Columnistas

Las andanzas de un prominente violador ensotanado

Escrutinio

Juan José Morales
.

Si ve usted al individuo cuya fotografía ilustra este artículo, avise a la policía. La Procuraduría de Justicia de San Luis Potosí lo busca —aunque al parecer con muy poco empeño—, pues contra él pesan 19 denuncias por violación y abusos sexuales contra niños y adolescentes.

Se trata del cura Eduardo Córdova Bautista, quien hasta antes de darse a la fuga fue un prominente personaje en San Luis Potosí, apoderado legal de la arquidiócesis potosina y muy influyente entre la llamada alta sociedad y los círculos políticos del gobierno priísta de aquel estado. Obviamente, no se le encontrará oficiando misa en alguna iglesia, pues hace casi dos años, el 27 de mayo de 2014, el Vaticano ordenó suspender sus licencias ministeriales —esto es, las facultades para realizar actos de culto— y darlo de baja como sacerdote. Pero esto ocurrió después de 30 años de denuncias y encubrimiento por parte de tres sucesivos arzobispos, que nada hicieron para frenar sus desmanes sino que se limitaron a lo cambiarlo de parroquia cuando las acusaciones eran ya muy graves o su culpabilidad evidente. Pero esto no menguó su poder dentro de la Iglesia y el gobierno, que incluso le permitió ejercer una despiadada persecución contra sacerdotes que habían renunciado a serlo y daban clases en escuelas particulares, a los cuales sistemáticamente hacía despedir, con el argumento de que haber abandonado el sacerdocio era un mal ejemplo para la niñez y la juventud.

Eduardo Córdova Bautista5
Se calcula en más de cien el número de niños y jóvenes a los que violó o sometió a abusos sexuales. Por años, ninguno se atrevió a denunciarlo.

Aparte la notoriedad de Córdova —quien era algo así como el cura de moda entre las clases pudientes, que le pedían oficiar misas de matrimonio, quince años y otras similares—, este caso resulta notable por dos razones: primero, porque no es único en el estado, y segundo, por el encubrimiento y protección que le brindaron sus superiores.

En efecto, hay otros seis curas de SLP que se encuentran también prófugos, acusados de violación o abusos sexuales contra menores. Ellos son Francisco Javier Castillo, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón en Santa María del Río, Noé Trujillo, del templo de Nuestra Señora de la Soledad, y cuatro más de los que la procuraduría estatal, sin embargo, no ha revelado sus nombres. Amén de esos fugitivos, en prisión se encuentran ya los curas Guillermo Gil Torres, del templo de Santa Rosa de Lima, y José de Jesús Cruz, del templo de Nuestra Señora de Fátima.

En cuanto al manto protector que por más de 30 años cubrió a Córdova y le permitió actuar impunemente, hay que señalar que en 1983, siendo maestro en una escuela marista, fue fulminantemente despedido por haber abusado de un alumno. Ello no obstó para que después ingresara al seminario y fuera  ordenado sacerdote por el primero de los tres sucesivos arzobispos que lo solaparon y encubrieron celosamente. Ellos fueron Arturo Szymanski Ramírez —quien, dicho sea de paso, se ganó el mote de PRImanski por sus estrechos vínculos con el PRI—, Luis Morales Reyes y Jesús Cabrero Romero. Todos ellos desestimaron las acusaciones en su contra o, si acaso, se limitaron a cambiarlo de una parroquia a otra. Así, en 2005, un año después de haber sido acusado de abusos sexuales contra un menor, el entonces arzobispo Morales Reyes se limitó a contestar escuetamente a la madre de la víctima: El P. Eduardo Córdova fue removido de su cargo como Párroco de Nuestra Señora de la Anunciación”.

Eso fue todo. El cura pederasta siguió haciendo de las suyas, hasta que hace dos años explotó la bomba con una catarata de denuncias de personas que se atrevieron a romper el silencio que por muchos años habían guardado por temor o por vergüenza, y el propio Vaticano ordenó expulsarlo de la Iglesia. La procuraduría de justicia de San Luis Potosí inició un procedimiento penal contra él, pero se trata de uno de esos típicos juicios “light” en que nada se hace efectivamente. Tan es así que en estos dos años la procuraduría ni siquiera ha llamado a declarar a un solo sacerdote en relación con el caso.

Tal vez en estos momentos Córdova Bautista anda feliz, dándose buena vida en Europa, como en su momento lo hizo aquel otro gran delincuente de sotana que fue Marcial Maciel, asunto del que hablaremos en otra ocasión.

Comentarios: kixpachoch@yahoo.com.mx

Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Miércoles 13 de abril de 2016

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

14 + seis =

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba