¿Adónde va el dinero… adónde?

Ya basta de misteriosos e insondables métodos para la administración y “reinversión” del impuesto hotelero, que se supone deben de tener un destino concreto
 
 
Elder Vega Martínez
Twitter: @eldervega
 
 
Contrariedad.
 
O disgusto —para poner mejor los puntos sobre las íes—, es el que se percibe en el sector hotelero de numerosos Estados  —precisamente en fechas que supuestamente deben de ser de alegría, felicidad, paz y esperanza—, por el proyecto de elevar hasta en 4% el impuesto al hospedaje, como en Quintana Roo, o de reimplantar  el gravamen —del 2 %—, como acaba de ocurrir en Veracruz.
En el Estado de México, en tanto, se habla de un alza similar, y en Jalisco, el Gobierno estatal ha apresurado a sus legisladores a “ponerse las pilas” (sic) para que esa tasa turística sea ya del 3%.
 
En contraste, se exige en Morelos que el gravamen se suspenda de manera total, y no sólo para centros de hospedaje de algunos sitios.
 
El descontento coincide con un clima semejante en España, específicamente en Islas Baleares, donde se duplicó la tasa turística —allí se llama impuesto al hospedaje.
 
Tal decisión mereció el calificativo de “error profundo” por parte de la fracción parlamentaria del Partido Popular, de corte conservador.
 
La razón: Se afecta la competitividad del destino mientras otros “están despertando” y, por ende, se favorece a estos últimos, al ser ya más baratos para el turismo inglés.
 
En el país ibérico, a diferencia de México, la administración y aplicación del impuesto al hospedaje en beneficio de la propia industria sin chimeneas no es motivo de sospechas.
 
Un foro digital especializado en impuestos, banca y finanzas —“Rankia”—, dio a conocer en su momento que:
 
—“El gran problema del gasto en la promoción del turismo de México es que la administración de los recursos es oscura y no hay manera de medir su eficacia”.
 
“De hecho —recuerda—, hace unos 10 años se decía que los turistas europeos que visitaban México lo hacían por los programas de promoción en sus respectivos países y no porque el Gobierno mexicano hiciera publicidad efectiva en el Viejo Continente”.
 
–Además, los propios especialistas reportaron que “de cada tres pesos que se recaudan por impuesto al  hospedaje, dos se utilizan para la promoción mientras que el resto del dinero (poco más de 33%) nunca se sabe a dónde va a parar”.
 
–Y concluyen: “Este último punto es el que tiene molestos a empresarios del ramo, pues han dicho que sospechan que el dinero que pagan sus clientes y ellos cobran no necesariamente se destina a promoción y desarrollo del sector, y más bien se utiliza para “actividades políticas que no desarrollan ni benefician a la industria turística”.
 
Este sentimiento de enojo de los hoteleros que pagan el impuesto del ramo data desde hace 22 años. Se remonta a 1995, cuando empezó a aplicarse el gravamen. Y la irritación de moda se focaliza en orden de importancia, por su grado de intensidad, en Quintana Roo y Veracruz.
 
Las causas y razones expuestas por los hoteleros son las siguientes:
 
1. Pocos gobiernos como el del Estado de México suelen consultar y cabildear la decisión de incrementar el impuesto hotelero.
 
2. Una nueva contribución para los que visitan los destinos es una señal errónea para el mercado turístico en general, cuando tienen como propósito incrementar su participación en el mercado y superar anualmente las cifras en captación de visitantes.
 
3. Es al mercado nacional de turistas al que se carga más la mano al tener que pagar de 18% a 20% de impuestos, considerando el 16% del IVA.
 
4. El mercado internacional de turistas, a su vez, es altamente sensible a las variaciones en los precios del hospedaje, por lo que un incremento en este renglón puede afectar la competitividad respecto a otros países del Caribe.
 
En este contexto el problema estriba —a decir del presidente del Consejo Nacional Empresarial Turístico, Pablo Azcárraga Andrade—, en que se trata de un impuesto estatal “y como cada Estado es libre y soberano, ello frecuentemente se traduce en que hacen” con el gravamen en cuestión “lo que soberanamente le da a cada uno la gana”.
 
“Hay Estados que lo aplican con rigor y transparencia (Baja California Sur y Guanajuato, por ejemplo), pero son los menos.
 
“En la mayoría de los casos las secretarías de Finanzas los administran de acuerdo con las indicaciones del Gobernador”, fustigó el también director general del grupo hotelero Posadas durante la inauguración de un foro nacional de turismo.
 
En el caso de los destinos del Caribe mexicano, la Asociación de Hoteles de Cancún, liderada por Carlos Gosselin Maurel, y su homóloga en la Riviera Maya, con Jean Agarrista Marfin, coincidieron en rechazar el aumento al 4% en el impuesto al hospedaje.
 
En el mismo tenor reaccionó, con efecto retardado, la Asociación de Hoteles y Moteles del Sur quintanarroense, presidida por Deborah Angulo Villanueva, quien planteó que “para hacer crecer nuestro turismo” es fundamental el “consenso entre los sectores privado y público”, porque “las decisiones unilaterales no son siempre las mejores”.
 
El argumento para incrementar el gravamen en Quintana Roo es la necesidad de apuntalar con el 1% adicional “los proyectos de gran tamaño” que se tienen en materia de seguridad en los sitios turísticos del Estado,  entre los cuales se habla de la creación de una especie de “Ciudad Militar” en Cancún, donde las ejecuciones están a la orden del día y suman ya más de 200 en el presente año.
 
Ahora bien, una pregunta obligada: ¿Serán suficientes los 400 o 600 millones de pesos que se recaudarán con tal aumento para tan siquiera contener al crimen organizado en los destinos del Caribe mexicano?
 
Al respecto, hay antecedentes de supuestas inversiones millonarias que no han servido de nada porque no se cuenta ni con lo indispensable —como una efectiva red de inteligencia—, para empezar a combatir al crimen organizado.
 
El más sincero de nuestros deseos es que se llegue a un acuerdo de consenso, y que esto se traduzca en la total transparencia del uso de ciertos recursos.
 
Ya basta de misteriosos e insondables métodos para la administración de recursos con un destino concreto.
 
Y también evitar las falsas promesas, porque ponerle precio al éxito en el combate al crimen organizado. es muy arriesgado a estas alturas.
 
Se necesita más, pero mucho más que una “Ciudad Militar”, para librar a las joyas del turismo quintanarroense del flagelo de la violencia, a reserva de lo que usted, gentil y atento lector, pueda opinar.

… Punto.

 

Hasta la próxima, con el favor del Gran Arquitecto del Universo.

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