No merecía Carlos Joaquín la cínica crítica de sus `aliados´

Destripacuentos

Antonio Callejo
callejotv.com
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El gobernador, Carlos Joaquín González, llegó menos acompañado a su Segundo Informe de Gobierno. Sus aliados, a quienes llevó prácticamente cargando a cuestas al gobierno y al Congreso del estado, marcaron una cínica distancia; se desmarcaron de la corresponsabilidad que nunca asumieron en el ejercicio del poder, y fijaron pública y abiertamente una nueva posición de francotiradores.

Es demasiado temprano, pero las traiciones madrugan.

Apenas va un tercio del trayecto que habrá de recorrer para completar su sexenio, y aquél equipo de campaña, con el que ganó rotundamente en 2016, en los hechos nunca hizo `equipo´.

Y no merecía Carlos Joaquín esos deslindes.

Veamos:

El caso ejemplar lo constituye el diputado `independiente´ (ahora sabemos que en realidad es un legislador sin partido, pero nunca independiente), Emiliano Ramos Hernández, tuvo el descaro de exigirle al gobernador “cambios y ajustes” para enfrentar el problema de la inseguridad.

Pero ¿acaso Ramos Hernández no forma parte de esa Gran Comisión y de la XV Legislatura que designó al fiscal y otros funcionarios?

Ahora Ramos Hernández perdió la memoria. Como si su esposa nunca hubiera trabajado como subsecretaria de Gobierno en atención de organizaciones de la sociedad civil, y como si su hermano Alejandro no fuera el director de Transporte en la decepcionante Sintra.

Emiliano o `Emy´, como se hace llamar en redes sociales, dio el salto al `morenismo´ haciendo labor de zapa en contra de la coalición que llevó a Carlos Joaquín al gobierno del estado, y a él mismo encaramado de a `caballito´.

Ocurrió exactamente lo mismo con el diputado Carlos Mario Villanueva Tenorio, cuyo discurso inconexo y bipolar empezó por recordarle al gobernador que ahora es `amloísta´ y no `joaquinista, porque su partido, el PES, “es el único partido de la coalición nacional de Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social con representatividad ante esta XV Legislatura”.

Para luego espetarle que:

“… la inseguridad y la percepción de una falta de atención y resultados en esta materia, realmente preocupa a nuestros ciudadanos, por ello exhorto a los gobiernos federal, estatal y municipal a reforzar las estrategias en materia de seguridad”.

Ambos legisladores llegaron a la Gran Comisión sin ningún mérito político-electoral. No tenían ni tienen capital entre el electorado. Se montaron en la `carreta´ de la campaña de Carlos Joaquín, llegaron a esos puestos para mantener el mismo estilo de cualquier legislatura pasada. Pero peor, porque mienten haciéndose pasar por demócratas.

Ahora se presentaron como presuntos legisladores `críticos´. Pero eso se llama cinismo.

Carlos Joaquín aguantó estoico la insolencia de sus otrora aliados y beneficiarios. Ni siquiera optó por improvisar alguna línea para recordarles a esos personajes cuánto han recibido de esta administración, de la que hoy toman una inconcebible distancia.

El gobernador desgranó en el resumen de su glosa una serie de indicadores financieros, administrativos y de programas sociales que pueden ser la envidia de cualquier otra entidad del país.

Saneamiento y estabilidad de las finanzas públicas, primer lugar en generación de empleos y confianza del sector privado para invertir; incrementos en la afluencia de visitantes, así como en la captación de divisas.

Y no eludió referirse al problema que perciben los ciudadanos. El de la inseguridad.

Hay que ser bien claros aquí.

Quintana Roo, especialmente las ciudades del Norte como Cancún y Playa del Carmen, sufren de una inédita ola de asesinatos, cuyo entramado social no se ha terminado de abordar de una forma sistemática ni académica.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), tiene indicadores que demuestran que Quintana Roo logró reducir los índices delictivos de conductas como el robo con violencia, secuestro y extorsiones.

Sin embargo, tal y como ocurre en otras entidades, los asesinatos se han disparado.

Ningún organismo dedicado a la investigación social ha presentado algún trabajo de sobre lo que está sucediendo, para entender bien sus causas y para proponer política públicas de precisión para abordarlo.

No sobra decir que a su llegada a la Gran Comisión, Eduardo Martínez Arcila y Emiliano Ramos Hernández, una dupla de fiero apetito saqueador, despidieron a todos los integrantes del Instituto de Investigaciones Jurídicas del Congreso del Estado, que realizaban tareas con alta sensibilidad social.

Actualmente ese Instituto es todavía bastión de Emiliano Ramos, quien tiene ahí de director a Arturo Guilbert Ruiz y a dos miembros de la familia Estrada Peña (primo y hermano) de la actual directora del Instituto para la Cultura y las Artes (ICA), con niveles de Dirección y sin dar un golpe con la neurona ni con la computadora. Mientras Emiliano se dice protegido de AMLO, los Estrada Peña dicen que le deben su estabilidad al ex presidente del PRD Agustín Basave Benítez.

Total que el Instituto mantiene a unas 30 personas con excelentes salarios que ni AMLO podrá reducir en un 50%, pues ahí se refugió la aristocracia amarilla del decadente PRD.

Un desprestigiado presidente de la Gran Comisión, que no ayuda pero estorba

Por su parte, Martínez Arcila presumió de que esta fue “la segunda ocasión en la que Carlos Joaquín acude al Congreso para escuchar el posicionamiento de los partidos”.

Desprestigiado y señalado de ser tanto o más corrupto que sus antecesores (sigue sin aclarar el destino de 100 millones de pesos en apoyos fantasma), Lorenzo Eduardo no operó nada para hacer pasar un mejor momento a su `aliado´.

El discurso de su compañera panista, Eugenia Solís, cometió la insolencia de agredir en su presencia al próximo delegado federal, Arturo Abreu Marín, quien acudió como invitado (se entiende que de la propia Legislatura), para escuchar ese exabrupto, totalmente fuera de lugar y de momento.

Carlos Joaquín no sólo ha dado la bienvenida a Abreu Marín, sino que además acudió pronto, como este mismo fin de semana, a trabajar en coordinación con el equipo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. Se reunió con los gobernadores del Sureste y con el mismo AMLO para revisar el proyecto del `Tren Maya´.

Pero Arcila y Eugenia Solís ya trabajan por lo suyo, sin hacer equipo con Carlos Joaquín.

Haciendo equipo, el Partido Verde

Llamó la atención, en este contexto, que el respaldo y la corresponsabilidad que sí merecía el gobernador por parte de aquellos políticos a los que benefició generosamente, surgió por parte de otras bancadas, como por ejemplo la del Partido Verde.

Santi Montemayor fijó un posicionamiento de bancada que cobijó al Ejecutivo, que se sumó a sus logros, pero también a los pendientes. Tendió la mano y se incluyó en la tarea conjunta de gobernar para los quintanarroenses, más allá de discusiones baladís y debates huecos, “que solo sirven para el entretenimiento”.

Así las cosas, queda claro que el gobernador tiene que repensar sus alianzas para continuar el trecho que le falta, y que no es poco. Sus antes aliados hoy son abiertos adversarios, por acción o por omisión, y sus adversarios le extienden una invitación a sumarlos. @AntonioCallejo

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