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Los primeros escarceos rumbo a 2018

laboladecristal

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En Quintana Roo algunos de los actores políticos no escatimarán esfuerzos en su escalada política para mantenerse en el poder a pesar que cuantitativamente la mayoría se identifica con el actual régimen.

Orgánicamente los partidos otrora opositores, PAN, PRD, están fatigados. La intensidad de la arremetida electoral y la confusión del liderazgo centrado en la coalición les dejaron un balance desconcertante en la lucha democrática. Hoy no se está más cerca del cambio político que en enero de 2016.

Ahora se pide a los líderes del conjunto tras una contienda electoral combativa y triunfante con sus respectivas organizaciones políticas se pongan a la cabeza de la lucha que los convoque a intentar el triunfo por sí solos en el 2018.

Además, una conformación de esta naturaleza permitiría, al Partido Acción Nacional, como tantas veces se ha descrito, contender sin la inclusión de diversos sectores opositores que no se sienten identificados con la ideología de derecha.

martinez arcila 3El diputado pluri del PAN, Eduardo Martínez Arcila, estaría en condiciones para definir una agenda de lucha política con objetivos –si se abriera la brecha verde–, contender por el sillón del palacio municipal de Benito Juárez, o un lugar en la hoja de ruta rumbo al Senado o a San Lázaro.

Si así fuera, sería un nuevo traste electoral, otro más. El exlíder del panismo local no va a rectificar, no lo hará ni el 2018 ni nunca. Es un mercader del templo legislativo que logró adjudicarse 20 mil pesos para gasolina que, también, adjudicó a sus paniaguados y ujieres, los otros 24 diputados. Mientras afuera está al unísono el grito de repudio al “gasolinazo”.

Va por lo mismo el diputado pluri local del PRD, también bajo el manto sagrado del liderazgo de jefe de las tribus de la aldea local, Emiliano Ramos Hernández, articulando, además de la ristra de cargos que tiene en su haber, una estrategia que permita derrotar a su cognomen panista, Martínez Arcila.

Pese a las profundas desavenencias y diferencias de criterio que el diputado perredista de marras tiene con su correligionario, Julián Ricalde Magaña, que en un grito de guerra le tumbo el penacho de jefe a quien en su aldea ya lo traía puesto.

El diputado Ramos aspira a contender en el proceso 2018 -dicen los que saben- en contubernio con el líder de los taxistas de Cancún, Eric Castillo, con el que haría el 1-2, uno para el Senado, Ramos y el otro para presidente municipal, Castillo. Por eso las alharacas contra Uber para llamar la atención electoral.

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Con indubitable claridad en los objetivos, cercano a la gente, el dirigente Nacional de Morena, “El Peje” AMLO, impulsa al representante en la entidad, José Luis Pech Várguez, quien irá por el boleto al Senado o del tren a San Lázaro, o si lo prefiere, al sillón municipal de Othón P. Blanco. Cabe en cualquiera de los tres.

En esa nueva dirección de lucha política-electoral, Morena podría adoptar cualquier denominación que refleje su indiscutible novedad electoral con un negociable intento de dar entrada a conmilitones tricolores, Mendicuti, “Chanito” u Ovando o quienes lo deseen, para luchar por la victoria juntos.

El PRI seguirá proponiendo esquemas de lucha que no terminarán de acumular fuerza para el cambio político, sino que por el contrario siguen presentándose ante la sociedad con la desesperanza y la desilusión con el diseño de una ideología constreñida.

Cuando haya esas elecciones. Mientras tanto. La tarea debe recaer en un frente de políticos que cuenten con la anuencia de la democracia, como uno de sus primordiales factores, que también incluya a otras fuerzas sociales necesarias para crear una nueva mayoría que beneficie a la población en todos los planos.

Se necesita de un nuevo eje de conducción incluyente de todos los sectores de la sociedad comprometidos con el progreso y el bienestar social. Pues estará disputándose el futuro de los 11 municipios, cuatro diputaciones y dos senadurías en representación del Estado.

Ese propósito es una tarea delicada, compleja y exigente, cuya responsabilidad no puede estar sólo en manos de los partidos políticos. Ni mucho menos de los líderes que se mueven en la dinámica de sus propias aspiraciones.

Todos ellos tienen una tendencia natural a crear pequeños imperios para tomar decisiones que terminan aislándose del resto de la sociedad. Bastaría que cualquiera de los otros factores factibles lo intente para que de inmediato se sientan solitarios, sin lo que fue del ayer.

El liderazgo natural de ese nuevo eje de la sociedad debe surgir justamente de los únicos sectores sociales que se han mantenido irreductibles, atrincherados, resistiendo los embates implacables de los poderosos.

La ciudadanía quintanarroense sabe de antemano que esa labor podrá ser quijotesca, que tal vez caerá en un vacío inconmensurable de silencio y de olvido, pero que nunca será cómplice electoral.

El político no descansa, es terco por antonomasia, y sabe o intuye que con su disciplina y obstinación logrará vencer las reticencias de quienes piensan tener siempre la verdad, para imponérseles a los otros, por si las dudas caben, cueste lo que les cueste.

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