¡La rifa del “Tigre” se la lleva el “Toro”!

Uno por Uno | Ángel Ramírez
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Y no, el título de esta columna no sale de una fábula, es la realidad. Resulta que Fernando Valenzuela Anguamea, oriundo de Etchohuaquila, Sonora, uno de los mejores pitcher zurdos en la historia del deporte mexicano, quien lograra sus mejores hazañas deportivas en la década de los 80´s, enfundado en la franela de los Dodgers de los Ángeles, en la Liga Mayor de Béisbol (LMB) de los Estados Unidos, es ahora la cabeza (dueño), por lo menos visible, de un grupo de empresarios que adquirió al equipo de béisbol Tigres de Quintana Roo (Tigres Capitalinos) sin duda 1 de las 2 franquicias más importantes e históricas de la Liga Mexicana de Béisbol. Fernando Valenzuela, supo amasar una buena fortuna en el béisbol de las grandes ligas que le permite hoy en día vivir cómodamente en uno de los mejores condados de California, con privilegios como jugar golf y pasarla junto a su familia, sin mayores necesidades. No obstante ello, la fortuna que hizo el buen “Toro” a lo largo de su brillante trayectoria no le da como para ser participe en la compra y mantenimiento de la franquicia beisbolera más popular de México, mire, comprar a los ex “Tigres Capitalinos” es, haciendo la analogía con el futbol, comprar al América o a las Chivas, eso es mucho en asuntos de dinero, ahora, sabemos que en estos menesteres, por lo menos en México, la valía la tiene por mucho, el futbol, muy por encima del béisbol, el juego de pelota es más económico en todas sus líneas. A dónde voy y dicho en otras palabras, Fernando Valenzuela se convirtió en prestanombres de alguien, hablemos de algún político vigente, con intereses muy particulares, quintanarroense o no, seguramente la osadía le redituara algunas acciones, influencias y mejor sueldo en el club.

Hace unos días, “Record”, uno de los principales diarios deportivos de México, anunciaba la venta que hacía Carlos Peralta, ahora ex dueño de los Tigres, equipo fundado por don Alejo Peralta, a un grupo de inversionistas, encabezados por Fernando Valenzuela, la transacción implicaba vender todo, franquicia, emblema, mascota, arraigo, historia y tradición. Una novena importante, la mejor en el país, le sigue en importancia Diablos de México, su acérrimo rival, a ver si no me meto en problemas con esa afición, simple, a lo largo de su historia casi siempre en playoffs, luchando por el título. Un equipo de estos cuesta mantenerlo, en promedio por temporada, 50 millones de pesos, según Forbes, entre nómina, servicios médicos y gastos del estadio, un estadio que entiendo lo seguirán teniendo en comodato a manos del gobierno estatal. Algo que según el Periódico el Financiero no es equitativo, si hablamos de que apenas, por asistencia, con gradas llenas, se logra recuperar por partido 200 mil pesos, créame que ni juntando los 100 partidos que costa la temporada, se hace rentable.

Las cuentas no salen, es decir el béisbol en México, no es negocio, sin embargo sigue vigente como deporte profesional desde 1925, año en que se fundó la Liga Mexicana de Béisbol. La pregunta es, ¿Por qué el béisbol como empresa sigue, si no es negocio?, bueno, muchos aseguran que esto sucede, en gran medida porque existen todavía, algunos, muy pocos inversionista apasionados del deporte de la pelota o porque casi todos los gobiernos de los estados invierten en sus equipos, aunque no sea redituable en lo económico pero, según los analistas, tal interés se centra en el populismo, es decir, el gobernador en turno argumenta a su gente que invierte fielmente en el deporte, ya que como dijo mi inolvidable Profesor Alberto Noble, “El deporte es vida”, buen argumento para atraer seguidores (proselitismo) aunque el pueblo se muera de hambre.

Ahora bien, hagamos números, hace tres años, en el Financiero, se comentó que la franquicia de los Saraperos de Saltillo, uno de los mejores equipos mexicanos, de mucho menor historial que tigres, costaba 5 millones de dólares y uno de media tabla 3 millones de dólares, más la manutención de la que ya hablamos. Entonces que hace el buen Fernando invirtiendo en un estado dónde no tiene arraigo, ya no digamos en Mérida, dónde estando con los Leones de Yucatán fue descubierto por “Corito” Barona, quién a su vez lo recomendó a Mike Brito, entonces ligado a scout de los Dodgers de los Ángeles, o por lo menos en Sonora, su estado natal, pero Quintana Roo, dónde pocos somos ya los que lo conocemos y vimos jugar.

Ayer en su cuenta de twitter el columnista y experto en deportes, David Faitelson, decía: “Que detrás de la compra de los Tigres estaba Carlos Orvañanos Rea, economista y abogado, uno de los 35 personajes que, según él, formó parte del equipo de transición del gobernador electo Carlos Joaquín González”. Este político panista de formación, fue jefe delegacional en Cuajimalpa, aquel que en predios de esa demarcación, se le caían los edificios por estar en terrenos reblandecidos, pero que cobraba grandes “mochadas”, así lo aseguraban asambleístas de la Ciudad de México, para otorgarles los permisos de construcción.

A su salida de esa demarcación Carlos Orvañanos, se convirtió en empresario cervecero, sí, creo la cerveza Tulúm, “por cierto, amarga y fría”, ya me balconee, ahora dicen, se vende de manera exclusiva en el estadio de fútbol Andrés Quintana Roo, allá en Cancún, y bueno, seguro está será la nueva cerveza oficial de los Tigres de Quintana Roo, José Luis Guillén, es otro de los inversionista nombrados por Faitelson, haga usted sus propias conclusiones.

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