¡Cuando un amigo se va!

Uno por Uno

Ángel Ramírez
payoobisponews.com.mx
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¡Cuando un amigo se va! “Queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo”, hermosa letras de una de las melodías escritas por Alberto Cortez, que precisa el momento que me embarga.

Ayer, estando en la iglesia San Pedro y San Pablo aquí en Chetumal, en las exequias de mi amigo Cuauhtémoc Gámez Centeno, fallecido la tarde del pasado miércoles, frente a la urna que contenían sus cenizas, a un lado de su foto, con su imagen sonriente, me acordé de las decenas de tazas con café que nos deglutimos en interminables charlas matutinas.

Largas horas nos pasábamos en el Café Milagros, platicando de innumerables temas, el Cuau era una persona culta, inteligente, con la que podías conversar de una manera profunda, temas tan diversos, políticos, culturales, sociales, deportivos, incluso otros no trascedentes; pero que igual disfrutábamos en compañía.

Recordaba en la iglesia, las pláticas que sosteníamos al sabor de un buen café, Cuauhtémoc Gámez Centeno, Jorge Martínez Lugo y un servidor, sobre historia, lo mismo de Felipe Carrillo Puerto, como de Campeche, Veracruz, que de historia universal, los tres pasábamos minutos, horas, semanas, hablando, desmenuzando con entusiasmo, muchas veces abriendo debates, serios, profundos, sobre historia, argumentos que créanme, no a muchos les interesa hoy en día, sobre todo en momentos de relajación, con el Cuau se podía y disfrutaba.

Mirando su foto en pulpito, siendo su figura, centro de una ceremonia religiosa, soné aquellas charlas en las que hablamos de Dios, particularmente en su relación con la muerte, lo que vendría después de ella. Mi amigo no era creyente de esos temas, decía que cuando uno muere, se cae el telón y se acaba todo, no había más.

No obstante, me permitía hablar sobre mi creencia en Dios, me escuchaba con respeto y a veces sentía que hasta con interés, esa era mi percepción en el momento, yo intentaba convencerlo en la existencia de un ser supremo, divino, que nos dejó la promesa de vida eterna.

Con atención escuchaba, cuando yo le decía, que a mi muerte, me encantaría y eso espero, ser recibido por mi padre y muchos otros familiares que se me han adelantado en el camino, solo me decía que sería maravilloso, no sé si convencido o solo por seguirme la corriente, quiero pensar que convencido.

Ayer, al ver a su esposa e hijos sufrir por su partida y ausencia, pensé que, sería maravilloso para Alida, Vania y Zayet encontrarse de nuevo con su esposo, padre, y en general con ese gran ser humano que fue mi amigo, durante el tiempo que estuvo en este mundo terrenal; pues supo construir una hermosa familia, con honestidad, respeto y lealtad,  así como innumerables amigos.

Mientras eso sucede, evoco letras de una hermosa melodía escrita por Alberto Cortez, “Cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido, la que ilumina el lugar, donde hay un niño dormido, Cuando un amigo se va se detienen los caminos y se empieza a rebelar, el duende manso del vino”.

Sería maravilloso mi Cuau, cuando llegue el momento, en otra dimensión, volvernos a encontrar y a retomar esas grandes pláticas, suspirando y degustando el aroma de un buen café.

Normalmente esta columna, tú la estarías recibiendo para publicarla en el portal de noticias que atinadamente dirigías, hoy ya no estás ahí, solo tu recuerdo, hasta luego amigo.

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