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Sálvese el que pueda

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La vida empeora día con día en la ciudad.

La que un día fue un sitio de bondad, en donde el saludo amable iba y venía por todos lados, hoy no lo es más. Hoy, cuando das un paso en la calle, siempre te vas con la idea de que en cualquier esquina podría salirte un imbécil que acabe con tu vida para siempre.

Antes el riesgo era latente para quienes hacían ostentación de una vida cómoda, para quienes tenían una mansión y por lo tanto una cuenta bancaria con los suficientes ceros a la derecha que te permitieran llevar una existencia sin sobresalto en lo que a cuestiones monetarias se refiere. Eso ha pasado a la historia. Hoy cualquiera es susceptible de ser víctima  de la delincuencia que trae locos a la mayoría de los chetumaleños.

Entre la gente de dinero, es vox pópuli que varios de ellos están empacando sus cosas y se están yendo a Mérida, Yucatán. Dicha ciudad tiene bien ganada fama de ser una de las más seguras en todo el sureste y por lo tanto es codiciada por quienes tienen el suficiente billete como para de buenas a primeras llenar el camión de mudanzas y largarte con tu fiesta a otra parte.

Gente de rancio abolengo, de esos que en su tiempo acumularon el suficiente dinero que hoy les permite una vida sin sobresaltos, ya pasan gran parte de su tiempo en la llamada ciudad blanca disfrutando de una tranquilidad que en Chetumal hace ya mucho tiempo perdimos por completo.

En la ciudad en donde antes nos espantábamos cuando de pronto en la sección policiaca de los medios de comunicación nos enterábamos de un marido golpeador, hoy es habitual enterarnos de que una familia más guarda el luto que le corresponde a un familiar que cayó víctima de los malosos.

Este fin de semana, un personaje destacado de la política del patio cayó víctima de la delincuencia. Una puñalada le quitó la vida. En un abrir y cerrar de ojos hay una viuda y dos huérfanos más. Y eso es terrible por donde se le quiera ver.

La violencia nos ha llegado con su poder brutal, aniquilante. El miedo, aquel que hasta no hace mucho tiempo desconocíamos, hoy es habitual entre nosotros. La desconfianza se nos encaramó en las espaldas. Ya no confiamos ni en las mismas fuerzas policiacas.

No tiene mucho tiempo que eso les pasaba a otros. A través de los medios de comunicación nos enterábamos que había lugares en donde la vida común, la del ¿hola, cómo estás?, era simple y llanamente imposible. Temblábamos cuando leíamos que sus problemas los arreglaban a punta de balazos. Y agradecíamos que nosotros fuéramos tan civilizados, tan correctos, tan amistosos.

Nunca nos imaginamos que un día nosotros íbamos a ser noticia también en los periódicos. Jamás nos pasó por la cabeza que un día escucharíamos los gritos lastimeros del vecino pidiendo auxilio porque la desgracia tocó a su puerta.

Y menos pensamos que nosotros mismos seríamos las víctimas. Veíamos muy distante la posibilidad de que la desgracia aleteara en nuestra nuca. Ni de relajo supusimos que un día la noche, tan nuestra, tan fresca, tan caribeña, nos sería requisada para siempre. Que la oscuridad, alguna vez cómplice de los enamorados, alguna vez testigo de tantos arrumacos, hoy es una herramienta más de los rufianes.  

Colis2005@yahoo.com.mx  

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