Columnistas

La negligencia gubernamental llevó al colapso del sistema de salud pública en Quintana Roo, mucho antes de la pandemia

Necesariamente Incómoda

Graciela Machuca Martínez

Al constituirse el estado de Quintana Roo en 1974, era urgente la modernización de los servicios de salud, por lo que el Presidente Luis Echeverría Álvarez y el primer gobernador, Jesús Martínez Ross, iniciaron en 1975 la construcción del Hospital General de Chetumal y el Hospital Jesús Kumate Rodríguez, en Cancún. Tanto el hospital de Cancún como el de Chetumal pertenecían al inicio de sus operaciones a la Red Federal de Hospitales Foráneos.

Desde hace 41 años el Hospital General de la capital del estado solo ha recibido parches, supuestas ampliaciones y modificaciones a su estructura, las cuales no han sido dignas de un establecimiento hospitalario al servicio de la población de Chetumal y localidades aledañas, sin mantenimiento en sus instalaciones, con fugas de agua y oxígeno, en su equipo como autoclave ponen en riesgo la vida de empleados y pacientes, un verdadero tercer mundo.

Mientras que en Cancún se ha construido un nuevo hospital general, quizás porque a la clase política solo le interesa dar una imagen bonita de ese centro turístico, mientras que el resto de la infraestructura sanitaria de la entidad se encuentra en pésimas condiciones. Por ello hay que recordar que el sistema de salud pública en Quintana Roo se encuentra colapsado desde antes que iniciara la pandemia, gracias a las prácticas corruptas de quienes se han encargado de administrar el presupuesto tanto federal como estatal destinados para los servicios de salud.

El sistema de salud pública de Quintana Roo se ha mantenido en la ineficiencia y en el atraso en su infraestructura debido a la negligencia gubernamental; quienes han tenido la obligación de velar por el bienestar de la sociedad quintanarroense desde el Poder Legislativo se han olvidado de que su función es crear leyes para que se cumplan. Un ejemplo de ello es lo que ha sucedido en la Zona Maya, donde el único hospital construido ex profeso para la atención de los mayas fue en el periodo del presidente Adolfo López Mateos (1958-1964), siendo gobernador del territorio el Ingeniero Aarón Merino Fernández. Fue inaugurado en Felipe Carrillo Puerto un 17 de mayo. Lo demás, también, han sido parches para justificar presupuestos y este sí que debiera ser un tema suficientemente importante para cualquier gobernante para llevar el tan trillado discurso electoral que repiten, como su preocupación por la salud de los mayas, pero en los hechos, al 2021, los indígenas mayas carecen de un hospital con instalaciones dignas donde se les pueda atender.

El 31 de agosto de 1980, un día de San Ramón, se realiza la primera cesárea en el Hospital General de Chetumal

Por cierto, en el Hospital General de Chetumal, inaugurado en abril de 1980, el doctor Braulio Matamoros, ginecólogo, la doctora Rosalía Jácome, anestesióloga y, el pediatra Narciso Pérez Bravo, participaron en la primera cesárea realizada aquel 31 de agosto de 1980, de quien ahora es la primera y única mexicana Sénior de Uno de los Bancos más importantes de los países Nórdicos. Felicidades para los médicos por haber traído a una quintanarroense que con su esfuerzo ha forjado una trayectoria que enorgullece a quien le conoce.

El Hospital General de Chetumal que hoy en día por la pandemia se encuentra totalmente rebasado en su capacidad de dar atención de salud a la población abierta. Por la misma negligencia gubernamental, los hospitales del IMSS y del ISSSTE solo han recibido remiendos llamados ampliaciones en sus instalaciones, en lo que el respetado doctor Gerardo Amaro no me dejaría mentir. Ahora es preciso observar que a todas esas limitantes hay que agregar que el Sector Salud en la entidad carece de liderazgo técnico, administrativo, político y moral.

A pesar de que cada institución como el IMSS, el ISSSTE, el Ejército y los Servicios Estatales de Salud deben trabajar de acuerdo con su normatividad y rendir cuentas a sus oficinas centrales, los servicios estatales de salud tienen un doble rol, como autoridad estatal sanitaria y como autoridad federal, cuyas obligaciones, entre otras, está la de coordinar a todo el sector, pero en este caso el Sector Salud como ente público navega por donde el viento de la tormenta lo lleve, porque no tiene dirección, no hay mando, no hay control, no hay propuestas.

En los servicios estatales de salud se requiere una persona que tenga la capacidad de llevar a buen puerto al barco, a pesar de las vicisitudes de la tormenta, y que no esté pensando en la cirugía plástica que le falta para ser admirada como barbie. Son tiempos extraordinarios y para ello se requiere aptitudes y actitudes extraordinarias. Con muchas semanas de anticipación se advirtió que si la pandemia no se tomaba con la seriedad requerida, tanto por las autoridades como por la población, llegaría el momento del colapso, de las lamentaciones y del “si hubiera”. Pero ya es tarde y ahora se tiene que responder como sociedad ante las circunstancias actuales.

Las quejas y los llamados de auxilio son recurrentes, en el sentido de que los Servicios Estatal de Salud en Quintana Roo “no quieren tomar muestras a pacientes que solo presentan dos de los cuatro síntomas y solo los mandan a su casa con paracetamol. Y luego regresan graves y además, ya contagiaron a sus demás familiares y concluyen con la muerte de uno o dos”.

