Notas

La transparencia desaparecida

Tiro Libre

Anwar Moguel
Novedades Chetumal
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Un movimiento poco transparente realizado en esta turbulenta etapa final del gobierno de Roberto Borge Angulo desató la polémica, tras aparecer publicado en el Periódico Oficial del estado un Acuerdo que extinguió de golpe a la cuestionada Unidad de Transparencia y Acceso a la Información Pública del Poder Ejecutivo (Utaippe), acción que de inmediato hizo brotar suspicacias sobre la motivación gubernamental para sepultar este organismo.

El acuerdo, decretado en lo oscurito y sin mayor explicación, fue detectado y hecho público por diversos medios de comunicación, que también hicieron eco de los reclamos presentados por ciudadanos, como es el caso de la asociación civil “Somos tus ojos”, de Playa del Carmen, que a raíz de este hecho presentó una acción de inconstitucionalidad contra el gobierno de Roberto Borge Angulo ante el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), hecho documentado por el reportero de esta casa editorial, Daniel Pacheco.

Por la tormenta mediática generada, el gobierno del estado a través de su vocero, Rangel Rosado Ruiz, emitió un desmentido explicando que el Utaippe si desapareció, pero a la vez no, ya que asegura que esta unidad se convertirá en una coordinación dependiente de la Secretaría de la Gestión Pública.

En el comunicado, el vocero gubernamental intenta garantizar el derecho de los ciudadanos quintanarroenses a la información pública, aunque esto, quienes hemos atravesado el periplo de la transparencia, sabemos que está en chino, con o sin Unidad de Transparencia.

Porque la transparencia en Quintana Roo está desaparecida, no de ahora, no por decreto, sino desde su mismo origen.

Intentar conseguir información delicada de las dependencias gubernamentales es casi imposible. Los “garantes” de la transparencia se encargan de poner piedras en el camino, de obstaculizar el proceso hasta cansar al ciudadano, con el afán de que desista. Cuanto más importante sea la información solicitada, más complicaciones enfrentará quien desee acceder a la misma.

Pero lo más grave son las filtraciones que, desde las mismas unidades de vinculación, realizan para evitar el escrutinio de lo que ocurre en la esfera gubernamental.

Me atrevo a afirmar lo anterior, porque en mi trabajo periodístico lo he vivido. Al menos en un par de ocasiones mis solicitudes de información han llegado a manos de los funcionarios que salpica la investigación el mismo día en que se realizó la solicitud, provocando presiones sobre mi persona.

Otras tantas veces, solicitudes de información realizadas a mi nombre, en mi papel de comunicador, han caído en los terrenos pantanosos del sinnúmero de razones para decir NO que las mismas leyes prevén, y ni los perezosos recursos de revisión interpuestos ante el Instituto de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales de Quintana Roo (Idaipqroo) logran esquivar las negativas.

Como muchos comunicadores, he optado por realizar las solicitudes a través de terceros, lo que si bien me ha evitado presiones, tampoco facilita mucho el acceso a la información.

La desaparición del Utaippe no me sorprende ni me indigna, porque en Quintana Roo la transparencia brilla por su ausencia a pesar de los millones de pesos anuales que se derrochan del erario en mantener su simulación.

Que se extinga el Utaippe, y de paso que extingan también al inservible Idaipqroo por no cumplir con su misión de servir al ciudadano, todo lo contrario, ya que sus Consejeros, miembros de la misma mafia política de la entidad, son celosos guardianes de la opacidad.

Para abrir paso a la transparencia estos organismos viciados y alejados de su razón de ser, deben ser arrancados de raíz para ser sustituidos por mecanismos verdaderamente eficientes que permitan el acceso del gran ojo ciudadano al actuar gubernamental. Está por verse si el gobierno entrante cumplirá con este precepto.

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