Con la vara que midas…

DEL DICHO AL HECHO

Ernesto Neveu
Novedades Chetumal

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Quedó comprobado que en el sector público no se mide a todos los trabajadores con el mismo rasero. Caso práctico y de reciente manejo público, el empleado de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA), ventaneado en redes sociales utilizando un vehículo del organismo para una cita de motel, desfogue que le costó la chamba, según informó poco después la propia empresa paraestatal.

En ese mismo escaparate, el Facebook, mostraron otro vehículo oficial, de color rojo, aunque el responsable corrió con mejor suerte. No se aprecia a qué dependencia pertenece.

motel villacortesEl caso es que para los ciudadanos no es extraño ver vehículos oficiales de distintas dependencias y organismos rodando por las calles citadinas en fin de semana, con la familia a bordo, o entre semana a las afueras de las escuelas a la hora de entrada y de salida, estacionados frente a domicilios particulares o hasta en uno de los casinos de la zona libre beliceña, este último un vehículo del Instituto de Capacitación para el Trabajo en los días de fin de año.

Son muchos, de la Secretaría del Medio Ambiente, de la Secretaría de Desarrollo Económico, de la propia Oficialía Mayor, cuya titular, la siempre institucional Rosario Ortiz Yeladaqui, afirma en cada oportunidad, ante pregunta expresa de los reporteros sobre este abuso, que todo aquél trabajador que sea sorprendido dando un mal uso a los bienes públicos, será sancionado. Y hasta invita a la gente a que reporte el asunto a la dependencia. Pero no pasa nada.

La Ley Orgánica de la Administración Pública del Estado de Quintana Roo, aludida por la gerente general de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado, Paula González Cetina, para sancionar al trabajador que incurrió en una irresponsabilidad, parece surtir efecto solamente en los casos en que los servidores públicos son sorprendidos y ventaneados por algún ciudadano, porque eso de que “todos los vehículos oficiales, salvo los que sirven para atender alguna comisión, son concentrados los fines de semana en las oficinas gubernamentales”, no es más que palabrería.

He visto un vehículo con rótulos de Oficialía Mayor cargando gasolina en Andrés Quintana Roo con Camelias los domingos (dos seguidos) y el guiador parece más listo para ir a desayunar con la familia que para cumplir con alguna comisión.

Ya se dio el caso de otro vehículo del organismo operador de agua potable que, dicen, fue sustraído de manera fortuita, pero este terminó estampado contra la barda perimetral de la propiedad conocida como “El Mostrenco”, en la calzada Centenario.

Ya sea por descuido, omisión o complicidad, el uso de vehículos oficiales para asuntos personales, dentro o fuera de los tiempos laborales, es una práctica añeja, notoria y condenable a partir de los pomposos anuncios de austeridad y de “cinturones apretados” que tanto hemos escuchado en diferentes discursos.

La congruencia es una cualidad que la gente agradecería, sin duda, de los jerarcas de gobierno, porque el discurso es una cosa tan distinta de la práctica, que raya en la burla.

Probablemente tenga que ver el hecho de que una gran mayoría de los asalariados capitalinos se desempeña en alguna oficina de gobierno, en cualquiera de sus tres niveles, y de ahí que, “solidariamente”, no se dé la queja o denuncia por el mal uso de unidades oficiales.  Pero los encargados de “palomear” la salida de vehículos son igualmente responsables.

La medida adoptada por la CAPA en contra del empleado que incurrió en una irregularidad me parece comparable a lo sucedido con aquél gendarme a cargo de vigilar el área de la Fuente del Pescador y que, según las autoridades municipales, fue despedido luego de que una adolescente se mostrara en redes sociales sobre el reloj recién instalado.

Después de “la ejemplar sanción”, los malos ciudadanos, como los malos empleados de gobierno, seguirán infringiendo la ley, cada uno a su manera, pero siempre en menoscabo de los recursos públicos.

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