“Mi mayor vicio eran los niños de 12 a 16 años”

Mujeres tejiendo su historia…

Mary Ortega Ruiz                                                                                              

Esta historia está dirigida a los padres de familia que tienen la tarea de cuidar y proteger a sus hijos sin importar que sean ho1mbres o mujeres. Estas personas narran su historia de guerreras. ¿Son víctimas o victimarios?

“Mi nombre no importa; recuerdo que cuando tenía cuatro años dormía con mis dos hermanas mayores en la misma cama y los ruidos me despertaban a media noche, viendo que mi papá le tapaba la boca a mi hermana mayor y me decía: duérmete hijo, estamos jugando; años más tarde me dejaban dormir en la sala, sólo porque me ganaba la pipi, yo creía que por ser hombre no me querían ni mi papá, ni mi mamá.

Así fui creciendo a los 10 años de edad me enteré que mi hermana se fue con un desconocido porque estaba embarazada y mi papá cada noche se pasaba al cuarto de mi hermanita para violarla. Cuando le dije a mi madre, se ofendió y me corrió de la casa. Pero cuando mi hermanita también se huyó con un hombre, mi padre, se buscó una mujer con hijas pequeñas para hacerles lo mismo.

Mi madre murió sola y nunca me enteré si sabía y lo permitía, o nunca se enteró. Me fui a vivir con mi abuela y le conté pero mis hermanas y mi madre lo negaron; incluso el depravado de mi padre dijo que si seguía inventando cosas me internaría en un manicomio.

Yo crecí con cierto rechazo a las mujeres y jamás toqué a una mujer, porque todas las mujeres en mi familia me gritaban, me insultaban y hasta me pegaban; fue en la primaria que descubrí que me gustaban los niños, pero para violarlos; me corrían de las escuelas y ya de 14 me fui a vagar por el mundo.

Claro que terminé mi carrera de enfermero, aunque quería ser doctor, y si de algo puedo estar orgulloso es que mi trabajo siempre lo desempeñé con pulcritud, eficiencia y amabilidad.

Me aburría de todo; entonces aproveché que estaba en varios trabajos para conseguir dinero y estudiar canto, baile, belleza, y psicología.

Conocer a las personas y decirles lo que querían escuchar me abría las puertas que yo quisiera; al principio me empecé a prostituir con casados, luego me fui de travesti en las noches y trabajaba de enfermera en las mañanas.

No lo hacía por dinero, sino por diversión, pero… mi mayor vicio eran los niños de 12 a 16 años, tan lampiños, tan puros; nunca me quedaba con ellos más de tres meses, porque me daba mucho asco cuando ya tenían bellos y no soportaba el olor de piel mayor de 18 años.

En aquel tiempo los enamoraba, además de comprarles cosas y darles dinero por su virginidad; la principal regla era que guardaran el secreto, pues yo parecía gay, me pintaba de rubio mi cabello, me ponía ropa extravagante y todos juraban que era yo la niña. Pero siempre se llevaron la sorpresa. Pocas veces permití que me lo hicieran.

¿Cómo lo lograba?  Pues me hacía amigo de la familia, de las madres sobre todo divorciadas, al ver que yo era gay, las pintaba, las arreglaba, les daba consejos y hasta les cocinaba, pues me pedían que cuide de sus hijos, cuando se iban de viaje, incluso a uno me lo dejaron para que yo lo lleve de viaje para celebrar sus 15 años.

Cuando estuve de teibolera, me dediqué a todo tipo de adicciones pero un día llevé a un hombre alcoholizado a mi cuarto y se cayó de tal manera que murió instantáneamente; me asusté tanto que en ese momento empaqué mis cosas y me cambie de ciudad, y fue cuando inicie mi trabajo de enfermera, me compré mi casa, mi moto, mi carro y me las arreglé para que un líder de sindicato me dé plaza de base.

Mis hermanas luego de regalar al primer hijo de mi padre se buscaron maridos ricos: funcionarios. Claro, eran muy bonitas y borrachas pero si de pobres no me querían, de ricas menos. Tanto ellas, como mi padre siempre me dijeron que era una vergüenza para la familia.

Un día me enojé tanto que les dije que sabía perfectamente lo que les hacía papá desde pequeñas y que por su culpa me corrieron de la casa; dejé de visitarlas porque escondían a sus hijos, cuando yo llegaba.

Me quedé sin familia cuando murió mi abuela; con los años me enamoré de un niño que hice mío desde los 14 años, le pagaba la escuela, y lo traté con mucha delicadeza; sin embargo descubrí que me era infiel, no solo con niños de sus edad, sino con adultos y al cumplir los 16 años lo dejé, pero como no quería quedarse sin mi protección me ofreció a su hermanito de 13 años y sí, inicie una relación con esta criatura; yo siempre los protegí, les preparaba cenas románticas, los bañaba en el jacuzzi, los llevaba de viaje, les compraba todo.

Para mi sorpresa este niño cumplió 17 años y tenía pelo por todo su cuerpo pero no lo podía dejar, me enamoré tanto de él, que me dejaba sin dinero, me exigía cada vez más, incluso la madre llegó a decirme que les arregle la casa porque eran pobres y yo con tal de que no me dejen adopté a la familia. Pero a unos días de sus 18 años sí lo dejé, me dolió mucho, me deprimí, me enfermé de estrés y entendí que con 18 años ya nada es igual.

Se acabó el interés y me fui a un puerto a pasar mi vejez; me siento como la peor persona del mundo, me duele haber sido un fenómeno enfermo, que cautivé y tomé la inocencia de niños de diversas iglesias, de familias que creyeron en mí, pero no me arrepiento porque los hice felices y si no fuera por mí no serían los gays más felices del mundo; algunos lograron terminar sus estudios, otros se quedaron en las adicciones, otros se casaron con una mujer.

Me siento feliz y satisfecho con mi trabajo, porque evité que muchos pacientes mueran por negligencia de las compañeras; mi expediente laboral siempre fue impecable, sabía si iba a morir un paciente, yo lo presentía y les hablaba para que vayan tranquilos. Porque cuando llega el momento nada se puede hacer.

Esta es una de varias historias reales que he logrado recopilar, con nombres falsos para proteger a los personajes, van con la finalidad de un futuro mejor y una verdadera equidad de género. Gracias por el favor de su atención. Envíeme sus comentarios, e historias al correo electrónico.  infinito_1963@yahoo.com.mx

un comentario

  1. Sin duda, una historia como muchas de las que se esconden en vidas paralelas a las nuestras, detrás de cada vida díficil de hombres, mujeres o personas de la CLGBT, siempre habrá historias de vida con causas que han originado la infelicidad de muchas almas.

Deje un comentario

3 × cuatro =