Agoreros del mal

Como agorero del mal apareció el activista, Carlos Mimenza Novelo, con su endiablada aparición en un video a cuadro pateando una camioneta y dándole de manotazos, espetando improperios en una declaración flamígera e insultante aduciendo -cobardes a los chetumaleños-, “que no tienen pantalones, maricas”. 

No es relativamente nuevo en el proscenio público la aparición del agorero Mimenza, comenzó atrayendo reflectores cuando convocó a una manifestación feminista en el frontispicio del Recinto Legislativo de Quintana Roo con el resultado de haber levantado un pandemónium en contra de la policía ministerial gritando como un desquiciado -que lo querían acribillar-. 

Hacer de la cultura una opción válida de protesta por los improperios que adujo el agorero  Mimenza Novelo, insultante, tildando de cobardes y más con insultos al gentilicio capitalino de identificación otrora de paz y tranquilidad compartida entre propios y extraños. 

Huelga recordar. Cuando con valentía denodada el Comité Pro Territorio de Quintana Roo se levantó pacíficamente reclamando se atienda el dilema del terruño, unidos, como elemento clave de protección y defensa del aduar, -ese es el reto que se corresponde como chetumaleños.  

No existe ningún sistema de protección para las organizaciones a la hora de hacer manifestaciones multitudinarias que no sean pacíficas y sin intromisiones ajenas para que se puedan lograr eficientemente los objetivos siempre y cuando se cumplan con las responsabilidades ciudadanas y de respeto a los bienes públicos. 

Esa irresponsabilidad se refleja en las prácticas del momento actual, sin códigos de conducta, normas, procedimientos y hasta en instrucciones técnicas sin guías de carácter moral bajo acuerdos en las rutas a seguir y en los comportamientos previstos ante un sinnúmero de situaciones a las que puede verse expuesto el ciudadano, las nomenclaturas urbanas, vías de comunicación y plazas públicas. 

Ante los casos de pandemia Covid-19, los huracanes Beta, Eta e Iota, donde están en la vida cotidiana un día sí y, al otro, también, se les han aunado con el addendum de las manifestaciones multitudinarias catárticas de protesta feminista con intromisiones de aves de mal agüero y, entre ellos, otros agoreros del mal. 

Esa intromisión cuenta con la participación tanto de quienes tienen intereses políticos, como de provocadores en otras posiciones. Así mismo, otras partes interesadas.

El Gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, dirigió un mensaje a la población para informar sobre los sucesos ocurridos la tarde de este domingo en la ciudad de Cancún, en donde indicó que una manifestación pacífica de mujeres en pro de garantías para sus derechos fue utilizada por provocadores que con actos vandálicos causaron destrozos a instalaciones y bienes públicos.

La marcha del domingo, -indicó el gobernador-, contó con la presencia de provocadores y vándalos, que llegaron de otros estados del país, grupos de personas, con pasamontañas y mochilas que nada tienen que ver con las legítimas causas de las mujeres y que fueron contratados para ocasionar destrozos, generar miedo entre la población y afectar el prestigio de nuestro destino turístico.

“No se trata de grupos feministas. En realidad, son anarquistas pagados, que atentaron en contra de la paz de la ciudad, así como de servidores y bienes públicos, transgrediendo claramente los límites de la ley” expresó.

El gobernador detalló que se cuenta con información y que hay investigaciones avanzadas sobre quienes patrocinaron estas acciones en contra de Quintana Roo. Se cuenta, dijo, con imágenes de algunos líderes vinculados con grupos políticos y aseguró que se actuará con firmeza y que los actos no quedarán impunes.

Las autoridades estatales y municipales, dijo el gobernador, respetamos en todo momento la libertad de expresión y de libre manifestación.

Se trata de crear un sistema en donde, aunque no todos participen, sean activos pasivos y todos saldrán beneficiados. Pero cuando la manifestación es un factor tóxico es prácticamente imposible contar con un ambiente donde la inseguridad no sólo sea una percepción, sino que se mantenga como una evidente protección. 

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