Carreteras, vías férreas y fauna silvestre

IMPACTO AMBIENTAL

 Carreteras, vías férreas y fauna silvestre

 Juan José Morales

El anuncio de la construcción del ferrocarril de Mérida a Playa del Carmen —o a Cancún, si es que se modifica el trazo elegido—, ha puesto de manifiesto un problema que ya mencionamos algunas veces en esta columna: la fragmentación del hábitat de la fauna, en especial de los grandes mamíferos.

jaguar

Afortunadamente, en la península tenemos todavía poblaciones importantes de grandes y medianos animales, como jaguar, tapir, venado cola blanca, venado yuk o temazate, jabalí, etc. Pero esas poblaciones no forman un todo continuo, sino que están fragmentadas debido a la existencia de carreteras que actúan como barreras que dificultan o impiden su libre desplazamiento. Este efecto de separación es más acentuado —aunque pueda parecer paradójico— en el caso de las carreteras libres que en el de las de cuota o autopistas, aunque éstas se encuentran flanqueadas por alambradas.

Lo que ocurre con las carreteras libres, es que a lo largo de ellas existe una sucesión casi continua de caseríos, poblados grandes o medianos, ranchos, pequeños negocios y otros sitios habitados, que los animales rehúyen instintivamente o al aproximarse a los cuales se ven expuestos a ser cazados. Sobre todo si se trata de animales apreciados por su carne, como el venado, o por su piel, como el jaguar y el ocelote.

Y, desde luego, la fauna menor —conejos, pisotes, armadillos, serpientes, tortugas, tepescuintles, zorrillos, etc.—, aun cuando no sea objeto de cacería, corre peligro de ser arrollada por los vehículos al intentar cruzar las carreteras.

Así, se han conformado algunas grandes áreas aisladas en las cuales la fauna mayor se mantiene confinada por las carreteras. El norte de Quintana Roo es una de ellas. Ahí existe, por ejemplo, una importante población de jaguares que no pueden desplazarse hacia el sur porque se lo impide ese par de obstáculos paralelos que son la autopista y la carretera federal de Cancún a Valladolid.

De manera similar, en el noroeste de la península, en la región de Los Petenes y las reservas de Celestún y El Palmar, así como en las áreas adyacentes, se ha identificado otra nutrida población de jaguares para la que la carretera Mérida-Campeche, con su rosario de poblaciones, resulta un obstáculo prácticamente infranqueable. Hay también en la reserva de Sian Ka’an jaguares aprisionados por el incesante tránsito de vehículos en la vía Cancún-Chetumal. Y así por el estilo. En diferentes zonas de la península, la apertura de caminos ha ido creando una especie de islas de fauna.

A primera vista, esto no parece un problema. Pero sí lo es, por cuanto esas barreras a su libre desplazamiento impiden que las diferentes poblaciones de animales se mezclen entre sí. No hay por lo tanto un adecuado intercambio de genes, sino que ocurren repetidos apareamientos entre animales emparentados, y ello conduce al empobrecimiento y deterioro genético.

Por eso los expertos recomiendan que al proyectar y construir los caminos y las vías férreas, se establezcan pasos adecuados, tanto inferiores como superiores, para permitir el paso de animales de todos tamaños. Por desgracia, como eso significa cierto incremento en los costos de construcción, las compañías contratistas no se preocupan por hacerlo. Ni tampoco las autoridades lo han establecido como exigencia en las normas de construcción. Es sólo ahora, en algunos casos, cuando se empieza a atender el problema.

Como decíamos, el ferrocarril transpeninsular puede convertirse en otra barrera para la fauna que vendría a empeorar el problema. Pero estamos todavía a tiempo —muy a tiempo— para evitar que tal cosa ocurra.

Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Lunes 24 de febrero 2014

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

3 comentarios

  1. Lo más importante es conservar las zonas con mejor grado de conservación que actualmente están en la zona y en caso de que se autorice la construcción del tren u otra carretera se busque ocasionar la menor afectación posible e inclusive condicionar algún beneficio para mejorar la conectividad de la fauna, esto a su vez de un programa de restauración ecológica y/o una reforestación para conectar zonas fragmentadas.

    Además de la relevancia de considerar la construcción de pasos de fauna considerando la etología de cada especie para poder determinar el diseño y ubicación más apropiada.

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