¿Qué democracia y política necesitamos?

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Un cadáver más o varios cadáveres más, nos anuncian a diario algunos atrevidos medios de comunicación, ¿será sólo trasciende de nuestro mundo la calidad infame de la violencia?, hasta para morir se viene volviendo, algo común, alcanzar ese final con violencia. Pero si visualizamos las reacciones de quienes tienen la enorme responsabilidad de administrar la protección y justicia para las familias, no aparece ni un hálito de consciencia, tampoco lo vislumbramos en sus mensajes, ¿será en algún futuro esta violencia para matar pudiera cimbrar la consciencia de estos personajes públicos? ¿Será otro rostro de la banalidad de la maldad? (Hannah Arendt, 1906-1975)

Si usted se pregunta, como nosotros: ¿qué se observa en ese “discurso” de respuesta ante los hechos? Sólo encontramos justificativos, circunstancialidades y hasta se atreven a decir expresiones de relatividad, como si fueran “hechos eventuales” las múltiples ejecuciones. Tenemos el Estado de México, como la entidad donde el hedor de las muertes con violencia, crecen de manera irregular, sin control, al menos da la impresión de un quebranto irrefutable de la seguridad observable en 2013. Al menos las ejecuciones eran menor en cantidad. ¿Será impotencia de pensamiento y palabra?

El Estado de México ha registrado la presencia de miembros de cuatro cárteles, según han declarado el procurador local, Miguel Ángel Contreras, y la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la entidad. Allí describen cómo se distribuyen el territorio: “La Familia Michoacana mantiene primacía en el control de extorsiones, secuestros y narcomenudeo en poniente, oriente y en Valle de Toluca; Los Caballeros Templarios en fracciones del sur del territorio, hacia los límites con Michoacán; así como Los Zetas y células de Nueva Generación distribuidas en secciones del Valle de México y Toluca”.

Coincidimos con ustedes, amables lectores, y nos preguntamos: ¿Serán ellos los hombres que nuestra época requiere? o ¿Será que nosotros somos los equivocados en nuestra temporalidad? Algo debe andar mal, estas preguntas nos deben ayudar para encontrar la señal correcta, adecuada, pertinente para entender este magro fenómeno de la violencia y la escasa respuesta de los personajes del poder. ¿Por qué la desatención oficial? No encontramos una explicación racional para la sobrevivencia del fenómeno.

La impunidad sigue, prevalece, resulta curioso de creer en esta excepción del correctivo, como también muy patético prosiga este fenómeno de la violencia hasta para morir. ¿Por qué se desconocen quienes realizan estas fechorías? ¿Por qué no hay algún detenido por esas muertes violentas, las ejecuciones? ¿Qué tanto involucramiento existe de las autoridades de seguridad pública? ¿Cuáles las incapacidades de los hombres del poder para ejecutar un golpe de timón? ¿Qué falta?

¿Será, esta etapa postdemocrática que vivimos nos falta comprenderla mejor?, sí, entendiéndola como el distanciamiento de los ciudadanos de sus mandatarios, esa distancia entre los electos para el ejercicio administrativo de gobierno y la población con capacidad del voto. La pérdida de respuesta de los partidos políticos a las demandas ciudadanas; su giro hacia la imposibilidad de alternativas con solución. Así como esa desconsideración de las elites del poder hacia los requerimientos de la sociedad.

¿Será que su pragmatismo les impide encontrar alguna congruencia con la sociedad? Pues, podemos entender cierto incumplimiento de las responsabilidades, dedicarle tiempo a los enajenamientos patrimoniales, pero asumir una actitud endogámica, tampoco parece la mejor alternativa para el sufrimiento de muchísimos miembros de la familia mexicana. Entendiendola como esa actitud social de rechazo para la atención e incorporación de miembros ajenos a su círculo, grupo o ambiente.

Nuestra nación está muy herida. Muchos países como organismos internacionales así nos observan, la OCDE en su último reporte ¿cómo va la vida? (2013), hecho público ayer, describe con puntualidad nuestras carencias: “En relación con otros países de la OCDE, México sólo ha obtenido buenos resultados en algunos de los 11 parámetros que la OCDE considera esenciales para una buena vida. México está por encima de la media de la OCDE en bienestar subjetivo, pero por debajo en compromiso cívico, vivienda, calidad ambiental, salud, contactos sociales, equilibrio laboral-personal, trabajo y salarios, ingresos y riqueza, seguridad personal y educación y competencias”.

PD.- ¿Qué tan dignos somos para una mejor democracia y una alta política? Dejemos la simulación, iniciemos con intención modificando todo lo malo. ¡Pero…ya!

viborianus@gmail.com  Twitter:@viborianus   www.viborianus.com

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