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¡Como hemos cambiado!

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“Estudia y tendrás un buen trabajo”, decían a sus hijos los papás de antes.

Hoy, los progenitores les dicen a sus vástagos: “Pégate al político más prominente y nos irá bien a toda la familia”.

Y todo porque antes, de veras, si estudiabas, si te enamorabas de la escuela, si idolatrabas a tu maestro, al final la recompensa era segura: un buen trabajo te esperaba.

Antes, en aquellos buenos tiempos cuando aplicarse y ponerle dedicación a los estudios era preludio inminente de un futuro laboral de enormes magnitudes, los papás lo único que tenían que hacer era andar detrás del chamaco, ojo al parche, para evitar que cualquier descuido echara por la borda los estudios. Era estar pendiente de que hiciera las tareas, de que cuando saliera a la calle anduviera en buenas con buenas compañías y de que cuando fuera a la escuela estuviera bien aseado, bien vestido y llevara una manzana para el maestro, obsequio muy frecuente en aquellos días.

La vida ha cambiado tanto, que ahora, si le llevas una manzana al maestro, te quedará viendo con cara de sospecha y luego, cuando te descuides, la tirará irremediablemente a la basura, temiendo que estés intentando envenenarlo.

Pues bien, en aquellos gloriosos días, si no estudiabas, te amolabas. Llegado el momento tendrías trabajo indudablemente, sin embargo no sería tan bien remunerado, ni sería de esas chambas de las que puedes ir presumiendo con cualquiera. No de esos trabajos de los cuales los padres, inflando el pecho, pudieran haber dicho: “Estamos orgullosos del muchacho”.

Y es que, de veras, el ser un buen estudiante era sinónimo de un futuro esplendoroso. Ser un alumno de excepción, de los que siempre encabezaban a los alumnos más destacados, a los llamados “cerebritos”, era un síntoma irrefutable de que la vida te sonreiría cuando tuvieras tu título y la cédula profesional que acreditaba tus estudios.

Para un padre, un hijo aplicado en los estudios era una verdadera joya que tenía entre las manos. Un diamante al que había que pulir para que a la larga, ya graduado, viniera la tan justa recompensa: un trabajo de primer nivel muy bien remunerado.

En aquellos esplendorosos años, lo último que un padre le recomendaba a un hijo, era que se metiera a la política. Al contrario, cuando algún chamaco daba visos de que la polaca era lo suyo, de inmediato el papá, alarmado, le sentenciaba: “No me decepciones. Dedícate a los estudios, que por eso me parto el lomo en el trabajo para que tú no carezcas de nada mientras acudes a la escuela”.

Y entonces, cuando el muchacho obedecía al progenitor y se alejaba de la “grilla” estudiantil, el comentario era: “es un buen muchacho, razona, ha sentado cabeza”. Cuando sucedía lo contrario, cuando el chico se dedicaba más a la política que a los estudios, la deducción del padre era catastrófica: “pobre mi hijo, es una de mis ramas que creció torcida”.

La vida, en ese sentido, hoy ha dado un vuelco de 180 grados. Hoy los estudios no son tan apreciados. Puede usted notarlo con tanto universitario que anda manejando un taxi o vendiendo chucherías en la calle. Con tanto muchacho titulado que se acuesta y se levanta soñando con encontrar un empleo. Ya no digamos de primer nivel, ya no digamos bien pagado, ya no digamos que esté acorde a lo que estudiaron. Se sentirían satisfechos de encontrar un trabajo, el que sea, el que les permita ya no sentir ardor en los cachetes –síntoma de vergüenza-, cuando alguien les pregunta: “¿En qué lugar trabajas?”.

De ahí que ahora los padres, muy atinadamente, ya no le recomienden a sus hijos tanto estudio, sino simplemente hacer migas con gente importante. Con políticos que puedan allanarles todos los caminos. A fin de cuentas, hoy –qué desgracia-, la amistad vale más que los estudios.

Colis2005@yahoo.com.mx

Un comentario

  1. Desgraciadamente esto es cierto y se lo debemos a estos políticos que nos representan políticos mediocres, antes nuestros representantes populares salían del pueblo y luchaban un poco por el pueblo, es cierto se enriquecían pero dejaban al pueblo medio contento, pero hoy quienes nos representan los hijos de políticos estos ya no salieron del pueblo si no que como papi les recomendó ya sienten que no le deben nada al pueblo y todo se lo deben a su papi o a su padrino político y es por eso que no hay mejoras para la ciudadanía en general, que les importa el pueblo, ellos harán lo que les indiquen sus jefes de partido si quieres seguir en el poder y si no pues tendrás que buscar chamba fuera de la política y se van por la más fácil son simple “LEVANTA DEDOS” pero eso si haciendo jugosos negocios a costa de todos nosotros el pueblo, la óptica es ahora la peor mafia que pueda existir ya que ahí robas a manos llenas con el conocimiento que sí repartes jamás se te castigara, México es un país donde los únicos ricos son los políticos

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