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¿Seducir, en vez de consensuar?

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con la reformaSucede con gran frecuencia, entre los aliados, socios o cómplices darse ánimo entre ellos mismos, para tratar de impactar entre las personas en su alrededor, sobre determinados hechos, del cual también pueden ser beneficiarios; aunque una gran mayoría dude o bien permanece en el escepticismo, por los probables efectos e impactos, sean sociales, económicos como políticos, por las medidas puestas en operación.

Estos probables favorecidos, podrían ser quienes gozarían del usufructo de sus superiores, entonces en esa medida actúan, no sólo protegiendo los intereses del principal sino también los residuos, pues de ello se sustentaran. Promueven algunas “bondades” del proyecto en cuestión como si realmente existieran, si los escuchas, en las entrevistas por radio o tv, hasta pueden convencerte, seducen con sus palabras, con sus apologías.

Las ponderaciones van más allá de la credulidad, buscan penetrar en aquella ingenuidad observadora y receptora, en el candor de los individuos de enfrente; pero, muchas veces ajena a la reflexión, al análisis, al comparativo no sólo de la experiencia, sino con el de otras regiones, con otros espacios similares. ¿Cómo distinguir las palabras cuando traen algo más que la calado informativo, cuando transportan el sonido seductor?

Los fonemas, los sonidos del habla, llevan el elemento de poder, pues constituyen la transformación del individuo o bien moldean la mente de quien las escucha, de quien las recibe. Al escuchar una voz percibimos diversas sensaciones, quizá no importe lo que diga sino como lo dice, en ello va el impacto, en ellas va la seducción. En ellas va incluida la perversidad del emisor, la intencionalidad del mensaje.

Así, hoy recorren diversos espacios mediáticos, los escasos promotores de las aprobadas reformas, llevan esa intencionalidad: la de convencer a los ciudadanos, con alegres vocablos de aquello que debiera haber sido promovido e informado antes de su ingreso al congreso. Se reprimió a la ciudadanía de conocer en contenido de la propuesta antes de los efectos, ahora se recorren los medios, sobre todo los ad hoc, para enterar o notificar a los ciudadanos de la nación de lo aprobado.

Pareciera un bonito ejemplo de democracia, pero con todo el respeto a nuestros vecinos, parecen campechanos. Fue propuesto al revés, metieron las iniciativas a espaldas del pueblo y sesionaron acuartelados y amurallados con trincheras metálicas para impedir escuchar la voz del pueblo. Los alrededores de ese congreso fue un cuartel, los sótanos el espacio donde pernoctaban las fuerzas de seguridad del Estado mexicano, por si algún grupo osado cruzaba los parapetos de acero.

Ahora vemos mensajes como el del director de Pemex Emilio Lozoya, en una entrevista con The Wall Street Journal, donde desestimó por completo que cualquier consulta popular pudiera revertir la Reforma Energética. Palabras -más o menos- les aseguró, mejor dicho les ofreció la garantía a los posibles inversores de que: ningún referéndum tiene validez sobre asuntos fiscales o presupuestales. Por si sentían o vislumbraban probables riesgos por las amenazas vertidas por la izquierda mexicana.

Así también vertieron elogios en The Whashington Post sobre la apertura de Pemex a la empresa privada. Hasta denominan a esa aprobación de la reforma energética como un acto de sublime democracia. Ahora, por doblegarnos a sus intereses, incluso nos encumbran dentro de los países democráticos por responder a las peticiones de sus mercados. México demostró cómo una democracia funcional puede derribar uno de los problemas más grandes y sensibles de una nación”. La nota del The Whashington Post concluye así: “México se está convirtiendo en el productor de petróleo de América, y en el modelo de cómo la democracia puede servir a un país en desarrollo”.

Quizá muchos apátridas también anden con su cencerro o pandereta bailando al son de la alegoría por la apertura-entrega de los recursos petroleros a particulares de los Estados Unidos. Pregonan desde ahora algunos beneficios que se pudieran conseguir si se actuara con menor corrupción, en dos o tres años al menos. ¿Qué tan gratuitos son esa retahíla de halagos o cuál el elevado costo por el atrevimiento de llamarnos hasta el elevado pináculo de una democracia en medios de EE.UU.? Todo para intentar seducir a una enorme ciudadanía discorde con esas reformas.

PD.- ¿Sabes en qué me parezco a la Navidad?  — ¿En qué? —En que se te coloca una sonrisa después de una noche buena conmigo.

PD.- “Seducimos valiéndonos de mentiras y pretendemos ser amados por nosotros mismos”. Paul Géraldy (1885-1983) Poeta y dramaturgo francés

viborianus@gmail.com    Twitter:@viborianus   www.viborianus.com

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