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¡Por dios, que nos digan cómo!

Por Elder Vega Martínez

Email: elderalbertovega@gmail.com
Twitter: @eldervega

Incierta.

Robusta en infamias y anémica en propuestas se avizora la inminente campaña electoral 2018 en México, prevista del 30 de marzo al 27 de junio.

Es tan vergonzoso presenciar lo que está sucediendo en los prolegómenos, que ya quisiéramos condenar y hasta blasfemar desde ahora, a escasos tres días del arranque de la pre-campaña (fijada en el calendario del Instituto Nacional Electoral del 14 de este mes hasta el 11 de febrero de 2018).

Sin embargo, contenidos por la objetividad debemos dejar que comience la lucha por la Presidencia, 64 senadurías por el principio de mayoría relativa, 32 más por el principio de representación proporcional, idéntico número de primera minoría, 300 diputaciones federales por el principio de mayoría relativa y 200 adicionales por representación proporcional. Esto, claro está, sin considerar las posiciones que a nivel local estarán en juego en 30 Estados, desde Yucatán, Campeche y Quintana Roo hasta Baja California Sur, Sonora y Chihuahua.

A lo mejor, aunque parezcamos ilusos, esperemos que las canalladas, los golpes bajos, los insultos, sean sólo detalles episódicos.

Qué más quisiéramos que sean devueltas al clóset, de donde nunca debieron de salir, la mezquindad, la ruindad, los “trapitos sucios”, las diatribas.

Los candidatos, y sobre todo sus respectivos equipos, deben saber que ciertos golpes bajos son como heridas que jamás cicatrizan y se convierten en odio cada ve más cerbal.

Deberían de entender estos líderes que, como “comandantes de las ambiciones”, deben evitar que “la sangre llegue al río”, que sus seguidores o simpatizantes se aproximen al peligroso despeñadero del enfrentamiento que pudiera derivar en acontecimientos indeseables.

Para ello, deberían de analizar lo que sucede en redes sociales, escenario de pugnas descarnadas que más bien parecen el preludio de una guerra civil.

De ahí la incertidumbre, el pesimismo el temor de que descarrile lo que debe de circunscribirse a una batalla de ideas.

En este ambiente de contaminación, es lamentable que no se diga nada de lo que quiere saber el electorado.

Por ejemplo: — Que nos digan cómo en el enfrentamiento destrabarán la agenda nacional y facilitarán el futuro proceso político, hasta ahora acotado por infinidad de cuellos de botella institucionales, indefiniciones en el campo de las políticas públicas y desaciertos en la ejecución de las mismas.

— Que nos digan —¡no con disparates, señores!—, cómo arrancarán a México de las garras del narcotráfico, cuyo imperio se ha extendido al secuestro, tráfico de armas y de trata de blancas, entre otros delitos de alto impacto.

— Que nos digan cómo piensan resolver el problema de la inseguridad, de los centros de reclusión, donde el fenómeno del hacinamiento poca cosa comparado con los auto-gobiernos de delincuentes que de ex —por el simple hecho de estar encerrados— no tienen nada.

— Que nos digan cómo le van a hacer para que haya menos pobres en México si el poder adquisitivo de la clase trabajadora ya no puede estar más por los suelos y si la oferta laboral es inferior a la demanda, sobre todo en muchas profesiones.

— Que nos digan cómo revertirán la incapacidad para frenar la migración de habitantes de comunidades a grandes ciudades en busca de mejores oportunidades.

— Que nos digan cómo resolverían los no menos complejos problemas de salud y seguridad social, ampliamente conocidos por todos.

— Que nos digan cómo van a deshipotecar a México, que figura entre las naciones latinoamericanas con mayor deuda externa. Esta, hasta junio de este año, rondaba en los 92 mil millones de dólares. ¡Ah, y que conste y quede claro!, sin considerar los 6.8 billones de pesos de deuda interna, que si la sumamos a aquélla nos arrojan ambas, en pesos mexicanos, la descomunal cantidad de 8 billones 548 mil. Pero prosigamos:

— Que nos digan cómo mejorarán la economía mexicana dentro del contexto de la globalización.

— Que nos digan cómo frenarán las fugas de “cerebros” y blindarán la cultura mexicana si más importante que invertir en ambos campos es gastar millonadas para sostener “representantes populares” —léase asambleístas, diputados locales y federales y senadores—, y hasta de aparatos burocráticos que son una pantomima porque quien tiene la sartén por el mango y el mango también de todos ellos es el gobernante en turno.

¿Cuáles?

Los de Anticorrupción y Transparencia o Contraloría —por poner un ejemplo—, que más bien son utilizados para dar empleo a “cuates” y colocar a los últimos enlistados en compromisos de campaña.

¡Que nos digan cómo, por Dios!

Les queda poco tiempo para dar una respuesta coherente, convincente, a las posibles soluciones a los problemas nacionales Les queda de acá hasta el 27 de junio del año entrante, fecha fijada para el cierre de campaña a la Presidencia.

Como de acá hasta el uno de julio del año también venidero le queda a los electores para preguntarse:

¿Estamos dispuestos a seguir viviendo entrampados en la horrenda realidad política de México?

¿Estamos dispuestos a confiar nuestro voto —como si extendiéramos un cheque en blanco— a quien no ofrezca visos de factibilidad y esperanza en remedios o suluciones a los grandes males que nos aquejan como país?

En fin, en menos de siete meses tendremos, aunque sea, algunas respuestas, atento y gentil lector.

… Punto.

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