Entre el personal médico hay serios cuestionamientos éticos ante el actuar de directivos, quienes se han visto obligados a decidir a quién le quitan el apoyo del ventilador y por ende, mueren. Es un dilema ético que ningún profesional de la salud quisiera enfrentar con esa responsabilidad.

Falta de compromiso gubernamental y carencia de empatía ciudadana prolongan la pandemia en Quintana Roo

En este momento ya hay hospitales que tienen carencia de ventiladores. Si no se rediseñan las estrategias desde la cabeza de sector, los hospitales se convertirán en simples salas de espera para los crematorios. Cambiar esta tendencia es responsabilidad de todos. Hay que recordar que el hecho de que se tenga acceso a la asistencia de un ventilador es relativo para salvar la vida, porque de acuerdo con reportes de la misma autoridad sanitaria de cada diez personas que entran a terapia intensiva con el apoyo de un ventilador, solo dos sobreviven.

Las razones económicas, políticas e incluso técnicas que justifican cambiar de rojo a naranja en el semáforo epidemiológico de Quintana Roo, corren el riesgo de hacerse a un lado de la tendencia de repunte continua. Las cifras son evidentes. También es cierto que tenemos que aprender a vivir con la epidemia, pero también debemos aprender nuevos hábitos, nuevas prácticas de vida. En un periodo extremamente corto tenemos que adquirir una nueva cultura de la colectividad, de empatía, solidaridad y compromiso comunitario, porque de lo contrario, como sociedad y cómo personas quedaremos en el intento.

Otras voces cuestionan la estrategia del gobierno federal que gastó todo el dinero asignado al estado del Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) en el manejo que le dio el Ejército al Covid en Quintana Roo y nunca atendieron como área concentradora de casos Covid a los pacientes, y por no contar con suficiente personal especializado o entrenado en Covid originaba que la mayoría de pacientes se enviara a Playa del Carmen o a Cancún, quedando en unas instalaciones manejadas por el ejército en Tulum solo pacientes no graves y que fueron los mínimos, concluyendo que los recursos del INSABI solo sirvieron para hacer un dispendio en adquisiciones por parte del ejército, tan es así que ahora la comandancia de Cancún donó un mundo de equipos de protección al hospital general Jesús Kumate entre otros insumos que hoy no se requieren y que están próximos a caducar. Lo que si se requiere son antibióticos y eso se ha adquirido a medida de las posibilidades con recursos del estado; de esta forma el ejercito dejó a los estados sin recursos para el resto del año.

Ha llegado el momento de responsabilizarnos en primer lugar de la salud personal, así como de nuestra familia y al mismo tiempo de la sanidad comunitaria. El gobierno pone y quita sus normas o muchas veces no las pone y si lo hace, la percepción que tiene la población de la autoridad es adversa a un resultado positivo. En México, durante la pandemia y en muchos ámbitos de la vida nacional hemos caído en el círculo perverso de que el gobierno como que controla, como que ordena y la sociedad hace como que oye, como que obedece en beneficio de la colectividad.

El gobierno no quiso perder votos, por ello no declaró estado de excepción como lo mandata el Artículo 29 Constitucional, porque, además, no sabe cómo hacerlo, porque trabaja con cuerpos de seguridad pública que lo que menos saben es trabajar con perspectiva ciudadana. Los casos de arbitrariedad policial, solo por no portar el cubrebocas se documentaron de inmediato y la impunidad hizo su entrada triunfal una vez más. Hay que reconocer que el gobierno, ni durante esta administración, ni en las anteriores, ha contado con la capacidad para enfrentar una epidemia de esta magnitud, pero tampoco la sociedad mexicana cuenta con la cultura colectiva, comunitaria. Se trata de que sobreviva quien pueda, sin importar que en la medida que tengamos una comunidad sana, seremos beneficiarias directas.

Carlos Joaquín hace un llamado a redoblar esfuerzos para no perder lo ganado

Ante estas circunstancias, es oportuno el mensaje del gobernador Carlos Joaquín González, quien manifestó que estamos en un punto crítico donde podemos perder lo ganado y, lo más grave, lamentar más hospitalizados y más fallecimientos a consecuencia de la pandemia por Covid-19.

“Muchos quintanarroenses se han distraído y han descuidado las medidas básicas de lavarse las manos frecuentemente, usar el cubrebocas y mantener la sana distancia”. Entre otros aspectos, dijo que el gobierno de Quintana Roo logró “aumentar en más de 500 por ciento la capacidad instalada en hospitales para atender a los enfermos de Covid-19.  Gracias a ello tuvimos las condiciones para iniciar la apertura gradual de la vida económica y social”. “Diseñamos un sistema de monitoreo complementario al semáforo nacional y avanzamos en nuestras metas”.

Ya tenemos año y medio de que inició la pandemia y los tres órdenes de gobierno no pueden seguir definiendo sus acciones como de emergencia; deben pasar al diseño de políticas públicas para circunstancias extraordinarias, se debe poner creatividad y conocimiento científico, administrativo y político para rediseñar el sistema de salud, porque el pueblo de Quintana Roo se lo merece.

Este día de San Ramón me permito felicitar al doctor Pedro Ramón Peña Xicum (ex secretario de salud) y a la también catedrática de la maestría “Service Design” de la Universidad de Copenhagen.

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