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Mentira política

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“Quien tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él.” Miguel de Unamuno. Desconocemos cuando la registró Don miguel, pero si recuerdo a mi padre pronunciarla, como el acicate para la confianza en los quehaceres, en el cumplimiento de las obligaciones, a la hora de salida de casa para ir a enfrentar los exámenes escolares. Para todas las acciones en la vida debemos tener la seguridad en nosotros, ayuda para tener éxito.

Podemos tener confianza en aquellos individuos que, aún no nos han traicionado, también sabemos…en la medida de sus engaños y traiciones vamos conformando el perfil de las personas, pero la confianza en sí mismo es invulnerable, es creciente, inmune; nadie la puede alterar, además es el principal elemento para el éxito, pues quien tiene esa confianza propia no envidia a nadie. No le interesan las opiniones de los demás, para él o contra sus amistades, bastará la comprobación y no el chisme para una evidente confirmación.

¿Por qué el ser humano se autoengaña? Pretender engañar a los demás ¿será como consecuencia de algún mecanismo de autodefensa? Pudiera ser también como una acción de sobrevivencia. Desde luego, quien lanza una mentira, independientemente del motivo, debe estar preparado con otras veinte mentiras para darle sostenimiento a la primera, seguir inventando mentiras para la justificación de la primera. Una mentira nos haría viajar a tremendas distancias, a lejanías inalcanzables; igual sucedería para el retorno, ¿cómo retornar?

Algunos profesionales de la psicología estiman el recurrir a la mentira como un mecanismo de recuperar la autoestima, la asocian a esta pérdida. Miente quien siente amenazada su autoestima, sus valores formales y sociales, quienes quieren dar una impresión diferente de sí mismos, quienes quieren hacer sentir mejor a su compañero; claro, las razones para las mentiras son diferentes, pero sí guardan proporciones similares.

Quien miente, siempre viene cargado de promesas y juramentos y el (o su) camino está marcado, todos sabemos hacía donde va; siempre significará un camino seguro hacia el fin, el ocaso. Otto von Bismark (1815-1898), aquel ejemplar político alemán, nos dejó de herencia esta expresión, muy oportuna tráela en esta columnilla: “Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”.

La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad, para inducir a error, al que tiene el derecho de conocerla. Lesiona así la relación del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su palabra. La intención deliberada de inducir al prójimo, al error, mediante palabras contrarias a la verdad constituye una falta contra la justicia y la caridad. La culpabilidad es mayor cuando la intención de engañar corre el riesgo de tener consecuencias funestas para los que son desviados de la verdad.

La mentira, por ser una violación de la virtud de veracidad, es una verdadera violencia hecha hacia los demás. Atenta contra ellos en su capacidad de conocer, que es, la condición de todo juicio y de toda decisión. Pensamos… no hay peor violencia que la de mentir. ¿Quién engaña a Eva?, -si la tipificamos como la primera mentira universal- el representante del mal. “Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).

La simbiosis entre violencia y mentira es una de las ideas más vigorosas de Alexander Solzhenitsyn (1). En su discurso preparado para la recepción del Premio Nobel de Literatura, nunca leído oficialmente y publicado en agosto de 1972, Solzhenitsyn, escribía unas palabras llenas de actualidad: “No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira”.

¿Podría haber dignidad en el trabajo político? El ejercicio y el mantenimiento del poder requiere la mentira, y ésta no es sino una forma de artificio necesario del poder. ¿No será más bien necesario la oposición dicotómica verdad/mentira un factor de regulación del discurso y la vida pública? Somos testigos de la cotidiana mentira de los políticos, un ejemplo de ello lo tenemos a diario, ahora, con la supuesta discusión en el Senado y similares sucesos con los Diputados, con la permitida llegada de Dictámenes prefabricados, desde la presidencia, sin el sonrojo de la división de los poderes, o como acusa el senador Manuel Bartlett: “equivale realmente a una dictadura”, en la que el Ejecutivo domina al Congreso.

PD.- Advertimos las precampañas acarrean mentiras, falsas promesas y juramentos. ¡Mucho ojo! Era el slogan para advertir a los niños de los abusos de los perversos adultos.

PD.- La catacresis es nuestra segunda naturaleza y es de ella de donde la mentira política extrae su fuerza encubridora y hostil. Su arte es el de hacer olvidar, un arte de regresar sin haberse ido, de estar ahí y no dejarse ver…

PD.- Rafael del Val Ruiz, ex subdirector de Servicios al Público de la delegación Miguel Hidalgo, obedeció órdenes para autorizar la fiesta de cumpleaños de la actriz Claudia Cervantes en la Rotonda de las Personas Ilustres

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