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A propósito del Mundial

laboladecristal

El mundial de fútbol es una de las sanciones más sentidas del conglomerado social considerándose como la gran fiesta del fútbol, convocada por la FIFA cada cuatro años, es tiempo propicio para hacer un paréntesis en la política.

Como un espectáculo multicultural, en la televisión la radio, la Internet y la prensa, con los partidos de fútbol se establece un verdadero diálogo entre culturas y civilizaciones, donde la confrontación deportiva no genera víctimas ni daños, como en la política.

Se trata de triunfar, pero se acepta la derrota para volver a empezar. En los juegos hay leyes claras y normas que se cumplen, con jueces que se respetan y se hacen respetar. Palabras como ganar, derrotar, vencer, defender, son solo expresiones que se quedan en el campo de las hostilidades en competencia, lo que permite el ir y venir de los jugadores para llevar el balón hacia el gol.

El fútbol también puede ser utilizado como ejemplo en el sistema político-electoral, cuando un partido o los contenderos se ponen al margen de la ley y se violan los reglamentos, puede ser separado de las competencias electorales.

Ha sucedido así en varios casos en época de procesos electorales como parte de ese sistema que tocó vivir en el pasado. Verbigracia, en el proceso intermedio local, al destacado político del partido Movimiento Ciudadano, Joaquín González Castro, quien había sido considerado candidato al Senado por el PRD, pero de los mismos pares salió una apelación al árbitro electoral como responsable de intromisión como extraño a la guerra interna de la escuadra perredista, por lo que entre otras sanciones aplicadas al delantero emergente, el árbitro tomo la decisión de excluirlo sacándole la tarjeta roja.

Solamente con los cambios que permitió el árbitro en el cuadro perredista a la revocación de González Castro, fue cuando se le permitió participar a Luz María Beristaín Navarrete en el equipo del PRD, con la alegría de los jugadores afines por la “zancadilla” aplicada al jugador conmilitante.

Frente a este fenómeno de masas, -como en el fútbol y en la política-, se mantiene un acercamiento diferente, al pensamiento ideológico de cada bandería, ojalá la estrategia y la táctica en la política se escribieran en la lógica del fútbol, competir para ganar después de un gran entrenamiento y profundos conocimientos, trabajar en equipo con la aceptación de las reglas, transparencia en las jugadas y aplicación de sanciones a las faltas.

Como en la democracia, el fútbol se ha adaptado a la evolución del mundo y dirige sus logros al establecimiento y al desarrollo de relaciones armoniosas entre los pueblos.

En esta oportunidad se están viendo a los equipos favoritos desde los televisores, en familia o con algunos amigos, ausentes de la emoción de las grandes masas en los estadios, que más allá de las jugadas, permiten establecer un diálogo entre culturas y civilizaciones.

En la cancha de fútbol los días de la competencia espectadores y jugadores viven la verdadera sensación del encuentro en la cadena de jugadas y goles que van tejiendo los distintos triunfos y derrotas.

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