Acoso a periodistas: una realidad en Quintana Roo

Juan Juárez Mauss

La muerte de Javier Valdez Cárdenas, periodista de Sinaloa, ha traído la condena de la sociedad en general, pero en especial de políticos y funcionarios gubernamentales en medios extranjeros y nacionales. Quintana Roo no fue la excepción, una veintena de trabajadores de medios informativos de la ciudad de Chetumal fueron los primeros en condenar las agresiones de sus compañeros en el país, luego le siguieron otros en el norte de la geografía local.

Pero a nadie se le recordó que en Quintana Roo el acoso a los periodistas es latente. Eso lo pueden atestiguar los compañeros que cubren la fuente policíaca, quienes cada vez que agentes ministeriales o de las policías estatales o municipales quieren ocultar hechos de sangre en las calles, agreden a fotógrafos, camarógrafos y reporteros que solo cumplen con su deber de informar a la opinión pública y cumplir con su trabajo.

Las agresiones no tienen que llegar hasta la muerte de un compañero a manos de criminales o de la propia autoridad, suficientes deben de ser las amenazas verbales o físicas para que la autoridad correspondiente actúe. No basta salir en los mismos medios de comunicación condenando los hechos, hay que actuar, castigar a los infractores, quien quiera que sea, grande o chico.

Estas últimas palabras me traen a la mente y me llama a reflexionar sobre aquella demanda interpuesta ante la Comisión Estatal de los Derechos Humanos por el periodista Benjamín Pat Chable en contra del diputado José Esquivel Vargas, querella interpuesta desde el 17 de marzo por amenazas. Bastó una explicación de los miembros de la legislatura a la Comisión para terminar con el tema, vamos, un golpecito en la mano del diputado y todo en santa paz.

No es la acción del legislador lo que me llama a escribir estas líneas, es el constante abuso de autoridades en contra de los representantes de los medios informativos lo que me impulsa a hacer un enérgico llamado a un castigo mayor a los infractores.

Quintana Roo es hasta hoy un sitio “seguro” para ejercer esta noble profesión, pero en un futuro puede no serlo, si se sigue dejando que aquellas personas que no están de acuerdo con lo que realizamos puedan agredirnos física y verbalmente. ¿Acaso esperan que carguemos un ataúd con el cuerpo de un compañero para empezar a actuar con mayor dureza contra estos acosadores? Espero que no, pero esto solo no los revelará el tiempo.

No pedimos que se nos ponga a disposición un policía por cada periodista, pues la seguridad debe de ser para todos los quintanarroenses sin distingo, exigimos mayor castigo para los que sin razón alguna y por el hecho de consignar su mal trabajo, tratan de acallarnos.

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