Los factores que pegan

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
www.marcelosalinas.com.mx
@msalinas21

Las variables sociales y económicas son determinantes en salud. El salario, la calidad de la vivienda, el estado de salud previo de un paciente, su educación, la cultura preventiva y otras, tienen relación directa con los resultados en la contingencia actual.

Por ejemplo, los especialistas explican lo que sucede en ciertos países, comparándolos con otros, citando factores socioeconómicos; también se refieren a las diferencias en contagios y muertes entre zonas dentro de los mismos países, e incluso cómo impacta en una misma ciudad donde el virus se aprovecha de la situación más vulnerable.

Cuando logra atacar un área donde viven hacinados encuentra potencial de crecimiento y diseminación. Más aún, detalla un jefe médico local -gran conocedor del sistema de salud estatal- en ciudades como Cancún o Playa del Carmen, donde un vasto sector de la llamada “población flotante” vive precariamente para ahorrar o porque no le alcanza el sueldo pagado por empleadores, quienes no siempre les garantizan seguridad social.

Así, quienes están “de paso” pudieran haber sido los más expuestos, si es que no figuran ya entre los enfermos; aunado a ello, la vocación de los destinos y la movilidad sin demasiadas opciones han sido “caldo de cultivo”. Algunos pudieron retornar a sus lugares de origen quizá como portadores, han especulado en redes sociales.

Esas características sociales y económicas condicionan entonces el panorama y posiblemente estén presentes en los pormenores desconocidos de los comunicados técnicos diarios. Lamentable, aunque probable.

No es una visión sesgada ni discriminatoria, sino un análisis que encuentra sustento en los casos de personas conocidas, de cercanos, o que han trascendido, los que se suman a la lista que integran trabajadores de la “primera línea”, periodistas y empleados que siguen laborando por la irresponsabilidad de sus patrones.

Deberá cambiar. En su ensayo presentado el pasado fin de semana, el presidente Andrés Manuel López Obrador plantea acabar: los ciclos de concentración de la riqueza, nuevas espirales de corrupción, crecimiento de la desigualdad, ensanchamiento de los abismos sociales entre las regiones y entre lo urbano y lo rural, y a la postre, los fenómenos de desigualdad, desintegración social, migración, marginación y miseria.

Se lee bien en el papel. Lo propone como nuevo paradigma de la política económica nacional. Es un tema de Estado, no solo de gobierno. Atención.

“Pinceladas” sobre nueva normalidad

El título principal de la entrega anterior fue “La nueva normalidad”, un concepto multicitado en los discursos en México y el extranjero. Ha sido tendencia en redes sociales, un modo infalible de medir lo más comentado. En los medios tradicionales no está al margen.

En este espacio se deslizó la idea de lo que se venía tras esa expresión pronunciada por los portavoces de la Organización Mundial de la Salud, con una incógnita planteada: ¿Se trata de volver a la rutina o es una realidad diferenciada en formación?

Quienes están inmersos en la transición apuntan a grandes cambios, con transformaciones en casi todos los rubros, desde lo personal y familiar, hasta lo comunitario y mundial. Sería el inicio de una etapa que podría tardar años o incluso décadas en consolidarse.

La configuración de esa realidad parte, sin duda, desde lo personal. Según análisis recientes de médicos y psicólogos es urgente (más que antes) reducir el estrés, la ansiedad y la depresión; pero también el tabaquismo, el sobrepeso, la hipertensión y la diabetes, por citar algunos “males del siglo”. La prevención y el autocuidado, son clave.

A nivel colectivo, sugieren expertos, los hábitos de consumo y los estilos de vida “más conscientes” pueden determinar una mejor forma de organización social, o incidir al menos en maneras más aceptables de convivencia, con valores, ética y responsabilidad social como pilares.

Es decir, una salud mental óptima debiera permitir organizarnos eficientemente. Y enfatizan otros: probablemente distantes, sin dejar de ser sociables, por aquello de una sana distancia prolongada o de un aislamiento vuelto costumbre.

Estas son “pinceladas” sobre la nueva normalidad que brindan expertos. En esta fase todos podrían aportar líneas de acción, escribiendo una historia diferente, tal vez no tan ajena a la conocida en principio, aunque no igual como la conocíamos hasta hace unos meses. Lo descubriremos.

En lo anterior persiste una coincidencia general; por eso se habla de reelaborar pautas en movilidad, educación a distancia, teletrabajo, consultas con especialistas de manera remota. Y en turismo, el ramo estratégico para Quintana Roo, motor de su progreso, hablan ya de “modelos” y “paradigmas” en curso con respecto a las próximas formas de viajar, hospedarse o divertirse. Así, nada sería como antes.

