Hay tiro

Gabriel Mendicuti está más puesto que un calcetín para lanzarse al ruedo.

Trae la política en las venas y por lo tanto le es imposible hacerle mutis a toda la batahola que se está armando en el municipio de Solidaridad ante el próximo cambio de gobierno.

En dicha demarcación prevalece algo parecido al caos, con un gobierno que anda de cabeza y que no le encuentra la cuadratura al círculo. 

Ante ese desastre, los posibles candidatos afianzan más sus posibilidades de llegar a ser los próximos inquilinos de un edificio en el que Gabriel, por cierto, ya despachó sin tanto contratiempo.

Gabriel, aficionado de hueso colorado al beisbol, es un estratega a la vieja usanza. 

No se sale del librito. 

Tomlasordeano de corazón, sabe que ya todo está inventado. 

Está consciente de que en esos terrenos en los que se mueve, nadie descubre el hilo negro, todo es resultado de acciones muy bien planificadas.

Sabe que sin su considerable dosis de  talento, sin preparación y sin el apoyo de la fanaticada, nadie llega a las “grandes ligas”, por más ganas que le meta.

Y, faltaba más, cual novato ansioso de gloria, se aplica en eso.

Gabriel, husmea, afina alianzas.

Gabriel, no deja nada al garete.

Administrador, al fin, sabe por dónde le entra el agua al coco.

“Llegará el más capaz”, dice.

Ya hay instituto político de respaldo. 

Ya hay apoyo que permita una campaña con amplias posibilidades de  arribar a un buen puerto.

Nada, pues, queda al vaivén de las casualidades.

Gabriel saborea el queque con queso de bola -muy sabroso por cierto- especialidad de la casa. 

Pide que le sirvan más café.

Antes de darle un prolongado sorbo, aspira con deleite el aroma que de la taza emana.

De allí, ipso facto, pasa a otro disfrute, el de la plática.

A estas alturas del partido, Gabriel trae mentalidad de cañonero nato, al estilo del  “Big Papi”, sabe que, o pega jonrón o lo dejan viendo visiones con el ponche.

Y, creánme, por lo que intuyo, no tendrá necesidad de retacar con corcho el bate. 

En un momento dado, puede conectar el estacazo que su amplio club de fans aplaudiría hasta el delirio.

Hay tiro.

Se pondrá buena la contienda.

Hagan sus apuestas.

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