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Otro elefante

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La manada de elefantes blancos de la capital del estado sigue creciendo en número gracias al interminable flujo de recursos del erario que se emplean sin ton ni son para construir obras que terminan en ruinas o en desuso. El más reciente miembro de este vergonzoso listado, es el Parador Turístico de Calderitas, construido con el propósito de incrementar el número de visitantes pero que nunca cumplió su cometido.

El Parador Turístico de esta comunidad conurbada con Chetumal, construido con una inversión mixta de recursos federales y estatales de cinco millones de pesos, fue inaugurado en 2011 con bombo y platillo, pues se aseguraba que su apertura fortalecería el turismo en el sur y beneficiaría directamente al sector restaurantero de Calderitas.

Pero la obra empezó a mostrar defectos en su construcción casi desde el momento en que fue abierto al público, además de que poco a poco fue quedando en el olvido, pues nunca se le dio mantenimiento, según aseguran empresarios de la zona.

El resultado es que en menos de cuatro años la obra quedó inservible, con daños en la duela de madera y estructurales que requieren intervención urgente. A mediados de 2014 el Parador fue cerrado al público, y desde entonces se espera una inyección de recursos para su rescate, aunque la esperanza se va diluyendo con el paso del tiempo.

El nuevo elefantito de la capital se integró a la manada donde están también el fallido Centro de Educación Climática (hoy habilitado como entrada del Zoológico), el “corredor escultórico” del Bulevar Bahía, BioUniverzoo (zoológico Payo Obispo), y hasta el Centro Internacional de Negocios y Convenciones, que solo ha servido como centro de actos políticos y fiestas, pero no ha albergado ninguna convención de negocios, como se esperaba, por lo que incluso se habilitó como sede de las oficinas de la Secretaría de Turismo.

Lidera la manada de elefantes blancos chetumaleñas la vergonzosa “Megaescultura”, símbolo de la corrupción y el despilfarro de recursos públicos, que actualmente está en proceso de cirugía plástica para convertirse en un nuevo museo de la ciudad.

Es loable el esfuerzo de rescatar ese espacio que por años ha ensuciado el paisaje de la bahía de Chetumal con un armatoste oxidado y sin forma, pero es necesario que el proyecto se concrete con sumo cuidado para que la nueva inversión de 100 millones de pesos no se deposite en un barril sin fondo.

Porque aunque la tela del erario es resistente, no hay que llamar a otro elefante.

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