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Entre amigos

“Nos estamos quedando viejos, Nico…, es la segunda vez que hay un gobernador más joven que nosotros”. La confesión, de tan sincera, es brutal, cruda, descarnada. Proviene de Felipe Hernández, y cuando un periodista tan acucioso hace una observación de ese tipo, hay que analizarla de la A a la Z sin remilgo alguno.

Felipe lleva varios minutos observando a Roberto Borge, cuyos 32 años son una delicatessen al lado de los setenta y pico del ícono de la política el patio, Jesús Martínez Ross, quien, casi nada, entre su palmarés tiene el privilegio de haber sido el primer gobernador constitucional de la entidad.

Ambos encabezan una mesa en donde se encuentran 14 personas a quienes la amistad los ha hecho concurrir ipso facto a pesar del vértigo de la convocatoria. Hay políticos, hay periodistas. Los hay en activo, los hay quienes pese a la capacidad que atesoran, deambulan en el limbo.

Junto a Beto Borge y Jesús Martínez Ross, está el alcalde Eduardo Espinosa Abuxapqui. José Luis Toledo, el líder del Congreso, llegó saludó y con las mismas emprendió la retirada. “Tengo un compromiso en la ciudad de Cancún”, se le escuchó decir mientras salía apresuradamente, dejando atrás el exquisito olor a la morcilla recién sacada del perol.

La comida es en honor a don Chucho. Está próximo a cumplir un año más de fructífera existencia –como dirían los clásicos-, y sus amigos han comenzado a apapacharlo. Tiene la costumbre de efectuar el festejo magno en Isla Mujeres, sin embargo, en esta ocasión –ese fue un logro conseguido durante el transcurso del almuerzo-, el ágape regio, será, por fin, en la ciudad de Chetumal.

El sitio en el que se realizó la reunión, es chuleado hasta por el mismo gobernador. Lo que sea de cada quién, es bonito. Confeccionado con madera en su totalidad, ha albergado a infinidad de cristianos que semana concurrían a divertirse en ese lugar denominado “Treinta y tantos”. Y digo concurrían porque el fin de semana pasado, como muchos en la ciudad, cerró sus puertas para siempre.

La música inunda la estancia. En la pantalla desfilan José Luis Perales, Reaphael, Camilo Sesto y demás íconos de la música romántica. El ambiente está como para que de pronto salte unespontaneo y el karaoke suene a todo lo que da.

Don Chucho se rasca la barriga satisfecho y suelta un eructo leve, apenas perceptible, acaba de ingerir una respetable porción de pavo mechado y su estómago procede a realiza la parte que le corresponde en ese proceso tan maravilloso que consiste en alimentar al cuerpo.

Beto Borge le comenta algo al oído y ambos sueltan una sonora carcajada.

José Luis Pech, haciéndola de maestro de ceremonias, toma el micrófono y anuncia la aparición de Marcos Ramírez Canul, quién, faltaba más, le dedica “Mi querido viejo” al festejado. Con los ojos inundados por las lágrimas, el “composer” deja traslucir sus sentimientos: “Esta melodía se la dedico con toda mi admiración y cariño a don Chucho, a quien considero como mi verdadero padre”. El aludido, pícaro como es, suelta una sonrisitamalévola y procede al comentario respectivo que nadie escucha pero que todos imaginan.

La estancia se inunda de sentimiento. Marcos le echa ganas. Su voz no le granjearía premio alguno, sin embargo se aprecia su esfuerzo, que es recompensado con los respectivos ¡clap, clap, clap!de la respetable concurrencia.

Francisco Ortega Lizarraga, es otro de los que se lanza al ruedo. ¡Uf!, el sí, de plano, no tiene chiste alguno en eso de la cantada. Su voz es un berrido.La verdad es que después de escuchar cantar a Paco, hasta el chirrido de una bisagra suena a música del cielo.

Roberto Borge apantalla a más de uno. Con voz educada, procede a deleitar a la concurrencia con dos canciones del cantautor cubano Francisco Céspedes. Y entonces, para no quedarse atrás, Eduardo Espinosa también se deja escuchar con la celebérrima “Mi árbol yo”, del gran Alberto Cortés.

Don Jesús, sonríe complacido, está rodeado de sus amigos y eso lo revitaliza. Sus chascarrillos son continuos. Su vaso, con el célebre jaibol, jamás se queda vacío. Es de buena garganta.Don Chucho, más vivaracho que nunca, con el sarcasmo a flor de piel,levanta su copa y brinda:“¡Salud, salud…, como en los viejos tiempos, no tan buenos –acota-, porqueya no me encuentro incluido en la nómina…, je, je, je”.

Colis2005@yahoo.com.mx

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