Notas

Cinco años por tres muertes

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El conductor de un camión cañero manejaba en estado de ebriedad, perdió el control a velocidad y se proyectó contra una galera de la comunidad sureña de Allende (Quintana Roo), matando a tres personas de Oaxaca, entre ellos un niño de tres años y su padre de 24 años. La tragedia ocurrió el 15 de febrero de 2015, y ayer la Procuraduría de Justicia del Estado informó que un Juez sentenció a Felipe González Hernández a cinco años, cuatro meses y 21 días de prisión, por homicidio y lesiones culposas.

En la carpeta del juicio oral se estableció que el homicida tendrá que pagar por un muerto 344 mil pesos, por eso que llaman reparación del daño, además de 4 mil 95 pesos por los gastos funerarios. Pero además por las lesiones que causó a un menor tendrá que desembolsar 74 mil 766 pesos con 60 centavos. Justicia milimétrica, pues. 

“Es importante señalar que el Juez dejó a salvo los derechos de Felipe González Hernández, para la ejecución de sentencia y la reparación del daño por la muerte de W.Z.G. y el menor B.Z.G, debido a que la viuda y madre de las víctimas, no compareció a juicio”, precisa un comunicado de la Procuraduría que circuló ayer por la tarde.

El padre de familia de 24 años fue embestido junto a su hijo de tres años; ambos murieron. Pero por estas dos muertes el homicida no fue sentenciado, ya que la viuda y madre del niño no compareció en el juicio, según mi lectura del comunicado.

El conductor homicida iba con dos compañeros y todos iban consumiendo licor, según el testimonio de uno de ellos. Pero este antojo fue un asunto menor para el Juez.

Pero además el chofer alcoholizado dejó cuatro lesionados, entre ellos una niña de ocho años cuyos familiares estaban preparando la comida, una vez concluida su inhumana jornada laboral en los cañaverales de la ribera del río Hondo.

Me siguen sorprendiendo estos plazos tan prolongados para hacer eso que llaman justicia, y que es en los hechos una penalidad caricaturesca que deja en el desamparo a una viuda que no pudo soportar la carga de un juicio en tierra extraña y en el más terrible de los desamparos.

La justicia no debe ser tan glacial en nuestro país, y las víctimas deben valer mucho más que cinco años, cuatro meses y 21 días de prisión. Pero como cantó José Alfredo: “no vale nada la vida…”

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