La mega escultura, a la que AMLO llama “monumento a la corrupción” será la sede del tercer informe de Carlos Joaquín

AL MARGEN

Por Rubén Vizcaíno A.

Cuando trascendió, como rumor, parecía un mal chiste que alguien pensara siquiera en designar la Mega Escultura como sede del tercer informe de Carlos Joaquín. Pero ahora, que se ha confirmado que el máximo emblema de la corrupción es el elegido,  resulta grosero, soez, indignante y desde luego innecesariamente riesgoso.

Resulta ocioso tratar de identificar al padre, ¿o madre?, de esta idea descabellada. Al aceptarla, Carlos Joaquín se adueñó de ella y asume todos los riesgos y costos políticos que tendrá el que el “monumento a la corrupción” sea la sede oficial del informe de  un gobierno que intenta sostener como premisa la honestidad, la transparencia y el combate a la corrupción.

Desdeñar las instalaciones dignas del Centro de Negocios y Convenciones, para encapricharse en habilitar un sitio no diseñado para un evento semejante, implica un derroche millonario, injustificable en estos tiempos de crisis financiera aceptada, donde el pago de becas a niños y jóvenes de bajos recursos lleva meses de atraso; cuando la obra pública se ha detenido por insuficiencia financiera y cuando los proveedores de bienes y servicios del gobierno imploran por un “abonito” para salir adelante.

Cambiar el aire acondicionado de un sitio construido expresamente para eventos como este, para exponerse a un contratiempo ambiental como puede ser un aguacero o la plaga de moscos tan frecuente en esta época, es francamente irresponsable.

Ni que decir del cambio obligado de instalaciones sanitarias de primera, como las que cuenta el Centro de Convenciones, por letrinas móviles, que es a lo que se verán obligados a recurrir los invitados y las invitadas especiales en el caso de que una necesidad fisiológica apremiante se les presente.

Adicionalmente, como la mega escultura no cuenta con área de estacionamiento suficiente, la logística del informe tiene dispuesto que los invitados acudan a dejar sus vehículos en el Centro de Convenciones, con la anticipación necesaria para ser trasladados en grupo al “monumento a la corrupción”, como llama López Obrador a la Mega Escultura.

Y todo este derroche de millones: ¿para qué? Quizá para distraer la atención, para intentar ocultar con las fuentecitas danzantes los problemas torales como la inseguridad galopante y el caudal de sangre derramada, cuyo dato aterrador de la existencia de los cadáveres de  más de 200 ejecutados sin identificar abarrotan el servicio médico forense y reflejan la magnitud de la tragedia cotidiana.

Los asuntos pendientes, como la atención a la llegada masiva de sargazo, la caída pavorosa de visitantes, la acumulación de fracasos en los procesos legales intentados contra los corruptos del pasado y la negligencia para sancionar a los actuales, serán seguramente soslayados.

El derroche millonario de este evento caprichoso, que manda al carajo la “austeridad republicana” intentará ocultarse o minimizarse con más millones de pesos que se destinarán a “gacetillas”, a información “positiva”, pagada: por supuesto a medios nacionales y locales.

Queda pendiente el análisis puntual del informe, pero esa será tarea a desarrollar en próxima columna.

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