Mantuvo a un extranjero con el dinero de su ex

Mujeres tejen su historia  

Mary Ortega Ruiz  

Las mujeres de un psicópata son enfermas y víctimas que buscan a un agresor, y con este concepto investigamos su despertar al contar su historia real, con nombres ficticios, porque decidieron sanar sus heridas. Estas mujeres valientes aprendieron a amarse; ahora remiendan los dolores de su corazón y con retazos de telas nuevas narran su historia de guerreras victoriosas. ¿Usted dónde las clasificaría?

Tercera y última parte: “Mi nombre es Verónica y esta es la historia que cambió mi vida”.

Cansada de esperar que mi marido cambie, me dediqué a buscar hombres por internet hasta que encontré a un extranjero en el Facebook; le dije que era mujer de negocios con mucho dinero, que viniera a mi país para casarse conmigo y le pagué el vuelo; prometió llevarme de luna de miel, pero terminé pagando todos sus gastos.

Entonces como a mi ex marido se le ocurrió llevar todos los gastos de sus hijos, olvidó pagar la pensión durante tres años; lo demandé, mintiéndole a un juez, quien le dijo que o pagaba 18 mil pesos o lo metían a la cárcel. Pagó y yo lo deposité a mi nuevo romance.

Por sorpresa si llegó, quería casarse al creer que yo tenía mucho dinero, claro, le renté un departamento de lujo y le presté mi carro; a mis hijos los dejé con mi mamá, para que yo me dedique de lleno a mi nuevo esposo y a mi ex le exigía dinero para sus hijos, aunque yo pasaba semanas sin verlos.

Sin embargo él (mi nuevo esposo) sólo cuando se emborrachaba me hacía el amor, pero en su sano juicio me decía que no estaba acostumbrado a hacerlo seguido, para evitarme, y así pasó un año.

Mi madre le dijo a mi ex que no me diera más dinero en efectivo, porque estaba manteniendo al nuevo marido y además no cuidaba a los hijos; mi ex indignado me empezó a depositar sólo los 500 pesos mensuales y a llevar a los niños pequeños a la casa de esa mujer, donde vivía de mantenido cuando se quedaba sin trabajo, amenazándome que si lo demandaba me corría de mi casa con todo e hijos.

Yo al dejar de recibir el dinero de mi ex, ya no podía pagar la renta y el extranjero me exigía lujos, por eso se casó conmigo; empecé a vender pasteles, comida, a vender las cosas de mis hijos y las que mi ex olvidó en casa, pero ni así completaba para la renta y sus gastos de mi nuevo esposo, y me lo llevé a la casa donde vivían mis hijos, cuándo los corría su abuela o no tenían dónde irse.

Obviamente, el extranjero cuando conoció a mis dos hijas adolescentes se interesaba mucho en complacerlas; las espiaba en el baño y ellas se quejaron con el papá y mi ex dijo: “si no se va ese vividor de mi casa pediré la custodia y te dejaré en la calle”.

Mi nuevo marido cuando vio que yo ya no tenía dinero me pidió el divorcio.

Yo no quería darle el divorcio pero me dijo: “o firmas o te mato, a mí no me verás la cara de pendejo como a tu ex con esos bastardos”. Era violento, me pegaba cuando se enojaba y un día trató de golpear a mi hija de 16 años; por eso mi hija me empezó a odiar y se fue con una amiga a vivir.

Al fin acudí con una psicóloga que me cuestionaba: ¿Cuándo lo descubriste, no entendiste? Me quede sorprendida, ¿Tan obvia soy? Su plática era agradable y no se veía ninguna intención, entonces le dije: «y según tú cómo me vas a ayudar».

Ella sonrió y me dijo: ¿me dejarás ayudarte?

Le conté todo, me dijo “déjalos irse, cada quien elige su destino, el primero nunca te quiso, sólo quería tener hijos y su gran amor lo abandonará porque no se quiere ni él mismo, sólo utiliza a las personas que necesita para usarlas, las enamora, pero es un sociópata-psicópata”.

Continúo la terapeuta atrayendo toda mi atención. El segundo esposo, un vividor, sólo quería salir de su país y su destino de él es perderse en una relación de arena pues le diste el divorcio y se fue con una anciana con dinero para que lo mantenga. Pero tu destino será ¡Renacer!

Primero vamos ver los estragos del terreno; quiero que tomes fotos de tu cuerpo y las veas con calma, no te alarmes no las veré; solo quiero que las veas tú, después las borras.

Al principio me sentí incomoda, pero me animé y lo hice; las tomé de varios ángulos y muchas no me gustaron, pero otras sí.

Comprendí que aunque el tiempo pasó, aún tenía un poco de mí; de alguna forma me di cuenta que no estaba tan perdida; sí, me faltaba un poco de trabajo en algunas zonas, pero aún tenía cierta belleza.

