Reclamos y errores

EN ÓRBITA

Marcelo Salinas
www.marcelosalinas.com.mx
@msalinas21

No se puede ser extremista y condenar o aplaudir a rabiar, según el caso, una acción del gobierno federal relacionada con la pandemia. En las últimas horas ha quedado nuevamente en evidencia la polarización de la sociedad entre simpatizantes de la 4T (o únicamente lopezobradoristas, que no es lo mismo ni es igual), y sus detractores, que parecieran multiplicarse dado el contexto.

Es justo el reclamo de los gobernadores -principalmente del PAN- sobre un nuevo pacto fiscal. Es urgente revisarlo debido a las circunstancias del futuro próximo, sugieren los expertos. Pero no se acota a esa temática: las quejas están relacionadas con el conteo de contagios y otras, desde Quintana Roo hasta Jalisco y Baja California.

Aunque cometen errores quienes exponen esos reclamos, como un reconocido conductor de una televisora nacional cuando invita: “Ya no le hagan caso a López-Gatell”, el subsecretario de Salud, experto en la materia y vocero oficial desde el inicio de la contingencia.

Lo que sucede en redes pudiera ya conocerlo: una carnicería orquestada contra el comunicador que, sin embargo, encuentra una respuesta más irracional de quienes pretenden justificar el irresponsable llamado a millones de televidentes.

También el reclamo sobre insuficientes equipos, insumos y medicamentos, por supuesto que tiene toda validez. Es un asunto vital. No obstante, encargados de áreas hospitalarias desmienten inclusive a rostros de televisión, actores y deportistas, con aceptable dosis de credibilidad, lo cual motiva pensar en una campaña de desinformación, por no decir de terror, dada la coyuntura. El saldo: otra vez la polarización entre defensores a ultranza del régimen y sus críticos.

El país no está para eso. No aguantará. El debate, la confrontación de ideas y la denuncia no deben faltar en esta época, menos con dichas condiciones “de vida o muerte”. Lo que se lamenta es el extravío de la discusión productiva que genera la exhibición de las problemáticas y, por lo tanto, su posible solución. En el fondo, es una culpa compartida entre ambos bandos al dar prioridad a las polémicas que parecieran distractores.

Indudablemente se desvía la atención de lo realmente importante por dar espacio y tiempo a lo accesorio, muchas veces irrelevante y otras veces hasta ridículo. En ambos sectores asoman la cabeza artífices de estos altercados que no pocos califican “prefabricados”. Más que nunca se requiere trabajar en equipo y unidad. Por el país.

Los errores se pagan

“Se hace lo que se puede, con lo que se tiene”. Es una frase común. En esta crisis cobra vigencia porque se hace y se hará solamente lo posible, lo que esté al alcance, ya sea en lo que respecta al control del virus, los apoyos o los planes de recuperación.

En este mes y medio de publicaciones sobre la temática que nos ocupa en este espacio (la primera el 9 de marzo) se ha intentado exponer lo más destacado y lo que está en boga, con base en lo sugerido por especialistas y por quienes toman las decisiones. Todo en el ámbito de lo evidente, lo comprobable, aunque no hemos abordado una variable que pudiera estar presente: el error humano.

Por ejemplo, hemos planteado la necesidad de la organización hospitalaria como requisito para soportar una supuesta curva ascendente sin control. Dicha organización implica la reconversión de áreas, las medicinas a disposición, el personal capacitado y las camas suficientes.

Las autoridades de todos los niveles primero dijeron que estamos preparados, luego se supo que compran insumos en el extranjero y después que depende de la gente, como tirando la bolita. Pero también es verdad que depende de las restricciones que impongan a quienes les compete, o sea a las autoridades.

Si por esa escasa claridad se vuelve un caos lamentable, ¿de quién sería entonces la culpa? En la frase “hacer lo que se puede, con lo que se tiene”, cabe la información actualizada, la capacidad de monitoreo, los estudios realizados, la precisión tecnológica y los recursos de todo tipo. Y visto así, se pudiera cometer una cantidad indeterminada de errores y omisiones, no por dolo, sino por lo que se tiene a disposición, que puede ser poco, insuficiente, impreciso o inexacto, y pudiera explicar las confusiones y las contradicciones del momento ante un fenómeno, que dicho sea de paso, nadie en el mundo ha podido explicar con exactitud.

El error, pocas veces se considera en los análisis y puede estar allí, tan evidente como cualquier otro factor. Los servidores públicos, por supuesto, igual cometen errores, no siempre actúan conscientes, persiguiendo propósitos o respondiendo a una estrategia. Simplemente, pueden equivocarse.

