Mara y su golpe al Congreso de Quintana Roo

Chetumal, 18 marzo
Ángel Solís

En completa desesperación por ocultar serias irregularidades en su cuenta pública, la alcaldesa de Cancún (Benito Juárez), María “Mara” Hermelinda Lezama Espinoza, habría orquestado el más reciente golpe legislativo contra la diputada de Morena y presidenta de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (Jugocopo), Reyna Durán Ovando, con la intención de imponer en su lugar a su alfil Alberto Batún Chulim.

Para nadie es un secreto la “afinidad” de Alberto Batún hacia Mara Lezama. Fue ella quien lo colocó en la candidatura y quien alimentó sus esperanzas al principio de la Legislatura de que ocuparía la coordinación de la bancada Morena y la presidencia del Congreso, objetivos que no logró.

Pero Batún sigue siendo quien encarna los intereses de la impopular alcaldesa cancunense en el Congreso local. Tan es así, que apenas el pasado mes de diciembre la propia Mara Lezama fungió como animadora de una posada organizada por el diputado local en el distrito 3 de Cancún, hecho que se convirtió en la comidilla de políticos y ciudadanos.

Por tal razón llama la atención que, justo en la antesala de la revisión de las cuentas públicas y siendo la de Mara una de las que estaría bajo la lupa por las sospechas de corruptelas y malos manejos, Alberto Batún haya encabezado una nueva revuelta de los legisladores morenos que con siete firmas a favor lo nombraron coordinador de la bancada en sustitución de Reyna, con el fin de que este asuma también la presidenta de la Jugocopo.

En política no hay casualidades, sino causalidades, y quien resultaría más beneficiada con este pinochetazo guinda es justamente la ex locutora, señalada recientemente por enriquecimiento inexplicable de sus familiares directos, que a través de una empresa compraron propiedades con valor de más de 40 millones de pesos en el mismo periodo en que Mara ha ocupado la presidencia municipal. Y esto es apenas la punta del iceberg.

Lo curioso es que quien apoyó contra todo pronóstico el ascenso a la coordinación de Alberto Batún fue justamente la marybelista Erika Castillo, quien apenas hace un par de semanas también intentó con todas sus fuerzas tumbar a Reyna Durán, apadrinada por Marybel Villegas.

¿Acaso Erika abandonó sus aspiraciones al ver en Batún Chulim mayor estatura política para coordinar a Morena?, ¿o será que hubo algún acercamiento entre Mara y Marybel para conseguir el objetivo de derrocar a la actual coordinadora?

Las interrogantes son muchas y seguirán surgiendo, pero lo que es innegable es que el plan de llevar a la presidencia de la Jugocopo a Alberto Batún se cocinó en el Palacio Municipal de Cancún, sin medir el costo político para la imagen de Morena, para sus diputados que en pocos meses han sufrido tremendo desgaste por su canibalismo, y sobre todo para el Congreso local, que por fin había gozado de un breve periodo de estabilidad y funcionalidad.

Pese a todo, el plan puede hacer agua porque, aunque lo griten a los cuatro vientos, las lagunas reglamentarias de la Ley Interna del Poder Legislativo dejan por completo la aceptación o negación de nombrar a un nuevo presidente en las manos de los coordinadores de partidos que conforman la junta, donde no ven con buenos ojos otro cambio en la presidencia y están decididos a parar el desmadre de los morenos rebeldes.

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