Notas

Cosecha de reprobados

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Son verdaderamente alarmantes los resultados de los exámenes de ingreso al Servicio Profesional Docente en el nivel medio superior dados a conocer por la Secretaría de Educación Pública (SEP), que desnudan la triste situación de nuestra realidad educativa, ya que el 65 por ciento de los aspirantes a ocupar un espacio en el aula en alguno de los subsistemas de bachillerato resultaron “no idóneos” para estar frente a grupo.

En Quintana Roo, de los 747 aspirantes a ocupar horas frente a grupo en cualquiera de los diferentes subsistemas de preparatoria –Bachilleres, Cecyte, Cetmar, Conalep, etc.– sólo aprobaron el examen 260, aunque sólo una minoría con desempeño óptimo.

Esto es trágico, ya que los números fríos del proceso demuestran que casi dos terceras partes de los maestros no están calificados para dar clases, a pesar de que cuentan con títulos que avalan su grado de estudios, lo que debería ser certificación suficiente para sus conocimientos.

Pero los resultados demuestran lo contrario, y los filtros establecidos por el Instituto Nacional para la Evaluación Educativa exhiben una cruenta radiografía del porqué la calidad educativa en los planteles de todos los niveles está por los suelos.

Porque esas limitaciones académicas y cognitivas de los profesores se reflejan directamente en los estudiantes, que son aplastados vergonzosamente en las evaluaciones internacionales.

En el último informe de la famosa prueba PISA –Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes, por sus siglas en inglés– generado en 2012, los estudiantes mexicanos de nivel medio superior quedaron muy por debajo del promedio internacional tanto en habilidades matemáticas como en ciencias, ubicándose en ambos casos en los últimos 15 lugares de una lista compuesta por los 65 países evaluados.

Peor aún, en el mismo informe se señala que Quintana Roo se ubica por debajo de la media en matemáticas a nivel nacional, ocupando el lugar 20 de 29 estados evaluados, mientras que en ciencias está justo en la media, en el lugar 14 de 29. Es decir, estamos entre los eslabones más débiles de un país de por sí reprobado.

Lo sorprendente es que el nivel de reprobación de los estudiantes quintanarroenses es casi idéntico al obtenido por los que aspiran a ser profesores.

La falla es de origen, y si no se acaba con la corrupción y se sigue protegiendo a capa y espada a profesores mediocres, nunca saldremos del hoyanco.

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