Lo anterior no los exenta de responsabilidad, como tampoco a quienes ignoran las medidas sanitarias más básicas, exponiendo a terceras personas.

Una cadena de errores puede ser más letal que la inacción o la indiferencia. Cuidado con lo que se hace y deja de hacer.

La solidaridad, que no falte

A estas alturas, cuando el ascenso de la curva de la fase 2 crece vertiginosamente por los casos de transmisión comunitaria y estamos a días u horas de entrar en la fase 3 (sin fecha determinada), el llamado a la solidaridad se escucha desde todos los rincones y destinado para distintos protagonistas.

El llamado a ser solidarios se propaga en todos los ámbitos y no solamente en favor de quienes sobreviven en situación de vulnerabilidad, sino también con los trabajadores de la salud, los policías, los de protección civil, los de servicios públicos y de diversas áreas que ayudan a otras personas e intentan mantenernos en cierta normalidad.

Va dirigido a los dirigentes políticos y servidores públicos, que debieran proporcionar esperanza y más oportunidades a los miles de desempleados nuevos por el cierre de tantos hoteles, negocios y comercios, por ejemplo en Quintana Roo, uno de los estados con mayor número de despidos.

No es un momento para el egoísmo ni la soberbia ni la ambición, porque el desafío que enfrentamos es compartido por todos, sin distinciones de ningún tipo. No es momento para probar estrategias electorales ni de dudosas alianzas. Solamente el trabajo en equipo, con una colaboración transversal, puede dar frutos.

En un plano global, tiene eco en los países más ricos, que podrían pensar en reducir o anular las deudas de los que están en desarrollo, o levantar embargos y otras sanciones que mantienen a gobiernos y habitantes bajo condiciones inaceptables. Lo mismo en organismos multilaterales o en representaciones religiosas.

Viene lo más difícil, es la conclusión unánime de quienes fungen como portavoces de la crisis. En México y el mundo ya se revisan las pérdidas de empleo, la carencia alimentaria, la inflación, la privación de productos y servicios, así como la nueva brecha entre ricos y pobres.

Ante todo este panorama desgarrador, la petición a ser solidarios cobra un sentido como nunca antes para quienes tienen la posibilidad de serlo, y se convierte en la esperanza para quienes no ven a los gobiernos haciendo lo suficiente, o a sus líderes religiosos ausentes y desmoralizados.

Según los teóricos, el planeta cambiará: se podría configurar un nuevo orden internacional, la concepción de la naturaleza será otra y probablemente las relaciones humanas serán distintas.

La solidaridad debe consolidarse en todos los campos como un valor humano inquebrantable. Sólo así progresaremos.

Da ejemplos la Zona Maya

Se extenderá la jornada de distanciamiento social hasta el 30 de mayo por recomendación de los científicos con la venia del Consejo de Salubridad General. En resumen, son cuatro recomendaciones de los expertos que impactarán en diversos ámbitos.

La primera es extender el distanciamiento hasta el 30 del próximo mes, aunque algunos municipios podrían salir el 17 de mayo; la segunda, implementar eficazmente sus medidas; la tercera, segmentar la movilidad en el país para evitar que habitantes de zonas con alto nivel de transmisión se trasladen a espacios con bajo nivel, y la cuarta, instrumentar acciones de la fase 1 en zonas de baja transmisión y adelantar la fase 3 donde registran más contagios.

Pongamos atención en la primera considerando la realidad local. Municipios como Lázaro Cárdenas, Felipe Carrillo Puerto o José María Morelos podrían sortear la etapa crítica de la contingencia sin mayores complicaciones. Se mantiene con uno o dos casos desde hace tiempo. Incluso, Bacalar o Puerto Morelos igual, aunque con riesgo por su vocación.

La “zona rural” (zona maya para los quintanarroenses) va mejor en el país. En muchas regiones el pueblo tomó el control social, dispuso cercos, bloquearon accesos y salidas, intervinieron en materia de seguridad e inclusive en política administrativa, en tanto la conciencia social ha permeado desde el inicio. Parte de ello lo constatamos en la entidad.

Lo que vemos en áreas urbanas, ciudades y metrópolis, no lo vemos en dichas regiones, donde la gente se cuida más, se conoce y suele trabajar en equipo, sobre todo ante las adversidades. Son el modelo vivo de participación y solución de problemas compartidos.

Es cierto que políticos y representantes populares han sido indiferentes en otras épocas, aunque en muchos aspectos son referentes en el quehacer comunitario, en la concepción de la naturaleza y otras características que ya se valoran más.

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