Ganar más sin perder

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
@msalinas21
marcelosalinas.com.mx

¿Cómo vamos? Ahora que parte de la fuerza trabajadora sale a producir, crece el interés por saber si el virus se logra controlar mejor; con qué ritmo suben los positivos; si decrecen o no las muertes, y si avanzaremos sin la amenaza vigente de retornar al confinamiento generalizado.

La zona norte parece haberse estabilizado, tendiendo ligeramente a la baja, aun cuando los casos continúan. Se sabe que convivimos con el virus, y que el progreso dependerá del comportamiento social, que influye en la propagación. Las cifras en esta región, que incluye a siete municipios, justifica el color naranja del semáforo y el reinicio de más labores. Pero la guerra no está ganada. Vamos mejor si medimos determinados factores, aunque un descuido puede arruinarlo.

En la zona sur, con cuatro municipios, la situación no está bien: no en Othón P. Blanco por ser el responsable del color rojo; así como Benito Juárez lo fue hace varias semanas para todo el estado. En una semana, del lunes pasado hasta ayer, la capital aumentó de 162 a 259, un alza de 60%.

Las autoridades de Salud estatal informan que la velocidad de crecimiento de casos en la zona norte es de 1% y en el sur de 4.6%. En cada jornada exhiben además la ocupación hospitalaria, un factor clave para los planes de recuperación.

Es importante que ello se entienda para no criticar a ciegas los colores de ambos semáforos ni protestar por la reanudación de ciertas dinámicas en cada zona. Es el panorama actual, y no el de antes, lo que marca la ruta de la reactivación en Quintana Roo.

Es indispensable también que centremos la atención en las disposiciones locales. Se ha traspasado la responsabilidad a los estados en esta fase y nuestra realidad no coincide plenamente con la del resto del país. No podemos ajustarnos siempre a lo que dictan desde la Federación, menos cuando los mensajes son contradictorios. Tan así que Mike Ryan, director ejecutivo de la OMS para Emergencias Sanitarias, sostuvo: «Los ciudadanos (de México) se sienten confundidos si escuchan diferentes mensajes y hay que garantizar que tengan la mejor información posible para protegerse a sí mismos, a sus seres queridos y a las comunidades”.

Cabe aclarar que lo dijo en rueda de prensa tras la invitación del presidente López Obrador a salir a las calles, en una discrepancia más con los expertos.

Cuidado con el descenso, que es igual de peligroso que el ascenso a la cima. No podemos perder lo ganado. O dicho de otra forma: lograr más sin perder tanto.

Turismo que  no destruya

El avance de la pandemia por todo el mundo ha evidenciado el agotamiento y la decadencia de los modelos turísticos tradicionales, hoy en fase de reconversión para ajustarse a las exigencias sanitarias de la comunidad global.

La propagación de un virus que los científicos siguen analizando ha trastocado los cimientos de una industria que es punta de lanza en el progreso de países enteros. Enfrenta una realidad nunca vista, con pérdidas económicas todavía incalculables y con enormes retos que se modifican por tantos daños colaterales.

No obstante su aporte ha sido admirable: durante el 2019 uno de cada cuatro nuevos empleos fue del ramo y significó poco más del 10% del PIB mundial. Pero lo cierto es que dichos números no satisfizo: la pobreza y el deterioro ambiental no figuraban en planes y programas, ignorados por inversionistas y promotores, incluidos los de Quintana Roo.

En esta nueva etapa la prioridad debe cambiar. Antes se definía por el rápido crecimiento, la rentabilidad, y no en pocos casos, por ambiciones y ganancias desmesuradas, que en ocasiones propiciaron conductas de corrupción y dispendio, criticaba recientemente en una charla virtual Miguel Torruco, secretario federal del sector.

Ante el crudo panorama actual se comprobó lo que era un secreto a voces: el limitado sistema sanitario al que tienen acceso los trabajadores del rubro, carentes de protección social, cuyas empresas no tuvieron reservas ni liquidez. Muchas prefirieron despedirlos sin soportar un par de quincenas ni ofrecerles alternativas temporales. Los corrieron, algunas recurrieron a seguros y otras optaron por la quiebra para conseguir ventajas.

A final de cuentas, ¿de qué sirvieron a esos miles de empleados la masividad del turismo, la diversificación que tuvo un costo alto para la naturaleza o haber puesto en riesgo incluso la identidad de una población para obtener sólo ganancias superfluas? Poco o nada, si cuando llegó la hora les castigaron por culpa de un modelo que privilegió otros factores.

Se habla de regular, ahora sí, el «todo incluido»; de apostar grandes capitales al ecoturismo; de crear burbujas regionales para incorporar comunidades rurales, entre otras. Ciertamente, nada que sorprenda por ahora. Quizá lo novedoso es que piensen en redirigir urgentemente los capitales procurando que la derrama llegue a más.

Lo mejor es que impulsen un esquema que no explote, desampare ni destruya; menos a quienes son los protagonistas: mujeres y hombres de esforzado trabajo.

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