En Morena, ruta caótica

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
@msalinas21
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Lo que sucede en Morena (y deja de suceder) concita la atención porque se trata del partido que ha ganado la mayoría de los espacios en disputa en las dos más recientes elecciones. En 2018 ganó tres de los 11 ayuntamientos, con lo que gobierna al 80% de la población, y en junio pasado nueve diputaciones, por lo que junto con sus aliados PVEM y PT sumarían 15 de las 25 curules locales. Ya tiene uno de los tres Poderes y a la población de los municipios más relevantes por su demografía.

Por eso las turbulencias y grescas en su interior alertan más allá de su entorno; y desgraciadamente para ellos se exacerban otra vez con la victoria casi definitiva de Édgar Gasca Arceo por la vía plurinominal, otorgada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación el jueves pasado, la cual debiera consumarse en la sala superior, prevén los expertos.

¿Por qué otra vez? Gasca Arceo responde a uno de los grupos quizá más “radicales”, al de Marybel Villegas Canché, y no solamente buscará mandar en su bancada (por lo tanto coordinaría la Junta de Coordinación Política, abreviada JUCOPO), sino que acelera la carrera para los comicios de 2021 cuando se renovarán los ayuntamientos; y como Gasca pretende Isla Mujeres, las conjeturas son obvias.

¿Lo postulan a él para la XVI Legislatura? El problema es que sin consenso pleno entre las partes se imponen la experiencia y la astucia, en lo que sí aventaja el exdiputado. Más aun: un eventual polo de poder en manos de Villegas deja descobijados a los otros sectores, representados por Jesús Pool Moo, José Luis Pech Várguez y Luis Alegre Salazar, quienes probablemente lamentarían no haber hallado los acuerdos antes de fortalecer a los cuestionados.

Como antecedente que suma a dicho contexto: en los ámbitos estatal y nacional se jalonean también por los cambios en las respectivas dirigencias que cambiarán en octubre y noviembre, por lo que la JUCOPO es un gran primer bastión, desde el cual podrían facilitar los caminos hacia 2021 (como se planteó en párrafos anteriores), y sobre todo para el 2022, año de la sucesión en la administración estatal, “la madre de todas las batallas”.

Todo ello, aunado a supuestos paladines de un gobierno federal que parecen alejados de la vida partidista, configura esa atmósfera enrarecida que en los círculos de análisis se mira con interés porque urgen los consensos; claro está, que en todo caso beneficien más a la sociedad que a los protagonistas de este juego político-electorero.

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