Notas

La Gran Comisión, amada o despreciable

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Novedades Chetumal
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Link original: http://sipse.com/novedades/la-gran-comision-amada-o-despreciable-javier-chavez-ataxca-247732.html

La Gran Comisión del Congreso es abominable o maravillosa, instrumento autoritario o justo pilar de la gobernabilidad, en función de la bancada que lleve el timón. Por ello es imposible que el bloque hegemónico decida sepultarla, a menos que sea convertido de nuevo en oposición por la varita mágica de los electores.

Fue en 2005 cuando fue promovida con mayor insistencia la necesidad de fulminarla, para parir una Comisión de Concertación o Junta de Gobierno que permitiría a las bancadas mayoritarias compartir el poder absoluto que incluye el manejo financiero.

En 2005 el PRI fue enviado a la lona, por lo que tuvo que pactar con Convergencia y el PAN para evitar que los aguerridos perredistas se apoderasen del poder legislativo; el gobernador Joaquín Hendricks sería relevado por el también priista Félix González Canto.

Manuel Valencia Cardín (Convergencia) capturó la Presidencia de la Gran Comisión. Y desde el primer minuto el PAN y el PRI impulsaron la demolición de la Gran Comisión para compartir el poder. Obviamente Valencia Cardín lanzó al cesto de basura sus peticiones, ya que el poder no se comparte.

Diputados-congreso1En esta Legislatura el PAN se apoderó de la Gran Comisión, respaldado por el PRD –su exitoso aliado electoral– y por los solitarios diputados de Nueva Alianza y Encuentro Social, cuyos diputados ingresaron a los deslumbrantes aposentos mientras priistas y verde ecologistas recibían el humillante portazo.

Los panistas hacen concha cuando les tocan el tema del timón, ya que pretenden permanecer en el trono en toda la Legislatura. Si acaso la bancada perredista puede reclamar la alternancia, pero sus diputados lucen conformes y son muy bien atendidos.

Como opositores, panistas y perredistas han arremetido contra la pieza de museo de la Gran Comisión, señalando que Quintana Roo está anclado en la prehistoria porque son escasas en nuestro país. Tales reclamos fueron ignorados por los petulantes priistas que disfrutaron la miel de ese poder desde 1975 hasta 2005. Pero si bien de 2005 a 2008 los priistas no presidieron la millonaria silla, el gobernador González Canto fue de su partido y autorizó la agenda.

No hay que ser un mago para saber si ahora el apaleado PRI apoya la idea de desaparecer la Gran Comisión, pero darán el viraje en 2019, si acaso la suerte les acompaña.

La Gran Comisión del Congreso es abominable o maravillosa, instrumento autoritario o justo pilar de la gobernabilidad, en función de la bancada que lleve el timón. Por ello es imposible que el bloque hegemónico decida sepultarla, a menos que sea convertido de nuevo en oposición por la varita mágica de los electores.

Fue en 2005 cuando fue promovida con mayor insistencia la necesidad de fulminarla, para parir una Comisión de Concertación o Junta de Gobierno que permitiría a las bancadas mayoritarias compartir el poder absoluto que incluye el manejo financiero.

En 2005 el PRI fue enviado a la lona, por lo que tuvo que pactar con Convergencia y el PAN para evitar que los aguerridos perredistas se apoderasen del poder legislativo; el gobernador Joaquín Hendricks sería relevado por el también priista Félix González Canto.

Manuel Valencia Cardín (Convergencia) capturó la Presidencia de la Gran Comisión. Y desde el primer minuto el PAN y el PRI impulsaron la demolición de la Gran Comisión para compartir el poder. Obviamente Valencia Cardín lanzó al cesto de basura sus peticiones, ya que el poder no se comparte.

En esta Legislatura el PAN se apoderó de la Gran Comisión, respaldado por el PRD –su exitoso aliado electoral– y por los solitarios diputados de Nueva Alianza y Encuentro Social, cuyos diputados ingresaron a los deslumbrantes aposentos mientras priistas y verde ecologistas recibían el humillante portazo.

Los panistas hacen concha cuando les tocan el tema del timón, ya que pretenden permanecer en el trono en toda la Legislatura. Si acaso la bancada perredista puede reclamar la alternancia, pero sus diputados lucen conformes y son muy bien atendidos.

Como opositores, panistas y perredistas han arremetido contra la pieza de museo de la Gran Comisión, señalando que Quintana Roo está anclado en la prehistoria porque son escasas en nuestro país. Tales reclamos fueron ignorados por los petulantes priistas que disfrutaron la miel de ese poder desde 1975 hasta 2005. Pero si bien de 2005 a 2008 los priistas no presidieron la millonaria silla, el gobernador González Canto fue de su partido y autorizó la agenda.

No hay que ser un mago para saber si ahora el apaleado PRI apoya la idea de desaparecer la Gran Comisión, pero darán el viraje en 2019, si acaso la suerte les acompaña.

La Gran Comisión del Congreso es abominable o maravillosa, instrumento autoritario o justo pilar de la gobernabilidad, en función de la bancada que lleve el timón. Por ello es imposible que el bloque hegemónico decida sepultarla, a menos que sea convertido de nuevo en oposición por la varita mágica de los electores.

Fue en 2005 cuando fue promovida con mayor insistencia la necesidad de fulminarla, para parir una Comisión de Concertación o Junta de Gobierno que permitiría a las bancadas mayoritarias compartir el poder absoluto que incluye el manejo financiero.

En 2005 el PRI fue enviado a la lona, por lo que tuvo que pactar con Convergencia y el PAN para evitar que los aguerridos perredistas se apoderasen del poder legislativo; el gobernador Joaquín Hendricks sería relevado por el también priista Félix González Canto.

Manuel Valencia Cardín (Convergencia) capturó la Presidencia de la Gran Comisión. Y desde el primer minuto el PAN y el PRI impulsaron la demolición de la Gran Comisión para compartir el poder. Obviamente Valencia Cardín lanzó al cesto de basura sus peticiones, ya que el poder no se comparte.

En esta Legislatura el PAN se apoderó de la Gran Comisión, respaldado por el PRD –su exitoso aliado electoral– y por los solitarios diputados de Nueva Alianza y Encuentro Social, cuyos diputados ingresaron a los deslumbrantes aposentos mientras priistas y verde ecologistas recibían el humillante portazo.

Los panistas hacen concha cuando les tocan el tema del timón, ya que pretenden permanecer en el trono en toda la Legislatura. Si acaso la bancada perredista puede reclamar la alternancia, pero sus diputados lucen conformes y son muy bien atendidos.

Como opositores, panistas y perredistas han arremetido contra la pieza de museo de la Gran Comisión, señalando que Quintana Roo está anclado en la prehistoria porque son escasas en nuestro país. Tales reclamos fueron ignorados por los petulantes priistas que disfrutaron la miel de ese poder desde 1975 hasta 2005. Pero si bien de 2005 a 2008 los priistas no presidieron la millonaria silla, el gobernador González Canto fue de su partido y autorizó la agenda.

No hay que ser un mago para saber si ahora el apaleado PRI apoya la idea de desaparecer la Gran Comisión, pero darán el viraje en 2019, si acaso la suerte les acompaña.

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