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La muerte de Toribio Cruz

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Novedades Chetumal
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Tardíamente me enteré del fallecimiento de Toribio Cruz González, un escritor que fue atrapado por su vocación definitiva en 1989, cuando comenzó a acudir al taller literario del poeta chetumaleño Javier España Novelo, en las instalaciones del desechado Instituto Quintanarroense de la Cultura (IQC), a un costado de la Zona Militar.

De formación militar, Toribio emprendió desde entonces la edificación de una novela sobre la matanza estudiantil de 1968, en la que participó muy verde pero sin cortar una sola vida. Tal episodio con él como protagonista vale para una narración cumbre, con toda la atmósfera del sangriento suceso que nos marcó como país.

Tuve que confirmar con otros dos amigos la dolorosa noticia, ya que seguí los pasos de este escritor que contó con otra cualidad: su generosidad para derramar su talento, como un apasionado incurable de las letras que estuvo al frente de un taller literario.

Toribio Cruz voló en silencio, tan imperceptible fuera de su círculo de amigos que la despistada burocracia de la Secretaría de Educación y Cultura (SEyC) no se dio por enterada. Y esto es imperdonable, ya que hablamos de un obrero de la palabra que desempeñó su oficio con la pasión más vigorosa, como cascada colosal.

El mejor de los homenajes a este hombre es el fortalecimiento de los talleres literarios, tan eficaces a fines de la década de los 80 y gran parte de los 90. El relanzamiento de estos talleres sería la mejor respuesta institucional a la paciente labor de un tejedor de líneas sorprendentes.

Porque la despistada burocracia de la SEyC no ha comprendido la importancia de estos talleres, impulsados tan diestramente por la arquitecta Adriana de la Cruz Molina, quien tuvo la fortuna de ser titular del IQC en el período del gobernador Miguel Borge Martín.

Entonces un pequeño equipo de obreros se encargaba de todas las funciones culturales, organizando el Festival Internacional de Cultura del Caribe e impulsando proyectos de altura, teniendo como invitados de lujo a escritores tremendos, como Eraclio Zepeda y Emmanuel Carballo.

Toribio Cruz mantuvo viva la llama del creador que brindó a sus alumnos los consejos que tanto se valoran cuando uno incursiona en esta disciplina. Un abrazo interminable para él.

2 comentarios

  1. Tuve el gusto de eser su alumno en la Secundaria Adolfo López Mateos (taller de carpintería), siempre franco, malhablado y leal, nos dejó enseñanzas muy buenas, como ser humano y hombre: luego la llama literaria lo abrazó, es una pena que Liliancita esté mas preocupada porque no se le note la edad en su rostro de cirugías que en, al menos, hacer una guardia de cuerpo presente en su funeral. Triste pero cierto.

  2. no es burocracia despistada. es que son burocratas ignorantes que solo estan en el puesto por que son recomendados. por eso la cultura esta por los suelos y somos la burla en otros estados.

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