva ni en su administración, durante más de 25 años la ha respaldado con la obtención de fondos para diversos proyectos y con un amplio programa de investigaciones científicas.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

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