¿Alguien se acuerda del Itaipqroo?

Tiro libre
Anwar Moguel

Cuenta la leyenda que en Quintana Roo existe un instituto que se encarga de garantizar la transparencia y el acceso a la información pública de los distintos organismos que conforman el gobierno estatal. Algunos dicen que en ese instituto, se puede ver deambulando de vez en cuando una tercia de consejeros con sueldos de ensueño por ser –en teoría- los vigilantes que mantienen abierta la puerta de la información al ciudadano común.

Y aunque los rumores de su existencia son muchos, siendo la evidencia más incontrovertible el hecho de que aparece en el presupuesto de egresos del 2014 en el estado con una nada despreciable suma de 22 millones 686 mil pesos para gastar, para los ciudadanos sigue siendo difícil de creer que este organismo sea real.

Es un ente etéreo dentro de las instituciones gubernamentales; un fantasma soso y pesado que aparece en público muy esporádicamente; una inútil concentración de ectoplasma burocrático que en nada aporta a la sociedad.

Y es que el Itaipqroo desde su creación nunca ha cumplido sus funciones como es debido, manteniendo un sesgo con la ciudadanía y propiciando la opacidad con que se manejan la mayoría de las instituciones gubernamentales, al formar parte del mismo sistema.

Tanto el presidente José Orlando Espinosa Rodríguez, hasta las consejeras Cintia de la Torre Villanueva y Nayeli Lizarraga Ballote, quienes ostentan el falso título de “consejeros ciudadanos”, fueron impuestos en el instituto gracias al compadrazgo y cercanía con la gente en el poder.

De hecho la labor de la tercia de consejeros fantasmales es tan mala que Quintana Roo está entre las 10 entidades menos transparentes de México, según datos de la organización Article 19 y de México Infórmate.

Y eso a pesar de las cifras maquilladas que ha manejado el consejero presidente Orlando Espinosa, quien ha presumido públicamente que en el estado ha crecido la cultura de las solicitudes y revisiones de información, cosa que es una total mentira pues los pocos ciudadanos que se han atrevido a pedir su intervención se han encontrado con un vía crucis legaloide diseñado para cansar al solicitante y hacerlo desistir de su empeño por conseguir los datos. Esto lo digo por experiencia propia.

Con un simple paseo por la página de internet del Itaipqroo –cuando funciona, porque este fin de semana estuvo fuera de línea- cualquiera puede comprobar el alto grado de ineficiencia del Instituto pues los recursos atendidos y solucionados a favor de los ciudadanos se pueden contar con los dedos de las manos, a un costo increíblemente alto para el erario público. ¡Vaya que nos sale caro mantener a esos espectros de la burocracia!

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