Recuento de daños

Pasó en Quintana Roo en el proceso 2016. El resentimiento convertido en factor de identidad atrajo a la democracia plena al Estado. La decisión electoral dejó de ser individual y se convirtió en colectiva para hacer a un lado al arcaico gobierno priista.

Movidos por el gentilicio que corre en las venas en el electorado quintanarroense, con unidad se entregó en contra del agravio sufrido en el pasado, a la queja desatendida, ofensa a la memoria y hartazgo, por ello se impuso la democracia vertida en Carlos Joaquín González en la elección de gobernador.

Con una cantera de votos irrebatibles y con los innecesarios aliados, PAN-PRD, el resentido electorado quintanarroense no dio tregua, la guardó para el momento que fuese necesario, nada de lo que se haga y diga en contra del pueblo quintanarroense se perdonará, así se insistió en afirmar una decisión electoral que destruyó anhelos.

Para los panistas y perredistas, el triunfo de 2016 los llenó de alborozo y pomposamente, con ese equívoco optaron por volver la espalda a los ciudadanos, por lo que algunos otros parecían estar al servicio del mantenimiento del pasado olvidándose del respetable pueblo, Vox Dei, al que se debían como representantes populares.

Fue imperioso en el electorado quintanarroense hacer de la venganza una razón de la existencia en las urnas para desechar en el presente la ofensa del pasado manteniéndola como objeto de rechazar a la gente que no cambia con sus afanes individuales, los que prefirieron mantenerse en el fracaso, ahora derrotados.  

Los militantes de marras, regodeándose del triunfo ajeno, echaron las campanas al vuelo creyéndose los amos de la entidad quintanarroense, cada uno apostándose en su trinchera, no fueron francos ni honestos con la representatividad que el pueblo les confirió.

Los caminos tortuosos y las puertas falsas hicieron que apareciera la ambición personal, sin aguardar engrandecerse atendiendo las prioridades de la ciudadanía para, ipso facto, dar el “saltó” hacia otro cargo de elección popular sin temor a estar con los pies sobre una tierra históricamente combativa… Quintana Roo.

Protagonistas, por cierto líderes estatales del PAN y PRD y 25 diputados pluris y electos tomaron el Congreso del Estado con aliados y leales al espíritu del cambio que los inspiraron para luego actuar cuan conmilitones para repartirse el pastel con las comisiones. Al diputado pluri panista, Eduardo Martínez Arcila, le tocó la presidencia de la Gran Comisión porque se ufanaba ser el ícono triunfador. -Y ahí empezaron en desmedro los 25 diputados de la XV Legislatura del Estado.

Once legisladores, dieron fe del alcance de esa misma infausta pasión de contender por algún cargo de elección popular, el cual fue producto de la derrota sufrida en el pasado proceso 2018 que concluyó en días pasados en Quintana Roo, tierra de oportunidades para allegarse la virtud de ser rechazados por el electorado quintanarroense ofrecido con encono hacia los partidos y candidatos que fallaron.

La derrota es lo que ahora soportan los desheredados del sufragio en el Estado, todo eso junto a la incapacidad para borrar el daño del pasado estrujó el sufragio de los quintanarroenses para otorgárselo al partido que inspiró más confianza. 

Cuando se confunde con la pretensión a toda costa y los protagonistas con historias victoriosas pierden, apelaron a su propia venganza en esta época oscuracomo pretexto que funda la pretensión de la candidatura en BJ que no tocó, verbigracia, el beligerante diputado pluri, Emiliano Ramos Hernández, renegado de la tribu perredista, “tumbó” del caballo al cara pálida “Chanito” Toledo en los tribunales.

En ese punto la objetividad claudicó todo lo callado, y gritó a todo pulmón el diputado Emiliano Ramos, ahora ya volvió a sumergirse en su curul con fuente de odio exponencial. Antes que asumir responsabilidades Ramos se siente víctima porque su drama le da derecho a ser víctima, no victimario al encender hogueras de odio, levantando lanzas de guerra e invocar a los dioses para exigir el degüelle del contrario. Y así seguirá, en lo que le caracteriza, beligerante perredista.

Viene la era y hora del “joaquinismo” 

El resentimiento convertido en factor de identidad, la que deja de ser individual cambia en sed colectiva y mordiente con ansia de reparaciones y separaciones, aún no precisas, los del Frente dejan de estorbar a la hora de la vinculación electoral en el proceso 2019, la entidad pasará por el sendero con luz propia. Una sensación vigorosa, llamativa y no menos aglutinante, bajo la propia identidad. 

La emboscada al líder moral político en el Estado, en la que se apostaron individualidades, expresados y administrados en el tiempo conforme a un plan de ambición personal para brincar de lado a lado, es lo que hace sustentar la participación del “joaquinismo”, con el recién creado partido, Confianza por Quintana Roo, -primera fuerza política originaria del Estado- en las elecciones locales del 2019, por venir, para renovar el Poder Legislativo estatal.

Lo que aviva la esperanza es no mirar tanto tiempo lo lejano, si aquí hay, ya no se ha de oír que los ecos del pasado reboten en los predios propios, que los derrotados de ahora no obtengan como primicia participar para la autodestrucción así como para provocar falta de credibilidad. 

Ese tránsito electoral, por venir en el 2019, exige ser mejor con los propios mil veces “más vale solo que mal acompañados”, reza el adagio popular, porque no faltará quien o quienes presionarán por querer participar en el 2019 creyéndose ser parte del actual régimen. A los que primero habría que preguntarles: -¿Cómo les fue en el nocaut?

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