Inició la batalla

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas 

Las elecciones de 2021 serán las mayores en la historia del país con más de 3 mil 800 cargos en disputa, en las 32 entidades, y un padrón que rebasaría los 96 millones de ciudadanos. En algunas se elegirá, ya sea gobernador, diputados locales o federales, o bien autoridades municipales; es decir, la efervescencia en su máxima expresión.

Son además las primeras que enfrentará el presidente Andrés Manuel López Obrador, lo cual le brinda una atmósfera especial a un ambiente que ya se percibe en torno a las alianzas formales o de facto que toman fuerza; los informes legislativos con pasarela incluida; los discursos partidistas de choque, o los cruces de los gobernadores con el gobierno federal por el pacto fiscal, la inseguridad y la salud.

En Quintana Roo ya se siente. El 2021 será una antesala para la sucesión en la administración estatal. El próximo año serán los cuatro distritos federales y los 11 ayuntamientos, por lo cual se anticipa una dura batalla entre quienes buscarán acomodarse lo mejor posible para el año que le sigue.

En ese contexto se entienden, por ejemplo, las filtraciones de los últimos días, cuando se divulgaron versiones acerca de la alianza PRI-PAN, repartiéndose ya, supuestamente, algunos municipios; las encuestas que favorecen y perjudican a ciertos alcaldes; la riña por la dirigencia estatal de Morena; los reacomodos en el Congreso estatal desde donde saldrán varios de los protagonistas para ambas citas, o las presiones en Movimiento Ciudadano para sacar de la jugada a un grupo. Eso y contando.

En el fondo, empieza a permear la idea de que se está en una campaña abierta y que ciertos gobernantes han perdido su periodo. Para tal efecto suenan los casos de Othón P. Blanco, Solidaridad, Lázaro Cárdenas, Felipe Carrillo Puerto o Bacalar. Y no: les resta año y medio para concluir, y cumplir. Sobre todo, se trata de lo último. ¿Son excusas las grillas, las desbandadas o los favoritismos para incumplir? No.

Un electorado cada vez más desencantado, pero igualmente consciente de lo que hacen y dejan de hacer sus representantes, no solamente puede abstenerse sino poner en jaque un sistema cuando la nación entera transforma –para bien o para mal, según quien mire– todas sus instituciones desde la raíz más profunda.

Los ciclos son inevitables en la política gubernamental. Por ley o mala costumbre, veremos en las calles a muchos viejos conocidos otra vez, y a pocos por conocer, porque en muchos casos serán los mismos de siempre: con todo y agenda.

Usted sabrá juzgar.

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