Los candidatos chapulines, denostaciones, insultos…

AL MARGEN

Por: Rubén Vizcaíno A.

En el proceso electoral vigente se repite la historia del pasado y, de nuevo, aparecen los militantes indignados que insultan a los “chapulines” que arriban a desplazarlos y a sus propios dirigentes, que alientan esa tendencia. Aún cuando no es privativa de ese partido, es en MORENA dónde los ánimos alcanzan niveles de escándalo.

Creo que, como casi siempre, la verdad es relativa y que no faltan elementos para argumentar a favor o en contra del auge de chapulines políticos. Intentaré explicarme.

Olvidan los morenos, que el ejemplo mayor de chapulín lo tienen en su propio patriarca, si, en Andrés Manuel López Obrador, quien surgió del PRI, partido del que fue presidente estatal en su natal Tabasco. Fue, igualmente, militante y tres veces candidato del PRD, la primera que le permitió alcanzar la jefatura de gobierno en la ahora Ciudad de México y las dos restantes en sus fallidos intentos de 2006 y 2012 por la posición que hoy ocupa.

Sin el menor reparo, López Obrador abandonó al PRD para crear su propia franquicia, MORENA, y en el proceso electoral pasado redujo a su ex partido a la condición de pomada, poniéndolo al borde de la extinción, refrendando que, cuando menos en política, la lealtad no es su fuerte.

En lo estatal la situación no es diferente. En el proceso inmediato anterior, los berrinches morenistas, de aquellos que presumen su militancia y lealtad, se desgarraron las vestimentas y arremetieron contra las imposiciones, dijeron, de chapulines, destacando el bien ganado mote de Maribel Villegas y en menor medida de José Luis Pech, por mencionar solo a los más notables.

Bajo la sombra y montados en el Tsunami de López Obrador, esa vilipendiada formula electoral, obtuvo más de 450 mil votos y casi duplicó los votos que le permitieron a Carlos Joaquín gobernar Quintana Roo. Se diluyó  la protesta y no solo eso, ahora la Senadora se presume sin recato y con argumentos sólidos como una muy fuerte aspirante a la gubernatura.

Con esos antecedentes, nacional y estatal, ¿cómo puede esperarse una reconsideración moralista de congruencia y respeto?

A favor de los detractores se debe apuntar que no les falta razón cuando lamentan que su dirigencia argumente la supuesta “rentabilidad Política” de candidatos externos, por su experiencia y conocimiento electoral. ¿cómo demonios se alcanzan esos atributos si se les cierran las oportunidades y se les niegan las candidaturas?, se preguntan.

Envalentonados y encabronados, señalan que todo indica que con solo alcanzar la candidatura, los aspirantes de MORENA tienen asegurado el triunfo, y en son de burla afirman que hasta Roberto Borge ganaría otra elección si lo postula la ola morenista. Por eso crece su molestia, que raya en la indignación.

Hasta aquí mi columna de hoy.

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