Notas

¿Falta de sentido común?

viborianus 4

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Muchos nos preguntamos: ¿Por qué algunos personajes de la vida pública no reprimen sus ímpetus de polémica? ¿Por qué salir fuera de los inspiradores cánones de la comunicación? Esas preguntas no encuentran una respuesta coherente, lógica, al menos con algo de sentido común. No creemos sea por el simple ardor de violar las normas de la institucionalidad. La vida pública conlleva diversas intencionalidades y una de ellas es la de constreñir las emociones, el frenesí, la inmediatez de las respuestas. Dice un proverbio muy común en esas lides: “calladito te ves más bonito”. ¡Cumplirlo es la tarea!

Vimos recientemente con la aplicación del autoritarismo contra Carmen Aristegui, ante el doblez, cuando no complicidad de MVS, la intervención no pedida de un comunicado de la Secretaría de Gobernación, también fuera de oportunidad, de ocasión; pero a la vez con el peso de una implícita salvación para el gobierno; en sí resultó más acusatoria de aquella intervención que el propio silencio. ¿Quién mandó romper ese pertinente silencio?

Cuando los sucesos u hechos no trastocan o aluden el entorno, ni vale la pena la intervención; y aunque así suceda… si esta va cargada de falacias, el canon recomienda: ni tomarlas en cuenta. No hay necesidad de dar la nota cuando quién miente las puede utilizar como una estrategia para recibir información complementaria. En otras, pueden resultar implícitamente acusatorias, aunque se bañen de generosidad y de excelencia en su construcción. Resultan innecesarias y por lo tanto cabe exactito la locución latina de origen medieval: “excusa no pedida acusación manifiesta” (Excusatio non petita, accusatio manifesta).

libertad-de-expresionHasta pareciera un concurso para dilucidar al gobernante más agresivo con sus ciudadanos, o más aún, contra los periodistas. La organización internacional Artículo 19, en su informe de 2014: “Estado de Censura: Informe sobre la violencia contra la prensa”, presentado el marte pasado en la capital, muestra aterrantes datos sobre las agresiones en la administración Peñanietista: «cada 26,7 horas se agrede a un periodista» en México desde que el mandatario asumió el poder en diciembre de 2012. “Las agresiones a periodistas en México se han intensificado en la presidencia de Enrique Peña Nieto y van del homicidio y la desaparición a la tortura, penas de cárcel, clonación de publicaciones y el despido fulminante”.

¿Qué o cuál podría ser la interpretación de esta cauda de agresiones? Por una parte, los abusos contra comunicadores hablan de la «intolerancia» prevaleciente desde el poder a las voces disidentes o diferentes. Por la otra, “callar las voces” denunciantes de los abusos del poder para beneficios particulares. Darío Ramírez, director de esta organización internacional de defensa de los periodistas, ejemplificó con el caso de “Pedro Canché, un periodista maya encarcelado en agosto de 2014 por el simple hecho de denunciar la represión contra las personas de esta etnia, quien además ha sido torturado por policías municipales”. Artículo 19, a cargo de la defensa del periodista maya, abrió un blog para que pudiera narrar su historia en prisión pero el director de la cárcel decidió quitarle todo papel y pluma para evitar que escribiera. En la citada presentación también se mencionó el caso de “Luces del Siglo, una revista del estado de Quintana Roo cuya versión digital ha sido clonada más de 62 veces y la impresa ocho veces. El autor de la clonación es el gobierno estatal, que incluso llegó a distribuir ejemplares falsos en un evento oficial”.

Artículo 19 registró para 2014: las agresiones físicas o materiales fueron el 43%, las intimidaciones el 16%, las detenciones arbitrarias el 14% y las amenazas el 13%. Y el informe ofrece una geografía de estas agresiones: La capital mexicana «es donde más se agredió a la prensa», seguida por los estados de Quintana Roo y Veracruz. Artículo 19 considera que las dependencias mexicanas son «ineficientes» para perseguir las agresiones contra la prensa (¿Complicidad?).

“Estado de censura” es un diagnóstico del ejercicio a la libertad de expresión en nuestro país. El miedo, la impunidad y la violencia son elementos demasiado comunes para la prensa en México. El silencio o dirigir la mirada hacia otro lado no son opciones. La democracia es demasiado importante como para dejársela sólo a los políticos, así como el periodismo es demasiado importante como para dejárselo sólo a los periodistas. Ambos asuntos son de interés público y la lucha por su preservación le compete a toda la sociedad.

PD.- Nuestro optimismo lo limita a una visión de falta de sentido común. ¿Qué tan próximos podemos estar?

viborianus@gmail.com  Twitter:@viborianus   www.viborianus.com

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