Ecos de la rechifla de Macuspana en Quintana Roo

Tiro Libre

Anwar Moguel

Las imágenes y videos inundaron las redes como un tsunami: un desencajado Andrés Manuel López Obrador, evidentemente fuera de su zona de confort, regañando a pulmón a los asistentes a su mitin en su comunidad natal, Macuspana, por la rechifla generalizada contra el alcalde Roberto Villalpando y el gobernador Adán Augusto López, ambos de Morena.

A duras penas el presidente, un genio de la comunicación y del manejo de masas, logró controlar el descontento desbordante de una población que, si bien, aún tiene fe en el mandatario nacional, no otorga las mismas concesiones ni la misma confianza a sus autoridades locales, a pesar de que estas forman parte de las huestes guindas del obradorismo.

Y ese fenómeno se replica en todo el país, por lo que el presidente AMLO, tan acostumbrado al apapacho del pueblo, empezará a enfrentar ambientes cada vez más hostiles en sus giras presidenciales.

Quintana Roo no es la excepción. Si bien el cariño del pueblo caribeño hacia el presidente de origen tabasqueño es muy arraigado, siendo uno de los pocos estados donde AMLO triunfó con solvencia en las tres elecciones presidenciales en las que ha participado, la paciencia para los alcaldes que llegaron al poder gracias a su empuje y a la marca de Morena ya está llegando a su límite.

Hoy, Morena gobierna los tres municipios más grandes de la entidad; sin embargo, la aprobación que dan los ciudadanos a sus gobernantes municipales es reprobatoria.

A nivel nacional, varios ejercicios colocan a la alcaldesa de Cancún (Benito Juárez), “Mara” Lezama Espinoza, y al edil de Chetumal (Othón P. Blanco), Otoniel Segovia Martínez, entre los peores del país, en posiciones sotaneras que dan pena ajena.

De hecho, en la capital no hay duda alguna de que Otoniel Segovia es, aún sin terminar su gestión, el peor alcalde que haya pasado por el palacio de La Alameda. Así de grave es la percepción sobre su gobierno carente de resultados.

En Playa del Carmen (Solidaridad), Laura Beristain Navarrete tampoco está sobre un lecho de rosas, pues sus tumbos administrativos, su estilo caótico de ejercer el gobierno y su proclividad hacia los asesores extranjeros, le han hecho ganar el desprecio de sus votantes, incluyendo a aquellos que son parte de la base social de Morena.

El desencanto es patente. Y si AMLO no lo quiere ver -como no lo quiso ver en Macuspana- y no hay corrección de rumbo dentro de Morena, los quintanarroenses se lo dejarán saber en el 2021.

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