Onerosa salida del trienio legislativo

Ante el desequilibrio de resultados de los diputados del emblemático Poder Legislativo del estado de Quintana Roo, que en realidad no dieron ni un apoyo al pueblo, al cual una sociedad no puede alcanzar desolación al verlos partir en el fin del ciclo legislativo.

Los representantes populares suelen mantenerse en la opulencia por varias razones, vehículos propios, vales de gasolina, boletos de avión -los lejanos- siendo la más significativa las prerrogativas y dietas para atender su distrito, mantener la mayor armonía posible y la mayor cantidad de tiempo. -Ahora les darán su “premio” por tan exhaustivo trabajo.

El Congreso del Estado analiza la situación financiera para otorgar un bono a los 25 diputados y a 600 trabajadores, lo que sería adicional a la liquidación de estos legisladores (82 mil 500 pesos cada uno) y los cerca de 100 eventuales.

Así lo confirmó el oficial mayor del Poder Legislativo, Gerardo Martínez García, quien admitió que este bono no está contemplado en ninguna ley, pero se hace por “usos y costumbres”.

Se podría extender más en esa danza de los millones aun con los más discordantes diputados, los que estuvieron en un juego de ping-pong en el cual se aducen guías y conciliadores, como delirantes, si los pueblos no tuvieren la suficiente inteligencia para identificar a sus potenciales destructores si son presas fáciles de los encantadores del mal.

Al finalizar la legislatura, cada legislador saliente recibirá su salario para este mes, de 66 mil pesos, además de su liquidación de 82 mil pesos, que cubre su finiquito, fondo de ahorro, proporcional de prima vacacional y de aguinaldo. Ufff, “si yo fuera diputado”.

Esto significa un gasto único de 3 millones 712 mil 500 pesos para los 25 diputados salientes, lo que se deberá sumar con la baja de los 102 trabajadores eventuales, que también deben ser liquidados.

Actualmente el Congreso del Estado tiene 161 millones de pesos restantes en su presupuesto, con lo que debe liquidar adeudos y cubrir la operatividad por los próximos tres meses.

Aterroriza ver a los diputados como “representantes populares” dirigiendo el futuro de la entidad quintanarroense. Se entiende que para llegar a ser un legislador debe, por lo menos, ser un tanto responsable con las cosas que se anuncian, y es lo contrario porque son una apología a lo irresponsable.

Por cierto, esos ahora diputados entrantes para seducir a que las personas votaren por ellos, puntualmente se ve cómo el mesianismo demagógico y chapucero se ha vuelto un estilo político que también se ha convertido en una buena receta para alcanzar el poder. Y el dinero público.

Nuevo hueso en el Congreso

El asunto del Congreso del Estado va y viene como esos temas de los cuales no nos podemos destantear porque las acciones cambian en ese cambio potencial que los de la saliente XV Legislatura con lo que hicieron pudieron llevar a trágicos callejones sin salida y túneles sin luz al final.

Una de las sorpresas de la nueva ley interna del Congreso del estado es la creación de la figura del secretario general. Este nuevo cargo no necesariamente recae en un diputado y, de hecho, se puede decir que está confeccionado para un externo.

Las cosas no se han materializado de esa forma, se espera la entrada de la XVI Legislatura imponiéndose sobre virtudes sociales. Para secretario general de la próxima legislatura suenan Arturo Castro y Emiliano Ramos, ambos de Morena. Aunque, también se ha mencionado a la panista Cristina Torres, que es diputada y, por lo tanto, tendría que pedir licencia.

Por lo general en el Congreso del Estado suelen ser aquellas que han logrado un equilibrio medianamente mantenido en el curso del tiempo. Esa manera de percibirse, en el sentido de sentirse agobiado por haber alcanzado, -como si 25 diputados no lo pudieran hacer.

De ese techo, en la mayoría no pasa el secretario porque es aspirar a más sin tener con qué. –Desafortunadamente así es-. 

un comentario

  1. a ver quien de esos parásitos dona la mitad de su liquidación para algún albergue o equipar a la gente que recolecta el sargazo. O por lo menos pagarle a un chayotero para que hable bien de su nefasto trabajo.

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