“Si el sexo fuera deporte, tendría muchas medallas de oro”

Mujeres tejiendo su historia           

Mary Ortega Ruiz                                                                                                 

Algunas mujeres son enfermas o víctimas que buscan a un agresor o agredirse inconscientemente, son suicidas en determinado nivel psicológico y con este concepto investigamos su despertar. Estas mujeres valientes aprendieron a amarse y ahora remiendan los dolores de su corazón con telas nuevas y narran su historia de guerreras victoriosas…

Cuando sólo tenía 15 años, Miriam fue llevaba a un burdel por el novio. Sí, por su pareja, en quien confió y le arrebató la virginidad y la inocencia por unos pesos. Y allí se quedó. Ha sido prostituida más de 30 años, saltando de un establecimiento de venta de sexo a otro.

“Yo solo hacía lo que me enseñaron a hacer de pequeña, era lo único que sabía hacer”–cuenta a sus 50 años, al recordar el horror por el que pasó.

“Soy Miriam y esta es la historia de mi vida”. El mismo hombre que te hace puta, en otro barrio es novio o un marido y padre.

Si el sexo fuera un deporte, tendría muchas medallas de oro: la vida en un burdel para cada mujer o niña que ingresa es incierto, no sólo se pierde la dignidad, también se oculta el dolor con las adicciones.

Todo empezó cuando mi madre me descubrió teniendo sexo en su cama con mi novio, que al llevarme de la secundaria a casa y verificar que no había nadie abusó de mí.

A mi madre la criaron así, pensando que una señorita que no salía de su casa virgen, casada, vestida de blanco y con velo largo ya no valía nada.

Así que, como Pilatos, se lavó las manos y me corrió de la casa con lo que traía puesto para que mi novio cargue conmigo, pero nunca imaginó que ese mismo día él, que decía amarme, me llevó a un burdel. La Madame le dio un dinero y me encerró en un cuarto, dijo que con una semana sin comer todavía podía venderme como virgen. Y me dejaron allá, en esa situación.

Creí que no valía nada y que mi madre y familia jamás me perdonarían, pero además me dijeron que si escapaba mataban a mi familia; entonces aprendí a drogarme para soportar ese infierno en que yo misma me metí al creer que el amor existe…

Estuve casi toda mi vida de lugar en lugar. Tuve dos hijos, imagínense, los crié en la prostitución. A los 16 tuve a mi muchachita, a los 20 tuve el muchachito. Obviamente, no sé quiénes son sus padres y la dueña del burdel nos mantenía encerradas para que no habláramos, ni escaparnos.

¿Qué es lo peor de ser prostituta? Todo, todo… Ser prostituta es una tortura supuestamente consentida porque hay dinero. Pero es un tormento permanente, las 24 horas del día, siete días a la semana, embarazada, con el periodo, enferma, con post parto, luego de ser madre por descuido y que ya no se puede abortar, te amenazan con quitarte a tus hijos y lo único bueno es que les daban una vida normal a los niños, había gente que los cuide, lleve a la escuela y si nos portabamos bien los veíamos hasta tres veces a la semana.

Es una tortura, día y noche, un día tras otro. Es un martirio ejercitarse, el vestirse, el tenerse que arreglar, bañarse, sonreír, que ponerse la minifalda, usar siempre los tacones… Una tortura consentida por dinero, sí pero en el fondo del alma nos queda algo bueno como para soñar en un mejor futuro.

Precisamente, porque hay dinero por medio a las prostitutas no se las suele considerar como víctimas…sino cosas. Sin saber la historia real de cada una y cómo llegamos a ese nivel.

Sí una mujer de familia es violada, por ejemplo, tiene la ruta de atención, y sí, fue un episodio muy doloroso en su vida el haber pasado por una violación, pero la mayoría de las veces la atienden. En cambio, una prostituta pasa por eso 10, 15, hasta 20 veces al día. Pero las mujeres de la sociedad son las que más nos desprecian.

