La luz y el túnel

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
www.marcelosalinas.com.mx
@msalinas21

Provocaron una ligera duda las expresiones “Cancún estaría próximo a salir de la epidemia” y “se ve luz al final del túnel”, del subsecretario Hugo López-Gatell, quien el 1 de mayo expuso las tendencias en las cinco zonas prioritarias para el gobierno federal debido al número de casos. Completan el quinteto Ciudad de México, Tijuana, Mazatlán y Villahermosa.

Fue entonces cuando el vocero ante la crisis sanitaria planteó además: de ninguna manera significa relajar las medidas, ni suspender anticipadamente la sana distancia, la interrupción de las actividades no esenciales o las restricciones de reuniones masivas en el espacio público.

De hacerlo, advirtió tajante, habría un repunte de los casos ya “estabilizados”, según el reporte recibido desde Quintana Roo, precisó. En síntesis, lo que pidió es lo mismo desde hace dos meses: quédate en casa. La fecha, que es tentativa, basada en una proyección arrojada por un modelo matemático, es simplemente un escenario.

Nada está escrito respecto del 1 de junio. Responde a la jornada nacional de salud que se fijó al comienzo de la fase 3, aunque desde la segunda quincena de este mes algunos municipios del país podrían recuperar progresivamente la normalidad. El presidente Andrés Manuel López Obrador lo reiteró la semana pasada.

Ajustándose a dicho esquema, autoridades de Quintana Roo, empresarios, hoteleros y turisteros en general, programan el retorno para el lunes 1 de junio. Igual en juzgados y paulatinamente se incorporan instituciones públicas y privadas, como escuelas.

En torno a la idea giran intereses válidos. Cualquier plan de salvataje en un destino turístico debe pasar por una o varias temporadas altas, pero aferrarse a un día y darlo por hecho es arriesgado, pues no se sabe cómo reaccionará la gente en masa.

La sociedad se fue sumando con ciertos titubeos al “quédate en casa”, todavía no todos obedecen las instrucciones, el clima es un factor peligroso por la época y los errores son imponderables.

Vuelvo al punto: Cancún es una zona prioritaria, de riesgo por positivos acumulados, que por estas fechas libra lo peor de la contingencia; por lo mismo, son horas cruciales: o se aplana la curva y baja, o sigue un ascenso caótico.

Cancún puede reivindicarse. Ya sabemos el resultado de no acatar en días vitales, como al inicio de la crisis. Podemos explicarlo, por la vocación, la movilidad y la cadena productiva asociada al turismo. Pero en fin, ya lo conocemos y será mejor salir pronto de ésta.

Llegamos a lo peor

En los hechos, estamos en ese momento que tanto imaginamos al inicio de la pandemia: el ascenso rápido de la curva en la fase 3. Nadie quería llegar, aunque era inevitable. Lo advirtieron con antelación autoridades y especialistas. No hubo engaño.

Sabíamos que dependía en gran medida de las acciones sociales de sana distancia, aislamiento y autocuidado. También de proteger a los grupos de riesgo, y otras compartidas durante las semanas previas. Debimos aprenderlas de memoria.

En Quintana Roo y México en general se miran con incertidumbre e incluso con temor las cifras de positivos y defunciones. Es que las frías estadísticas a veces contienen nombres y apellidos conocidos, lo cual se asimila diferente. Pega más. Se sufre distinto.

A la par, surgen noticias sobre personal médico y recintos de salud que no siempre reconfortan. Hacen lo que se puede en hospitales y clínicas. Lo sabemos. Aquí mismo hemos analizado qué significa esa desdichada expresión en condiciones como la actual: “Se hace lo posible…”.

Está lista la infraestructura hospitalaria, instalados los módulos móviles y llegan más insumos. Los privados se incorporan con espacios y camas gracias a los acuerdos con los gobiernos de los tres niveles. ¿Será suficiente? Es todavía una pregunta abierta. Por supuesto, deseamos que sí.

Pero también constatamos el testimonio de quienes no se rinden, le han ganado al virus, coordinan esfuerzos, suman voluntades, dan lo mejor de sí y no esperan que los gobiernos dispongan para que ellas o ellos actúen en favor de la colectividad. Son líderes natos que aparecen espontáneamente y otros que se crecen ante las adversidades.

Estamos, pues, en esa etapa. Adentrándonos en la fase que no sabemos cuándo terminaría porque los modelos matemáticos, cabe insistir, no calculan el “sentir ciudadano”, el cual ha sido determinante en el proceso, y será definitorio al término.

¿Qué nos queda entonces? Lo mismo de siempre, para quien no ha entendido: higiene, distancia, atención, solidaridad y sentido común. No podemos estar reclamando por la aparente suspensión de los derechos ni menos por la restricción de productos o servicios. No son vitales. La prioridad es salvar vidas, así de simple y dramático a la vez. Ya vendrá la recuperación. No cabe duda.

Siguen días complejos según lo previsto. Mucha fuerza y ánimo para quienes se juegan la vida en el campo de batalla.

Junio, mes clave

A propósito de la recuperación. Como se deslizó al comienzo de la opinión, el sector turístico quintanarroense prepara la reapertura, el tan ansiado regreso, desde el 1 de junio “si las condiciones lo permiten”, ha divulgado el Consejo de Promoción Turística de Quintana Roo (CPTQ), dirigido por Darío Flota Ocampo.

Directivos de hoteles, parques temáticos y aerolíneas, entre otras empresas, conjugan sus estrategias con miras a un verano que sin duda será distinto a los acostumbrados.

El mercado nacional y el principal emisor internacional, Estados Unidos, serán dos de los motores. Durante las últimas semanas en el CPTQ han desarrollado campañas digitales, algunas publicadas y otras en afinación, para el relanzamiento integral.

Además se monitorea a los competidores naturales de la región, como también a los principales generadores de turistas de diferentes zonas, para evaluar permisos, capacidades y condiciones de salud. “Inteligencia turística” para la toma de decisiones acertada.

Los esfuerzos son concatenados, la estrategia general despliega una secuencia, una lógica, una misión compartida. Cada pieza aportada por los actores del ramo encaja o debiera hacerlo. Y aun con toda esa experiencia o los estudios sobre la coyuntura, la pregunta del momento, con todas las dudas razonables, es: ¿Será posible en junio? Hoy, en pleno despunte de la fase 3, cuestionarlo es válido.

Lo que no puede negarse es la voluntad y el deseo por renacer, incluso mejor que antes. El futuro del gran destino no se pone en tela de juicio, sino la fecha, porque el sentir común es que, mientras más pronto y seguro sea, mejor para todos. El rubro representa aproximadamente el 90% de la economía estatal, por lo que la inmensa mayoría vive del turismo, directa o indirectamente.

De esa manera, es positivo y alentador que establezcan una fecha tentativa como parámetro para el reinicio; a partir de ahora, cada minuto cuenta tras ese propósito. Y como el verano históricamente ha sido la mejor época en ocupación y derrama, no es descabellado aprovecharlo como trampolín. Recuperarse es una de las metas.

Deberá hacerse con certeza, precaución y progresivamente. Lo saben. Por lo mismo se revisa cómo empiezan a rehabilitarse todavía lentamente ciertas regiones del mundo, conectadas con el Caribe mexicano debido a inversiones o envío de turistas.

Para algunos pudiera parecer anticipado, aunque en realidad no hay mañana para una industria y una sociedad que ponen allí todas las esperanzas.

Sea en junio o no, el Caribe Mexicano se levantará.

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