En busca del voto perdido. Abstencionismo en Quintana Roo 2019

Roger Peraza Tamayo
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El pasado 2 de junio los quintanarroenses acudieron a las urnas para elegir 25 diputados y así renovar el poder legislativo del estado. Independientemente de los resultados, la escasa participación ciudadana ha llamado la atención de propios y extraños, el 77.9% de los electores se abstuvieron de emitir su sufragio y con ello evidenciaron a un sistema político electoral en crisis.

Es notorio el descenso del abstencionismo cuando se elige al gobernador del estado y mucho más cuando es al presidente de la república; en el 2016 que se renovó el ejecutivo estatal el abstencionismo fue de 45.9%; en el 2018 para la elección presidencial se abstuvo el 33.6% de los electores, se demuestra la importancia que la ciudadanía le da a éstas elecciones.

Revisemos los datos del abstencionismo de las tres últimas elecciones intermedias (donde no se eligen poderes ejecutivos): en el 2013 se votó para elegir ayuntamientos y congreso local se abstuvo el 50.4%, en la elección del 2015 donde se eligieron diputados federales fue el 61.4% y en la reciente elección del 2019 se abstuvieron el 77.9% de los que tenían derecho  ejercer su voto.

CRISIS DE LA POLITICA

Hoy en día la política y los políticos han tocado fondo, la ciudadanía los asocia con antivalores como la mentira, ambición, prepotencia y corrupción, la gente percibe que todos son iguales, sea cual fuere su partido e ideología.

El desprestigio que hoy goza la actividad política tiene sus raíces en nuestra historia: el enfrentamiento entre peninsulares y criollos en la sociedad colonial estamental supeditada a las decisiones de un monarca interesado solamente en el control y el saqueo de nuestras riquezas; la pugna conservadora liberal que permeó todo el siglo XIX; la sociedad elitista porfiriana que vinculó la política con los negocios; La Revolución Mexicana creó una clase política que impulsó el centralismo y clientelismo para el control de las masas, usando la figura del partido hegemónico.

Hay quienes señalan que no hay remedio, “que como México no hay dos”, sin embargo, es imperativo replantear la política como una actividad que busca el bien común y la organización democrática de la sociedad.

EN BUSCA DEL VOTO PERDIDO

La crisis de credibilidad de la política y los políticos se refleja en la ausencia ciudadana en las urnas poniendo en riesgo la legitimidad de las instituciones de representación popular.

La filosofía de gobierno que impulsa a Andrés Manuel López Obrador en todo el país, puede redimensionar el papel de la política y los políticos, acabando con la corrupción, la ostentación y el despilfarro. El Senado de la República aprobó la Ley Federal de Austeridad Republicana, instrumento de la cuarta transformación para optimizar recursos y eficientar su gestión, con ello se pretende cumplir una máxima del lopezobradorismo: “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”.

La política no puede estar desprovista de valores y principios a riesgo de perder la confianza de la sociedad, hay mucho por hacer, pero se atisba la posibilidad de una refundación de la práctica política, tal vez con ello, dejemos de buscar en las urnas semivacías: los votos perdidos.

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