Claro está: la nueva normalidad está en formación y aún no es un concepto asimilado.

Morir en la raya

La última vez que se supo de ellas y ellos de manera oficial sumaban 111 –y contando– en el “parte de guerra”. Por desgracia, serán más las víctimas fatales. Los de la “primera línea” son los más expuestos ante el Covid-19 no solamente por su labor inevitable, sino porque algunos carecen de equipo y protección.

En el Año Internacional de la Enfermería se lamenta como nunca que parte de ese personal sea agredido, ignorado y literalmente sacrificado debido a reacciones tardías e ineficaces. Para analistas y expertos queda claro: no estábamos preparados, como aseguraron al inicio.

Ha sido evidente la política centralista y de control desde el gobierno federal sobre los planes generales. Lo ideal hubiese sido tomar la decisión anticipada de adquirir material, comprar equipo y contratar más personal; no conseguirlo de la forma en que se hizo… Era lo ideal, aunque pudo ser peor.

Lo anterior tiene que ver con la calidad de la salud pública. En tales circunstancias la estrategia ha sido atender al mayor número de casos en grandes espacios para garantizar la cobertura, optimizando los equipos de protección; sin embargo, en ello subyace un riesgo natural: mermar la atención personalizada de los enfermos. Quizá tenga relación directa con la cifra de defunciones a nivel país.

Es que la clave del servicio especializado en un hospital, como el “Jesús Kumate” de Cancún por ejemplo, es la personalización; es decir, el detalle en la vigilancia, la monitorización, el tratamiento y los cambios oportunos, explica un especialista consultado.

Imaginemos otro escenario donde, desde el ámbito local, se hubiesen abordado colonias, manzanas, calles y casas en busca de casos sospechosos; test en abundancia; una mejor tecnología en hospitales, y un personal que genere certezas gracias a un respaldo de todo tipo.

Aunado a ello, más ayuda invaluable de más organizaciones no gubernamentales que donan material, y una población resguardada a tiempo, tomando las medidas antes de la fase 3. ¿Mejor, no?

Pese a todo, Quintana Roo logra destacar. Las encuestas temáticas y las autoridades federales exponen el caso estatal como referente: vemos recintos con camas disponibles, nuevos hospitales exclusivos como el Oncológico de Chetumal, y decisiones del gobernador Carlos Joaquín que desafían la inercia de otros, incluidos los de su gabinete.

Cuidado extremo. La urgencia no ha pasado.

La estabilidad política en el Congreso estatal

Todos los gobiernos, y en general las sociedades, aspiran a la estabilidad política, el crecimiento económico y la paz social. Son tres ejes de progreso indiscutibles. Es difícil acercarse a ellos, y más aún sostenerlos en el tiempo; sobre todo con un panorama a cuestas como el actual, cuando las palabras crisis y contingencias se imponen en los discursos de las autoridades, configuran la nueva normalidad y condicionan las expectativas.

¿A qué viene esta reflexión final? A lo que pasa en Quintana Roo, particularmente en el Congreso. Hace unos días, cuatro diputados de Morena abonaron por fin a la primera de estas premisas; es decir, a la estabilidad política, al reconocer nuevamente a Reyna Durán Ovando como su coordinadora. La diputada es la presidenta de la XVI Legislatura, firme en ese cargo por decisión de quienes integran la Junta de Gobierno y Coordinación Política, aunque con intentos de boicot que no han prosperado en su bancada.

Esa estabilidad ayuda a la entidad en un escenario como este, con la peor crisis económica de su historia, con los más de 80 mil empleos perdidos y un cierre incesante de empresas, lo cual impacta desfavorablemente en el ánimo de una sociedad encerrada, con estrés, ansiedad y posiblemente depresión.

Lo enfatizo para mayor claridad: la coordinación eficaz entre poderes y niveles en esta coyuntura tan compleja es requisito indispensable para poder avanzar desde la ley, dentro del sistema y con política pública.

Durán Ovando ha mantenido contacto permanente y comunicación efectiva con los representantes de esos poderes y niveles, y en dicho sentido se consolida un vínculo que da certeza, y que no genera desconfianza como hubiese ocurrido con otro legislador que llegara en tiempos de incertidumbre. Era inaceptable un capricho en tales condiciones, el que evidentemente no funcionó.

Una buena entre tantas que provocan desazón.

Deje un comentario

6 − 2 =