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En nombre de la luz

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Antes, cuando éramos menos reporteros, los políticos tenían otro trato hacia la prensa. Los tundemáquinas no abundaban tanto como ahora. Era una actividad exótica y pocos eran los que se animaban a dedicarse por completo a la reporteada.

El trato era personal, los políticos no tomaban tantas precauciones como ahora. De pronto la secretaria del medio en el que trabajabas te informaba que tenías una llamada. Ibas, contestabas, y era el mismito jefazo de equis institución el que te hablaba. Sin intermediarios las cosas funcionan mejor que cuando varias gentes se inmiscuyen.

primitivo alonso 6Y recuerdo que quien mejor manejaba ese tipo de relaciones era Primitivo Alonso. “¡Hermaaaaaaano…, era lo primero que escuchabas del otro lado de la línea. Maestro del verbo exquisito –puede sonar contrastante-, a “Primo” le gustaba ir al grano. Nada de recovecos. Nada de darle la vuelta a las cosas. Nada de echar un rollo de media hora antes de ir al meollo del asunto.

Me encantaba la forma de ser de Primitivo. Hasta cuando se tomaba una copa daba cátedra de cómo hablarles a los amigos. Caballero en toda la extensión de la palabra, nunca supe que tuviera algún conflicto con reporteros de la época. Era respetado por medio mundo y no sé cómo es que, políticamente hablando, no alcanzó el cénit con el que sueña todo político del patio.

Lo recuerdo como subsecretario de no sé qué cosa, en una oficina muy cómoda en palacio de gobierno. Lo ubico sentado en su escritorio de caoba, con vidrio encima y fotografías debajo, con la fotografía del entonces gobernador del Estado en el sitio de honor y encima del escritorio un legajo de papeles, una taza de café, galletitas, y dos o tres recuerditos familiares. Su voz, de tenor, dicen unos -yo la escucho como de un par de hielitos chocando dentro de una copa de un whisky de abolengo-, se escuchaba en todo el pasillo de palacio de gobierno.

Era un agasajo platicar con Primitivo. A diferencia de algunos políticos de ahora, que desconocen nuestro lado cultural por completo, el “Primo” es una enciclopedia abierta en ese sentido.

De ahí que, repito, a diferencia de algunos políticos actuales, el hombre siempre se dio su tiempo para escribir poemas, cuentos, e historias que luego se convertirían en libros (¿No es eso una maravilla?). Un político así es una rara avis. Es un oasis en un terreno yermo, desolado.

Primitivo, como político pensante, supo cuando guardar los arreos y jubilarse. Bueno, eso me imagino. No sé, a lo mejor también sea parte de esa frase reyesheroliana: “En política no entras, te meten; en política no sales, te sacan”. Eso sólo él podrá aclararlo (prometo preguntárselo la próxima vez que me lo encuentre).

Primitivo sabe que hay que cuidar mucho los detalles. Sabe que una palmada, un elogio acomedido, una sonrisa franca que te rebote en el sentimiento, son recursos que no posee cualquiera y por lo tanto quien los tiene deberá hacer gala de ellos cada que sea necesario.

El vate es un tipo extraordinario. Me consta. No me lo platicaron. Lo he visto. Lo he experimentado. Ojalá y muchos tuvieran el carisma de este personaje.

Hace algunos días, en este espacio, comentamos que había parido un nuevo libro (“En Nombre de la Luz”). Dije lo que sentí. Nada más, nada menos. Y hete aquí que al siguiente día ya el hombre se estaba tomando el tiempo para localizarme y entregarme un ejemplar de su más reciente obra. Con generosa dedicatoria, el libro fue dejado en la mismita puerta de mi casa, cosa que se agradece en todo lo que vale, por supuesto.

Para empezar, es una obra bien cuidada. Tiene buen aspecto. Se ve que le puso mucho esmero en todos los sentidos, como ya es costumbre en este distinguido integrante de las dinastía de los Alonso.

Prometo leerlo con la tranquilidad que me permita saborearlo por completo. Por de pronto ya lo tengo entre las manos. Es un detalle que le agradezco al buen político, buen amigo, buen hombre de la pluma.

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