A mí me tocó. Cuando estaba en situación de prostitución, eran veinte veces al día o más cuando era joven. Yo terminaba con mi vagina hinchada, echándome en las noches vaselina o alguna crema refrescante para poder dormir y trabajar al día siguiente y además el padrote que nos protegía para no ser golpeadas por los clientes, se llevaba más de la mitad de las ganancias; la cuestión es que nunca tenía dinero para ahorrar y se enriquecían otros, menos nosotras.

 Y si no puedes dormir no importa, porque igual tienes que madrugar. Todo el día trabajando. Yo no sé qué es lo peor: si es el abuso de tu cuerpo, la penetración de tu alma, la entrega de tu ser… No sé. Lo único que te planteas es: me toca hacerlo y punto.

Eso no es un trabajo, y hay que seguir diciéndolo y gritándolo. Hay que sacar de nuestro vocabulario y sobre todo de nuestras cabezas que la prostitución sea un trabajo. Y no, no se puede regular. ¿Cómo se va a regular, pregunto yo, cuantas veces me penetran cuántos castigos tengo que soportar en esos lugares?

No, eso no es un trabajo, y no se puede regular. La prostitución es un delito contra la humanidad, contra las mujeres que la sufrimos. A muchos hombres les parece aceptable pagar a cambio de sexo. Porque ese es el valor que nos dan a las mujeres. Nos consideran cosas que se pueden usar, abusar y comprar. Sin embargo ahora la mayoría prefiere homosexuales y muy pocos hombres siguen pagando por sexo; en su mayoría son enfermos sádicos.

No sé si estoy siendo muy ingenua, pero creo que un comienzo sería el desarrollo de nuevas masculinidades, de nuevas relaciones entre hombres y mujeres y la puesta en marcha de programas de prevención que metieran en el currículo primario de nuestros niños y nuestras niñas, el tema de los derechos de las mujeres y de los hombres como actores sociales responsables.

Hay que comenzar a cambiar la mentalidad que viene impresa en nuestros niños y nuestras niñas de que las mujeres tenemos que estar al servicio de los hombres. Ahora. Tengo una hija que es psicóloga, y el chico también trabaja…Pero me encargué de que aprendan a respetar al prójimo, sin importar su preferencia sexual y sobre todo a ayudarse unos a otros y no ser indolentes como la mayoría de la gente.

 Miriam junto con otras compañeras de burdel intercambiaron sus experiencias y aprendieron a elaborar artesanías, tejidos y cocina, lo que les permitió obtener ingresos suficientes como para dejar la prostitución, luego de ser despedidas por su edad y falta de clientes.

Hoy Miriam no solo vende antojitos en su negocio, sino que emplea de medio turno a mujeres y las aconseja para que no caigan en ese tipo de infiernos y protejan a sus hijas.

Agradezco las historias de hombres y mujeres que han decidido romper el silencio y buscar ayuda para librarse de una relación tóxica que ha causado en muchas ocasiones suicidios, adicciones y sobre todo dolor… Escríbeme en infinito_1963@yahoo.com.mx

2 comentarios

  1. Eres una mujer valerona, que bueno que aun en peores situaciones, lograste sobrellevar la educación de tus hijos y no estas amargad; dolida, si por como se les ve, como cosa, objeto sexual. Te felicito y a seguir luchando por la vida, por tu vida, por la vida de tus hijos o nietos.

  2. Hojalá muchos hombres que acuden a los burdeles puedan leer esta publicaciones interesantes; sin duda de tras de cada Mujer que trabaja o trabajó de sexoservidora, seguramente hay alguna historia difícil que contar.
    Si la masculinidad no estuviera tan perturbada e impregnada de tanta lascivia por la perversidad, los hombres se dedicarían a amar y recrearse con su esposa o concubina, entregándose a las delicias del amor apasionado y bendecido de una relación sana con una sola mujer de porvida.

Deje un comentario

Trece − siete =