Mujeres tejiendo su propia historia…

“En justicia”

Mary Ortega Ruiz                                                                                                                

“Eres mía, tengo celos hasta del aire, eres mi hermosura” “te adoro mi bebé”… Lo amé tanto que casi le entregué mi alma, pero es un sociópata-psicópata…“Se lo decía a todas”.

“Hasta que en su celular le encontré los mensajes, sí, lo sé, estuvo mal, pero su distancia era mucha, su tiempo para el teléfono mucho y a mí me carcomía la duda y el celo”…

Mi nombre es Verónica y esta es la historia que cambió mi vida.

Me casé joven y enamorada. Tuve dos hijas y si eres mujer y me estás leyendo comprendes que los hijos lentamente te roban la belleza, no me quejo, mis niñas son lo más bello de mi vida, pero era difícil verme al espejo y descubrir que los años estaban sepultando a la mujer loca, atrevida y soñadora que fui alguna vez, cada día más obesa, cada día más alcohólica, cada día más fumadora a pesar de estar embarazada, seguí trabajando de secretaria, conservo el trabajo  y  prácticamente mi madre adoptó a mis hijos, porque yo llegando a casa se la dejaba a la empleada doméstica.

Mi esposo siempre bromeando con mi sobrepeso, sobre todo en las fiestas familiares, me decía “Paquita la del Barrio”, por mi parecido y obesidad, destruyendo mi auto estima y lentamente se convertía en un patán que más de una vez maldije y quería se fuera de mi vida, pero tenía la esperanza de que volviera a ser el hombre del cual me enamoré.

Miles de dietas y clases interrumpidas de zumba, no eran la solución porque me consolaba en el alcohol, la comida, el cigarro y el juego de cartas, endeudándose para comprar ropa, accesorios y hacer que se fijara en mí, pero mi esposo cada vez más lejano y eso te pone entre la espada y la pared.

Él casi nunca estaba con nosotros, a veces llegaba borracho y medio me complacía, pero sin la misma intensidad de antes de quedar obesa, o amaneciendo sólo se conectaba para vaciarse, pero no le preocupaba satisfacerme, yo trataba de atraer su atención, pero para su gusto ya no lograba complacerlo.

Al poco tiempo de casada me enteré que una de las dos amantes que él tenía fue a tomar las fotos de nuestra boda y él seguía con las dos amantes y conmigo a peor aún, nos decía las mismas palabras de amor como: “No puedo vivir sin ti, te necesito, te amo, eres mi hermosura, me encelo hasta del viento” etc. En una ocasión lo descubrí con la que nos tomó fotos en la boda y los agredí y amenacé pero acabé votada en la puerta de mi casa toda alcoholizada y él llegó más tarde y cómo si nada.

Cuando lo enfrenté con pruebas que me engañaba con dos mujeres sólo se enojaba y me decía “estás loca” “cálmate” “sabes que te amo y eres la única que me importa en esta vida”. Me hacía el amor, me llevaba a algún restorán y todo quedaba olvidado.

 Mis amigas me daban los consejos clásicos: “déjalo tu vales más”, pero yo tenía miedo, tanto miedo a la soledad, al rechazo, a batallar sola, pensaba en mis hijas, en su bienestar, mi vida atravesaba un infierno que solo yo podía ver y tenía que resistir, consolándome con la comida, cigarros y alcohol y pidiendo dinero prestado para el casino y compras compulsivas.

Él cambió un poco nos llevaba a comer a restaurantes, a la playa, estaba un poco más de tiempo con nosotras, aunque siempre se quejaba que en el trabajo le cargaban la mano por ser directivo ó buscaba la manera de irse, a veces se llevaba la niña de dos años, incluso la llegó a llevar a la casa de una sus amantes, para que yo no sospechara que seguía con ella.

_Hasta que en su celular le encontré mensajes, sí, lo sé, estuvo mal, pero su distancia era mucha, su tiempo para el teléfono mucho y a mí me carcomía la duda y el celo. Era la tercer amante en turno le escribía cosas obscenas, él le respondía de la misma manera, también encontré fotos de ella, era de buenas formas y mucho más joven que él y yo, esa mujer sacaba esa parte de mi marido que hacía mucho tiempo yo no podía encontrar…

Quise despertarlo, quise gritar, pero era de madrugada, me senté en la mesa fumé una cajetilla de cigarros y preparé un café, tenía que pensar bien lo que haría, primero me sentí furiosa porque él no dejaba de ser infiel, después empecé a culparme porque sentía que yo lo orillé a eso por mi sobrepeso, me fui a dormir, no le dije nada, quería recuperarlo, tenía que regresara a mi lado.

Al día siguiente, le pedí a mi mamá que cuidara a las niñas, preparé una cena, puse incienso, velas y música romántica de un casete que él mismo me editó, me puse un liguero que no me quedaba bien, me arreglé el cabello y lo esperé, necesitaba hacerlo, tenía que seducirlo. Díez de la noche su hora de llegada y no llegó, las velas se acabaron y el casete dio tres vueltas y él no apareció, empezó a darme frío, me puse ropa más cómoda y pasando las cinco de la madrugada; llegó muy ebrio, se burló de mi disco y de mis velas y me llamó loca, “estás enferma”, lo tomé de la mano y me soltó, me desnudé rápido, tenía que enseñarle mi lencería, pero no me miró, se dio la vuelta y se tiró en la cama diciendo: “Mañana”…Me sentí tan mal, tan tonta, tan sucia, me fui de ahí, pero su borrachera era tanta que pronto quedó dormido,  corrí y tomé las llaves de mi auto, me fui al único bar que estaba abierto.

Me sentía destruida, tenía que tomar algo y llorar, había poca gente, pedí una margarita, caminé a la barra y escuché a unos borrachos en la mesa contigua diciendo: “Mira una mamá lucha”, el cantinero me gritó cobro mil la noche y te haré gritar, me dio rabia, caminé de vuelta a mi mesa y comencé a tomar, mis lágrimas escurrían y pensaba: en otros tiempos miles de caballeros rodearían mi mesa ofreciendo una bebida, pero esa noche sólo quedan las ruinas de la mujer que alguna vez fui.

No recuerdo cómo salí de ese bar pero amanecí con un desconocido que dormía a mi lado me vestí y salí corriendo a buscar mi carro y regresé a casa; por fortuna aún no despertaba mi marido y la niñera ya había arreglado a las niñas para la guardería.

Con el tiempo resulté embarazada pero me vi obligada a abortar debido a que mi marido no me tocaba y era resultado de una noche de borrachera.

La cuarta amante fue más allá de mis límites: se paseaba con mi marido en restaurantes y eventos públicos caminaban de la mano y se veían felices; tanto la quería que dejó a las tres amantes que tenía, y no salía de la casa de ella, sin embargo no me dolía la infidelidad sino que nos doblaba la edad; era una mujer madura pero muy bella, esbelta, con hermoso cuerpo de gimnasio, con carro, casas, hijos adultos, viuda y sobre todo enamorada de mi esposo…Esta historia continuará.

Agradezco las historias que he recopilado a través de hombres y mujeres que han decidido romper el silencio y buscar ayuda para librarse de una relación tóxica que ha causado en muchas ocasiones, suicidios, adicciones y sobre todo dolor… Escríbeme en infinito_1963@yahoo.com.mx

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