Borré las fotos, mi entusiasmo estaba arriba, y cuando me preguntó: ¿Te gustó lo que viste? Dudosa le dije pues más o menos, sonrió, y dijo: “Bien pues hagamos que te guste. Recuerda, cuándo nosotros nos gustamos le gustamos a los demás. Con el paso de los años y los hijos nos olvidamos de nosotras mismas.

“La vida va dejando marcada una historia en cada uno de nosotros, pero nos gusta vivir en los pasados aferrados y a veces enamorados de recuerdos; olvidamos que nuestra autoestima es una plantita que debemos regar día a día. Y al igual que en nuestro jardín esa plantita debe mantenerse sana y hermosa y eso es responsabilidad nuestra, de nadie más”.

Es hora de empezar un poco de jardinería, debemos levantar esa autoestima y aprender que lo que para los ojos de otra persona no es bonito, para los de otras puede ser lo más hermoso.

Busca tu mejor ropa, arréglate, maquíllate, deja salir esa mujer que tiene mucho tiempo encerrada dentro de ti”.

Entendí muchas cosas… me vestí con mi mejor ropa, esa que yo decía la usaré para salir a lugares importantes; me maquillé y me sentía hermosa, como cuando salía de fiesta. De pronto me pregunté: ¿Por qué no vestía siempre así? ¿En qué momento decidí que esta ropa solo la usaría para salir a reuniones importantes? Sonreí, hacía mucho que el espejo no me sonreía.

Entonces comencé una dieta, pensaba… Me enfoqué tanto en adueñarme de un hombre que exageraba y lentamente perdí ese tiempo para mí.

Tanto odié a esa bella señora que se quedó con mi ex marido y llegué al grado de dejar que cuidará de mis hijos los fines de semana. Les enseñó a nadar, a leer, a perder el miedo, a amarse, a ser independientes y sobre todo a defenderse de mí, porque yo por todo les pegaba y maldecía cuando me tocaba estar con ellos, pero cuando el más pequeño me gritó “te odio, porque jamás te has portado como una madre con nosotros, me vuelves a pegar y te meto a la cárcel, porque ya no estoy solo», fue que aprendí a respetarlos.

Me grabé las palabras de la terapeuta_ Funciona así: si tú estás bien, están bien tus hijos, si tus hijos y tú están bien todo cambia… Creo que de los hombres que acompañaron mi cama ninguno me quiso.

Por eso el consejo para todas las mujeres es: no te abandones nunca; los hijos son una recompensa de la vida, no un pago que debas hacer por ellos y jamás dependas de un hombre. Tú debes seguir creciendo como mujer y como persona, porque tú guías los pasos de ellos…

Es hora de cerrar tu historia, propuso: La terapeuta me tomó de la mano y me dijo: cierra los ojos, quiero que hables con alguien. Al abrirlos había un espejo frente a mí. «Ahora dile todo lo que has aprendido aquí».  Me miré y me dije:

“Verónica perdóname, por tanto abandono, por olvidarme de ti, de tus gustos, de tu sonrisa, de quererte, por refugiarme en el llanto, en la comida, en los vicios, en la mentira, en hacerme daño al tragar tanta frustración, por dejar que te humillaran, por maldecirte tantas veces y por permitir que el tiempo te maltratara…Dame la oportunidad de demostrarte que ya aprendí a ver la vida diferente, que ahora soy Mujer y que jamás te dejaré caer de nuevo”…

Lloré mucho pero no era de tristeza, era de felicidad. Por primera vez en muchos años me sentí desahogada y triunfadora, me sentí mujer. Hoy no tengo esposo, no tengo casa propia, pero salgo con pretendientes, ya no me puedo embarazar y mis hijos ya están grandes.

Mi tarea es lograr que mis hijos me perdonen el abandono y maltrato que durante años les di; ya logré que tres vivan conmigo, pues los cuatro preferían vivir con la abuela o en cualquier lado, menos conmigo, y todo por depender de un hombre que nunca me quiso, que solo me doraba la píldora para que yo cayera en sus pretensiones…

Mi primer ex esposo también se quedó sólo; se volvió alcohólico y vive en un cuartucho de mala muerte, buscando amantes de paso, golpea a las mujeres que se le dejan; ya no ve a mis hijos, solo cuando necesita dinero. Creo que los psicópatas- sociópatas y narcisistas sólo buscan beneficios propios, pero en el fondo viven como los muertos… muy solos. Fin.

Ésta es una de varias historias reales que a través de la vida he logrado recopilar, con nombres falsos para proteger a los personajes; van con la finalidad de un futuro mejor y una verdadera equidad de género. Gracias por el favor de su atención. Envíeme sus comentarios, denuncias, quejas y aclaraciones al correo electrónico infinito_1963@yahoo.com.mx

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