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EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
@msalinas21
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El proceso electoral inició formalmente el 11 de enero, cuando partidos, aspirantes y suspirantes empezaron a velar sus armas para la competencia que busca renovar el Congreso del estado. “Renovar”, aunque no son pocos apostando por su reelección.

Antes, el día 7, los nueve partidos notificaron a la autoridad su sistema de selección de candidatos; en tanto, por esas mismas fechas, los independientes se embarcaban en su propia travesía, la cual se mira desfavorable por un contexto en que las alianzas se aferran para incrementar su poder debido a las transformaciones en desarrollo.

Más tarde, el 15, presentaron los convenios de coalición, todavía con algunas objeciones que deberán despejarse cuanto antes, para que el próximo 15 de abril arranquen las campañas que culminarán horas antes de la jornada comicial, programada para el domingo 2 de junio. Hasta ahí el contexto respecto al calendario.

¿Qué es lo interesante? El sueño de reelegirse; más en el caso de los panistas, quienes han sido piezas clave en la era del “cambio”. Porque aun cuando se le podrán achacar errores y omisiones, el Legislativo –con etiqueta blanquiazul– ha servido para consolidar una nueva etapa. De no haber sido por ellos, probablemente no hubiesen avanzado algunas reformas, menos los castigos a ex servidores públicos.

Los de otros institutos que aspiran repetir sólo intentan conservar un refugio en esta vorágine en la que Morena sigue amenazando con arrebatar lo más posible, como es el caso de priistas, perredistas o pevemistas. Uno o dos más “patalean” para mantenerse con vida.

Pero nada novedoso. Es decir: si bien resultan interesantes las negociaciones, el análisis crudo arroja la misma ambición de los actores en juego; la crítica repetitiva de la ciudadanía; las peticiones de los empresarios en torno a cuidar sus bienes, y la esperanza de una mayoría por algo mejor. Un cuento conocido.

Esta vez, sin embargo, se asoma algo distinto: la ciudadanía empieza a entender más su rol, motivada por la apertura de la Federación, en los asuntos públicos y de incumbencia compartida. Que la corrupción sea ya delito grave, la transparencia sea norma insoslayable y la participación más plural, son avances que pudieran incidir más allá de mantener o cambiar a diputados. Consolidar más la democracia y transcender, llamarían los optimistas.

¿Se consolidará tal idea o se esfumará? Está por verse, pues la oferta sería la de siempre o parecida. Nada más.

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