Notas

Fábrica de pobres

Punto Final

Jorge Cruz Escalante
Novedades Chetumal
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Las últimas mediciones gubernamentales señalan que en México aumentó en dos millones el número de personas pobres, lo que indica de manera contundente que las políticas públicas de combate a la pobreza son un fracaso, mientras la distribución de la riqueza nacional se concentre en pocas manos, cuando sabemos que quienes generan el bienestar son los que menos tienen. 

Vivimos en un sistema de gobierno que privilegia a los hombres del dinero, a los banqueros, empresarios de los medios de comunicación, empresas transnacionales, entre muchas otras más, a las que incluso les condonan multas millonarias, que sin embargo, no se las perdonan a cualquier mortal que se pase un día sin pagar el recibo de energía eléctrica. 

Con la reforma estructural, la riqueza petrolera pasará a manos de particulares, sean estos nacionales o extranjeros, quienes se beneficiarán de los recursos multimillonarios generados por la extracción, industrialización y venta del hidrocarburo,  sin que aporten una contribución del tamaño que lo hacía Petróleos Mexicanos para fortalecer las finanzas del país. 

Estamos en un país donde no se privilegia el esfuerzo de los millones de trabajadores mexicanos, que ganando sueldos miserables, enriquecen a otras personas sin que ellos mismos puedan disfrutar el fruto de su trabajo. No sirven de nada los discursos oficiales que hablan del combate a la marginación social y la pobreza, cuando la realidad nos indica que cada año que pasa, los mexicanos de clase media y baja viven peor. 

Los padres de familia que tratan de cortar el ciclo vicioso de la miseria mandando a sus hijos a la escuela, realizan un esfuerzo digno de todas las consideraciones, pero muchas veces, por falta de recursos, los jóvenes tienen que desertar para decepción familiar, pero sobre todo, para desgracia de nuestro país que necesita cada vez más y mejores profesionistas. 

Las autoridades encargadas de construir estrategias de combate a la pobreza, no quieren entender que la única forma en que los pobres dejen de serlo es robusteciendo nuestra economía y distribuyendo de manera equitativa la riqueza, porque si seguimos entregándoles dádivas para paliar su miseria, estaremos condenados a ser un país medianito, que incluso no puede ofrecer los mínimos niveles de bienestar a sus habitantes. 

No sirve de nada que a nivel macroeconómico se asegure que vamos caminando en el camino correcto, si las políticas públicas de contención y combate de la pobreza de millones de compatriotas, no se ven reflejados en el bolsillo de los que menos tienen. Por eso hay quienes no tienen otra salida más que enlistarse en las filas de la criminalidad, pues saben que al menos por un tiempo podrán disfrutar lo que se les ha negado durante muchos años.

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