Se conmemoró la Constitución Política de México en Chetumal

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Tener esperanza significa vivir en sana convivencia, esa necesidad de vivir en relación con los demás, con la historia y con la realidad. Sólo así se alcanza la libertad. Tenemos una libertad que necesita de una convicción, una convicción que no existe por sí misma, sino que ha de ser conquistada comunitariamente siempre de nuevo.

La libertad y el bien existen como realidades plenas. Ellas siempre han de ser construidas y buscadas, implica un esfuerzo continuo por participar en la construcción de un horizonte común para sanar nuestra identidad, de lo contrario simplemente sobrevivimos.

El Gobierno del Estado conmemoró en la capital de Quintana Roo, ciudad Chetumal, el 98 aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos con una ceremonia cívica realizada por la Oficialía Mayor de Gobierno en el parque “Las Casitas”, al lado del busto elegido en memoria de don Venustiano Carranza.

El discurso oficial fue pronunciado por Raúl Enrique Labastida Mendoza, Consejero Jurídico del Poder Ejecutivo, quien dijo que nuestra constitución no es únicamente el conjunto de las reglas básicas y superiores que rigen la vida social, garantizando con ella los derechos fundamentales de todos y señalando los límites y responsabilidades de los poderes públicos electos popularmente para servir a todos, sino que es también un proyecto arquitectónico de construcción justa para el edificio social que deberá albergar por siempre a toda la familia mexicana.

Es común escuchar que ya no hay ninguna esperanza. La desesperanza es el sentimiento que une a muchos y tiende a propagarse en forma veloz e incontenible. Cualquier atisbo de esperanza parece sucumbir ante la dureza y la crueldad de la realidad.

Nacida de los derechos elementales del pueblo, la Constitución implica a ampliar esos derechos y es así que, de las tradicionales garantías meramente personales, accedemos a los derechos de las colectividades y los pueblos: a los derechos sociales y colectivos, a los derechos a una vida sana en un entorno natural físico y social, también sano y a los derechos de preservar la solidaridad ciudadana como garantía de seguridad en la convivencia y en la búsqueda constitucional para superar diferendos, litigios y conflictos.

Para garantizar esos derechos y promover su desarrollo y ampliación se crearon instituciones jurídicas como lo son el Estado mismo, o los poderes públicos, los cuales no tienen más que el exclusivo objetivo de servir, en los términos estrictos que señala la propia Constitución, al pleno disfrute de los derechos fundamentales de los mexicanos, ellos plasmados en el manifiesto constitucional político de México.

Lo contrario a la esperanza es la abulia, la apatía y la indiferencia. Por eso, la esperanza resucita del desánimo, de la indolencia y establece un horizonte de vida. Esperar algo implica plantearse decididamente unos objetivos claros en la vida en función de construir una situación distinta, permite reestructurar la realidad y motiva las fuerzas para alcanzar las metas deseadas; permite despertar la pasión por lo posible y la confianza en la transformación de todo aquello que parece imposible de lograr.

Dentro de los amplios, justos y fructíferos límites de la Constitución, es la vía adecuada para que la sociedad y los particulares podamos acceder a los más óptimos niveles de convivencia, seguridad y desarrollo; “porque el respeto a la Constitución, no es únicamente responsabilidad de la autoridad, sino fundamentalmente es la inexcusable vocación del ciudadano, ya que con ello se garantiza el disfrute de las libertades democráticas y se acota toda posibilidad de tiranía, toda violencia entre particulares y toda tentación de ejercicio corrupto de los poderes públicos o facticos. Más que la autoridad o los Tribunales, es el ciudadano particular el responsable y garante máximo de los principios constitucionales” -enfatizó el orador.

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